miércoles

Este no es el escrito que quiero dedicar a mi enorme Inés



Hay veces en que regreso, por accidente, a mi época de estudiante en el bar de Marcial. Hace bien poco volvió a ocurrirme.
En mi época de estudiante en el bar de Marcial, recuerdo, leía libros siglo XX sobre la vida, el hambre, el amor, lo social y los artistas, y escribía en ellos distintas anotaciones que no había vuelto a mirar hasta ese regreso.

Gracias a ese vistazo he visto que una vez me inventé un libro en el que el personaje principal trataba de imaginar a un enorme como Robert Capa después de fotografiar El miliciano poniéndose a dar saltos por aquella pradera demente llena de balas, gritando ¡qué realizado me siento con la foto que me acaba de salir! Y comenzando a entonar a viva voz The Yellow rose of Texas. Al final de mi libro -que era una anotación en un libro sobre la vida, el hambre, el amor, lo social y los artistas- el personaje principal finalmente no se puede imaginar a Robert Capa ni a nadie y cierra el libro tras dejar anotado en su parte de atrás la historia que su personaje termina no imaginando (junto con el resto de cosas que este podría imaginar y que, por suerte o no, no aparecen numeradas en la anotación).
Bien, pues, en los momentos en que cerraba el libro que sostenía entre las manos venía mi amigo a contarme que se le había ocurrido algo, que si podía contármelo. Sí, decía yo. Y me decía, por ejemplo: Había un hombre que, debido a la recepción de unos papeles firmados por una persona muy importante del estado, comprendió que había obtenido la libertad, y se quedó bloqueado y, al no saber qué hacer, desenterró el cadáver de su mamá y se propuso buscar entre esos huesos un útero para meterse dentro. ¿Qué te parece? Decía mirando perdidamente con su pupila tu pupila azul y repetía ¿Qué te parece? Y yo: Bien, bien. Y él decía: Claro ¿Me entiendes? Según él, había cumplido. Y añadía: Un poco animal, a lo mejor tacho cosas.

Entonces, en el bar de Marcial siempre bebíamos White Horses, si whisky y, si no, botellines. Pedíamos y, el otro día, cuando mi regreso, él me dijo que le dijera algo acerca de el amor para escribir una novela; nada de tonterías -dijo- una novela, de verdad. Como las que se beben de un trago, añadió señalando el vaso de White Horses.
Gracias a el amor, dije, me di cuenta, por ejemplo, que no quiero que mi cáscara sea la introducción al calor de una triste vacamula rodeada de una ciudad como Madrid o Hong Kong.
Él, al ser artista, siempre me pregunta, siempre. Y siempre me quiere, siempre, llevar la contraria. Pero sin hacer uso de la coherencia, al ser artista.
Va dibujar una novela dentro de otra novela, dice. Y esta novela hablará sobre la vida, el hambre, el amor, lo social y los artistas. Después de decírmelo, se dispone a pedir en la barra que le pongan un botijo y otro a su amigo, que soy yo.
Yo digo sí a todo. Es la mejor manera de que los artistas se vayan (y con su alegría intacta) -qué menos-.
-Te veo que lees mucho sobre arte- dijo. No -le respondí-, es Lenin Dadá, acabo de empezarlo, te contaré más adelante. Él dice: Eso será estupendo. La novela que voy a dibujar -dice- se llamará El miliciano en homenaje a el gran Robert Capa. Mira, un hombre vivo y muerto, a lo mejor lo dibujo finalmente en homenaje a mí.

Yo, en la mañana, hice un dibujo en reprise sobre una chica sin cuello con una rosa en la boca y rodeada de chismes, algunos de ellos humanos, pensado para mis colegas Ana y Pablo. Al terminarlo fui a arreglarme y, luego, miré donde los jerséis. Buscaba algo que, aparte de hacer bien a mi serranía, abrigara, encontrando en ese azar de armario uno que me dio una niña que tuve hace muchísimo tiempo. Lo cogí y luego lo volví a doblar para colocarlo, de nuevo, donde estaba. Encendí un cigarro pensando en todo lo que le debía a ese amor -a esa niña- (cosas positivas como saber lo importante que es que uno sepa lo mucho que no quiere que su amor sea eso que era en aquel tiempo remoto) cuando, en el instante, me fijé en la hora y supe que era el momento de salir a nuestro bar, a leer un poco, anotar cosas y encontrarme con un amigo, artista, a pesar de todo (huelga del pesar decir que netamente suyo). Aún así, con sus cosas, comprobé que mi amigo seguía siendo una persona muy amable. Después de charlar un rato sobre él con él, volví a mirar la hora y era hoy.
(y no habíamos cenado, Roberto, no sé si lo recuerdas -por mi parte he recordado el jerséi de nuevo, mi amor niña me lo dio para que no pasara frío, yo, mi niño rata-).

No sé...
Me da que otro año más que Marcial nos va a poner un cinco raspao.
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8 comentarios:

Alicia Murillo dijo...

Muy buenas Albertucho... o Bertucho. Sí, tiene usted razón, se portó mal. Usted ha dicho "como un tonto y un idiota". Yo añadiría otros apelativos, esos me suenan a sorna que te cagas. Pero me da gual, paso, le seguiré hablando de usted y ya. Su escritura engancha. Veo que está esto lleno de de enamoradas.
Un saludo cordial, atentamente.
Parva Manara.

ca dijo...

Qué aventurados lances los de la escritura en sí, cuyos caminos llegan a colisionar con uno mismo en un universo que dicen que no es el nuestro. Pero nosotros somos niños vestidos con un camisón diurno ¿no Alberto? Sin embargo por las noches cerramos los ojos y soñamos, y por desgracia soñamos lo que somos: unos adultos que buscan saciar su sed en el bar de Marcial. Un fuerte abrazo… se te echaba de menos.

Alberto M dijo...

Hola Alicia. Bien, añade los que gustes. Ninguna sorna en ello salvo la que me quieras contar.
Un abrazo. Con enorme cariño y gratitud.

Ni idea Conrado, de los lances pero, sí, por lo menos estamos vestidos y, cuando soñamos, no podemos hacerlo de mentira. Ahí has dado en el clavo: bar de Marcial. Anota dónde te queda para, al menos, cuando pueda volver. Abrazos.

Tesa dijo...

La gente da jerseys como abrazos, a veces. O los sentimos como tal, así, lana-refugio.
Me encanta "volví a mirar la hora y era hoy"

Alberto M dijo...

Dijo: Lo vi en la basura y pensé que era total para ti.

Pero claro que abriga.

En fin, :)

Anónimo dijo...

No sé con quiene hablarías pero te juro que me ha parecido queestabas describiendo al carita,se que no será pero me lo parecia,pero esta de lujo

Alberto M dijo...

(¿En serio al Carita? ¿Pobre, no?)

Hablamos. (¿Enrique?)

Alberto M dijo...

Y, por cierto, en justicia: qué enorme.