miércoles

Matrimonio Arnolfini Reloaded (a poca correciona)


3. Estaba cerca de ver la luz mientras él apenas llegaba a tomar el pulso de madre y ordenaba el acto. Son esos instantes, cuando procede a ingerir el gran desecho, en los que ella delega la postura al suelo con la certeza que una virgen, ante la pasión del hijo, la levanta en aras del diluvio aquel que nos esperaba a los que no habíamos nacido aún. El matrimonio no se parece a nada que sepamos hasta que viene. Nacía hacia la ventana, la duda más primera que la duda y siquiera el perfil de un horizonte sino el de la de la propia ventana puesta ahí para la foto. Nada supimos de aquello hasta el día que se nos hicieron óleos, con nosotros en un pulso y ya tentados a explotar en una atmósfera de la que comer, si acaso, clima y también una madre que, en fatiga, espera con la paciencia con que otras bordan atavíos para dar fe del suceso años después de que aún hayamos muerto, dejando la tentación en un museo, y la belleza que nos quedará mañana cuando, quizá, salgamos a la luz o el cuadro quede roto en mil pedazos.

1. La lámpara apagada a la plenitud del sol, como los mirones dentro, y tan solo el traje negro de aquel que toma casi el pulso y señala la napia que apuñalará el preñal, cuyo rostro brilla del lado de una ventana que no deja de ser un flash en un pasaje, y otro que queda a la confusión de un sombrero del que sacar, no ya alguna paloma, sino un perro fiel, servil y tieso a aguardar la mirada que se encuentra un rato más tarde con nosotros en cualquier cafetería del centro, y que hoy salió para quedarse quietito, junto a los patucos blancos esparcidos sobre tablas de madera en las cuales se podría pintar de nuevo el óleo.

4. El espejo es otro mirón que, convexo, muestra el paso de los chicos por la escena. Una burbuja rodeada, a la que contemplan estaciones (10) -donde pararse, por qué no, a contarle una historia conocida a un niño de cero años-, y en su lugar de arriba, el nombre, y la figura, hecha para un fondo y diluida hacia el mismo color de la cama y, en posición, uno de esos testigos que bien valen para una entrada de año que para firmar un duelo. Como si fuera esa persona, un museo, que lo es, o un mausoleo (que también) pero en historia de historia, que siempre es una sola broma cobijando el plural de todas las otras.

2. La desternura con la que mira el guiso quien, de reojo, concibe en ello la madrita que, a su vez, se sabe afuera del cocido, hecha apenas levedad y el riego de su tiesto (pues ninguna virgen de después tiende así la mano, ni mira con nada o piedad la tripa sin hinchar del macho). La muestra que concede adiós (el único) a lo que probará una meta,
como si un amanecer contuviera posibilidad para la culpa.
Y una mandarina en el alféizar, pequeño sol que espera ser pelado mientras se contempla el otro; sin más, para entrenarse.

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8 comentarios:

El hada del Sur dijo...

Detalles curiosos de famoso cuadro de Jan Van Eyck describes perfectamente en tu texto. Siempre he pensado que cuando se mira una fotografia o en este caso un cuadro deja deslumbrar un instante de nuestra historia personal. Los momentos importantes quedan guardados en esa fotos que hacemos y que al transcurrir el tiempo recordamos. Un abrazo guapo. Matilde

Alberto M dijo...

Aparece toda la persona, Matilde, y la historia que señalas crea, con la sustancia de uno, otra, que es paralela. Cuando se encuentran, se dan un beso o se matan. Da lo mismo.

Un abrazo, amor sureño.

Tesa dijo...

Qué bien pintados, los pliegues de las telas, seguro que se aprecia la textura. Qué mono el grifón de Bruselas y qué maravilloso vientre hinchado, prometedor de vida.
Y qué bien lo has repintado tú, luego, con palabras.
Bss

Alberto M dijo...

Y el perro alerta, esperando que caiga para darle diente -a la tela-.
Gratiass T.

Sirena Varada dijo...

Aclarado el misterio del sombrero: era la caseta de Trasgu.
Siempre me gustó el cuadro y nada el matrimonio (Arnoldfini se entiende), pero lo que me fascina es la burbuja, perdón: el espejo. En él se encierra toda (la poca o mucha) verdad del cuadro.

Criatura, me ha entusiasmado que escribas sobre arte
¿Puedo felicit arte?


Un abrazo

Alberto M dijo...

Sí venga, Sirena. Felicítame un poco.
Otro día meto una de historia del cine.
(si al final me pervertís, ya verás)

Un abrazo.

Bellaluna dijo...

¡Como se entere Rouco! ¡Ella está absolutamente embarazada! Y la borla que cuelga de la cama habla de fertilidad... qué decir. Este cuadro nunca me gustó nada. Qué aspecto, ambos. Y el misterio de espejo convexo: se ve la escena inversa, y al fondo de ellos vemos al pintor haciéndoselo con la criada de los casados...

Alberto M dijo...

Bellaluna, vamos a tener que empezar a chivarnos a los cardenales.
Y tienes razón, vaya aspecto el de ambos. Menudas cetrinas jetas de mongolos.
(Lo de la criada no me había coscao).
Un beso.

Acabé muy de noche y muy en discos de pueblo, hablando con el protagonista del matrimonio y sólo quería enseñarme filosofía de ahora (Echo de menos los números y el ibuprofeno), ojalá hubieras estado tú. Faltaba alegría y hasta violencia.