domingo

Tocado y cundido, por Richard Fariña


Apenas he pasado el prólogo de Thomas Pynchon a la crónica de papagayos -o lo que sean- de Richard Fariña (recientemente publicado por El Aleph bajo el título de Hundido hasta el cielo) para ver que no hay regreso a los héroes en la lectura más allá del santo bebedor de Roth Joseph, que los idiotas hemos perdido el lugar entre la fiebre esquizoniévica de la pasada semana en Madrid y ni siquiera encontramos una pista del asfalto en una página cualquiera del maravilloso “V” (de Valseca).

Los 18 años que pasé estaban caídos hacia arriba gracias ¿? a lecturas de metro en las mañanas, camino de la escuela de artes y oficios, -dijo él- donde los amigos nos prestábamos las grandes aventuras o las cogíamos en la biblio, y estas eran viajes de tarugos hacia ninguna parte. Y siguió sin cursiva: Enormes como Robert Johnson que viajaban en cualquier vagón hasta que este se parase y, mientras hacían acordes, cantaban: No tengo maletaaas en laaa maaanooo. Enormes que huían de la mano de una justicia que era, como siempre, cada una de su pueblo.
Gracias a aquellos héroes que no hacían más que pasar por la existencia (en el oxímoron existencia-vagón de metro) camino del lugar de la amistad, el amor recobraba su estado natural de flor añeja dentro de unas cabecitas que comentaban su sitio en la gran escena entre infancias inventadas donde nuestros padres nos daban trispis como a Courtney Love, encontrábamos mensajes satánicos en god saves the queens, hacíamos dibus de vasos y cuento a la nada en que, a veces, nos sabíamos fuera del bicho que engendrábamos junticos y que era resumido en el aspecto que lleváramos, incluso leyendo en el metro bla bla bla blabla bla bla blabla blá.

No avanzaré el hundimiento este. Thomas Pynchon, en el prólogo, a lo mejor, hasta es Kerouac. De Pynchon sólo tienen una foto de cuando hizo la mili o lo que fuera y, cuando la ve, se ve el gran y pequeño ex-universitario, el grande narrador del bizarro actualísimo en el escritor que hacía carretera de nosotros, los cultitos nenones de metro que no estudiábamos porque bastante teníamos con nuestro protagonismo, estrellato o lo que lepes fuera (y algunos hasta lo seguimos untando en el pan con 47 años) en un erguido cuello de militar bien, afortunadamente suicidado, pero sólo en el videojuego Call of Duty.

Lleno mi biblioteca con pestiños como Hundido hasta el cielo para tapar el hospital que hay tras el mueble. Para que mamá no vea ni las drogas ni las cartas que me llegan desde Urano -y que traduzco para colgar algo lúcido y con sustancia en el blog-.

Franino y yo, en el Xacobeo, veíamos tocar a los cantamañanas de los Rolling mientras tomábamos bacardi-cola en el chiringuito y apostábamos por la canción que venía luego y, si uno ganaba, el otro pagaba la siguiente.
La gente estaba alocada y nosotros haciendo verano como dos Chiavales jóvenes. (Fran hoy tiene 3 -y peligrosos-)
Como había leído el repertorio que habían hecho tres días antes en el periódico local le saqué 1000 duros a Franino y luego nos lo gastamos en metílico y, a la mañana y sin duchar, cogí el tren para llegar a un examen de escultura.

Franino me había prestado una edición antigua del libro de Cassady (de su tío) para el viaje y no llegué a la veinte. Leí en cambio el cómic por entregas “Como un guante de seda forjado en hierro” y, gracias a la resaca, me emocionó. Luego estuve hablando con mi compañero de sitio. Todos eran del concierto. Dije:

-¿Eran los Grateful Dead los que tocaban, no?
- ...
-Ah, bueno, qué más da los Grateful Dead que los Rolling. Yo creía que eran los Grateful Dead y, mira, tan contento.
Nos hicimos colegas.

Hundido hasta el cielo es yo y mi vergüenza juntos, jodén. Y mi vergüenza, mezclada conmigo, es una patata gorda que, sin pelar, se ha tragado una erotómana de cinco años.
En los años aquellos de Céline y metro, la patata bajaba por el esófago y apretaba la nuez haciendo que no hablara -ni yo ni la nuez ni la patata-. Era de agradecer. Qué a gusto ahora cuando coge el niño (la niña erotómana) y se va al baño a sentarse y, de paso, repasar si los poemas de Ferlinguetti, Corso o Ginsberg siguen a bordo del viaje de aquella enorme patata, si “A veces un gran impulso” de Kesey es mucho más que un pisapapeles listo para llevar a la pisci o a la playa.

La playa no existe, como dice Fariña en la primera página de su inocente desencanto:

“¡Sé bienvenido!

Pues para el hogar fue hecho el loco”

Pone en la contraportada que Fariña estuvo casado con la hermana de Joan Baez ¿A que ahora se entienden mejor este par de versos?

Por lo demás, bastante castigo, en Valseca, es leer a Roger Wolfe. No se puede leer Arde Babilonia sin meterse dentro a soplar un poco, a ver si, con suerte, entre los escombros de un incendio que ahí no existe, las letras se mueven algo y el texto mejora (cosuca que sucedería a poco).



En fin, todo esto es mentira. Yo era feliz, niño y bueno y me hacían muchos regalos. Todo lo demás, la tunda y eso, les pasó sólo a los de los libros. Y ahí siguen, buscando su patata en cualquier niño erotómana que se asome a ellos.
He puesto un precinto por si se me ocurre acercarme a las ediciones de bolsillo. Por suerte, sé que el codefferalgan está detrás, junto al haloperidol y las cartas de los extraterrestres.


Fdo: Yo, el mariquita de Richard Fariña comprando mi propio libro después de muerto en la librería Antonio Machado (Marta & Juan forever -pero sobre todo Marta eh, Juan-).


15 comentarios:

hombredebarro dijo...

¿Estuviste casado con mi hermana? Qué cabrón, y yo sin saberlo. Yo me casé con mi hermana y nada me dijo de que nuestra otra hermana anduviese por ahí a tontas y locas, casada.

Tesa dijo...

Se me ha congelado el cerebro este finde, además del coche.
La gente baja con los cepillos de barrer a quitarles de encima la nieve, el mío sigue siendo una pequeña montaña blanca con mi pobre y abandonado coche escondido debajo.

Alberto M dijo...

Los Báez, don Antonio, siempre habéis sido peligrosos. Entre Blowing in the wind y Mucha suerte, han pasado muchas cosas pero, a eso iba, me quedo con Mucha suerte, de aquí a Cincinatti. Y me acaba de venir a la cabeza qué leches hago con el Fariña este habiendo leído, precisamente, tus cuentos. Completamente en serio eh.

En cuanto vaya a visitarte, Tesa, sacamos ambos el de dientes a la calle y nos ponemos con el blanqueante, a recuperar el coche del borrado.

(Menos mal que venís. Entre el atleti y El Fariña me tienen arruinado el dominical)

Tesa dijo...

Los domingos son para el furgol, ya sabes.
Mañana mejor, seguramente.

El hada del Sur dijo...

Alberto,
en la infancia siempre estamos rodeados de heroes que van acompando esa etapa de nuestra vida. Siempre hay un puñado de buenos que libran una batalla interminable contra el mal. Pero ahi se quedan en nuestra infancia.
En el fondo pienso que solo hay unico héroe arquetípico, que nos representa a cada uno de nosotros, mujeres y hombres comunes que no desarrollamos hazañas extraordinarias, pero necesitamos vernos en el espejo de alguien que si las realiza y nos simboliza e identifica con suerte.
Te mando un poco de aire del sur para que elimine el exceso de frio y un abrazo..Matilde

Alberto M dijo...

Sí y, de nuevo, acatarrao (qué bendita es esta gripe) y, suerte, porque voy a estar en la cama mientras escucho a los de la obra de las alcantarillas que, lo mismo, también están acatarrados. Les diré que se metan en la cama, que cabemos T(r)ES -el médico me ha dicho que me aho(rr)e las e(rr)es ahora mismo para no fo(r)za(r) la ga(r)ganta-. Besorrrrs.

Por supuesto estoy completamente de acuerdo contigo, Matilde. El escrito este surgía de los libros, que parece que son el mismo héroe siempre y luego son hasta otro libro, inmortal ¿? y, a veces, hasta senil perdido. Y a este autor le encantaba verse a punto de ser devorado por lobos que luego eran tristes bedeles de la universidad en la que hacía su yupilandia. Pero, aparte de escribir como un mongolo embebido de sí, seguramente no fue un mal tipo y hasta enrollao, como dice Pynchon (este sí é bueno).
Pero señalas bien los tiros, claro. Y el libro, a mí, al menos, na... en fin,
Que otro abrazo, doctora.

Anónimo dijo...

tengo la cabeza seca, pero seca.
lo mejor es haber sido patata y luego moverse por el mundo en donde todo es puro bedelerio.

y ya sabes que lo que antes era patata, cuando se pone burro es supremisimo y ME TR%asCIENDE muchisimo que no trascendente.

besos besos nos tenemos que ver

irene dijo...

Pues eso, me alegro que todo termine bien, los malos rollos los dejamos para los libros, la vida en sí, es maravillosa, ¡mira que soy cursi!, y cínica.
Por un momento me asusté, un pan de 47 años tiene que estar muy duro, no pensé que hubiese tanta crisis, pero eso era también del libro ¿no?, qué lío, ya no sé si es el pan o el que lo unta.
Besitos distendidos, al mal tiempo...

Alberto M dijo...

Claro que nos tenemos que ver, en cuanto tú me mandes. Un beso, secante cabezuela.

jaja, Irene, te entiendo perfectamente.
Al mal tiempo todo se le vuelven caras.
Un abrazo.

Sirena Varada dijo...

A mí las cartas me llegan desde un poco más lejos que Urano, desde Saturno, con la ventaja de que no tengo que traducirlas, y además siempre dicen lo mismo: “Mejor ser ciertos en un blog que fantasmas en mundos imaginarios”

En fin criatura, aunque yo también era feliz niña y buena, te echaba de menos.

Un abracito

Alberto M dijo...

Son sabios en Saturno porque conocen el infierno que es vivir dentro de una historia, a +, rodeada por anillos.

Amiga Sirena, aquí andamos, con muy poca novedad. Pero bien.

Un abrazo.

Las Lentejas, sino te gustan, las dejas. dijo...

Anda, te has cambiado de look!
Mucho más moderno, pq aunq tú no te lo creas, lo eres!
Un beso enorme.
YolaIDA

Alberto M dijo...

Y me he pintado una crucecita de nieve en las blancas sienes, mon amour.

irene dijo...

¿Qué es esto?, me he equivocado, no, es tu blog, pero lo has cambiado, a mí me gustaría, renovarse o morir, pero no tengo ni idea de cómo hacerlo, seguro que si lo intento me quedo sin ninguno, me cargo el que tengo, que dicho sea de paso, tampoco sería ningún crimen.
Ya que estoy aquí, te dejo más besitos, Bertito.

Alberto M dijo...

Nada, Irene. Anímate. Es una tardedomingo trasteando en las opciones. Echar el rato. El resultado casi al azar.
Un besito.