jueves

Fraternité


Hace poco me alegró mucho volver a tener noticias de Jesús y de Fernando, gracias al LSC blog. Pensé que, juntos, formaríamos el mismo chavaluco que se echaría la cartera a la espalda llena de aquellos libros donde dibujábamos mujeres desnudas y soldados y los ídolos de la NBA, recorriendo las aulas de 1º, 2º, 4º o 7º.
Nuestras vidas, después de tanto, están llenas de otros montones de cosas muy diferentes, claro, pero compartir con ellos, a poco, los apellidos de los compañeros en una lista declamada por don Teodoro el chorras u Hortensia huevos de plomo, ha sido muy agradable. Cuando paso por el barrio no veo lo que sucede. Sé que soy un niño y me gustaría que volvieran a estar ellos para dar unas patadas en el parque.

Nuestros profes eran arquitectos y chamanes de Peñarubias de Abajo. Nadie podía saber si eran del barrio o vivían en los oscuros sótanos del colegio -sin linternas porque la luz salía de sus ojos-, durmiendo en camas hechas de niño, haciendo el amor con ácaros a los que hubieran salivado para que crecieran, los pobres.
Cuando me pregunto si tengo un pasado, es de lo que me acuerdo. Lo que me imagino.


Aunque en los informes ponga que tengo treintauno años, sé que no es cierto. Que, una vez, estando en la cama de mi habitación -la del barrio- sentado, noté una irritación en la garganta y metí la mano por la boca hasta atinar y sacar una mosca. Me llamó la atención que, salvo las alas, el resto estuviera intacto. La coloqué en la mesilla y le dije que me hablase. Pero era una mosca normal y típica y no lo hizo. Intentó volar y se cayó y, cuando me aburrí, la pisé como si fuera un vulgar insecto.
Desde entonces, no he crecido más que dos dedos y, cuando dejo de comer, los pierdo y me tengo que sentar y pensar mucho en ellos para que vuelvan a aparecer, aparte de tomar algunas vitaminas, por supuesto, zumos de naranja con zanahoria, limones y una manzana.


Toni es algo mayor que yo y fue a la otra sede del colegio. Es el dueño del bar al que voy cuando estoy aquí. Ayer estuvimos hablando y tomé cerveza y dos whiskis y, cuando él estaba ocupado, miré a una niña a la que se le habían caído los ojos en el vestido. Me pregunté cómo haría para ver, pero no la dije nada porque parecía nerviosa y también yo me ponía nervioso de pensar cómo habría de colocar las palabras en una misma frase para que su sentido fuera menos explícito sin olvidarme de hacerle llegar mi interés en que sus ojos no estaban metidos en su cara.
Pensé que podría robar uno de ellos simulando que iba al baño, acercándome a su grupo y, con astucia, echar la mano y guardarlo en el bolsillo rápido y sin nervios para ver, hoy, de qué estaba hecho. Si veía.
Hacerme, ej, un collar con él e ir a la tienda de los siniestros del megacine moderrno a lucirlo. Decirles que su siniestro es un niño de once años que era yo y que hoy vive en un ojo que me encontré en el vestido de mamá. Mira, lo llevo en el cuello para acordarme siempre. Hay que testar el globo con atención y cuidado para notar cómo va gestando y se mueve, cómo sólo tiene una cabeza llena de cromos y un álbum en la manita izquierda.
Mira: Atado como un rehén. ¿Ves, siniestro, amor? yo soy underground. Molo.

Volver luego a la distoqueca y hablar de canciones con la funcionaria rubia que vivía en López de Hoyos, decirla que me duermo en una mosca que no sabe volar mientras ella mira el bolso y se va al baño y, cuando vuelve, no hay los ojos (como si me hubiera perdido en un pequeño detalle de ellos) que había estado viendo, pero en la otra niña, querube y limpia, la que llevaba vestido. Era un vestido marrón-caqui, normal, típico, con dos ojos, igual que el barrio, igual que Valseca, igual que el profesorado, el amor el enero el frío la crisma los guepardos y caballos percherones... pero luego está que tú te mereces muchísimo más. Siempre. Es normal.
No pienses en mí. Está bien.

Esta noche he notado, de nuevo, la garganta irritada y he vuelto a meter los dedos hasta sacar al intruso. Pero ni siquiera eras tú. Sólo era otra mosca normal, típica, vestida de donde procedía, y recién despertada.
Tenía que contártelo. Porque si no el niño me zumba.

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24 comentarios:

ca dijo...

Delirante como siempre, con unas imágenes sorprendentes. ¿has pensado alguna vez hacer un vestido de ojos? seguro le robas clientela a Ruiz de la Prada.
Un abrazo

Tesa dijo...

A mí, de la garganta, no se me saca ni una queja.
Ayer me empastaron dos muelas del tirón y ...ay, qué rato más malo.
Padecí la tortura como buena sufridora, porque la dentista y su ayudante eran bien simpáticas. Creo que hacen un cursillo a final de carrera al respecto para compensar.
Un vestido de dientes sería de lo más grimoso, por eso ando recuperando los míos, no sea que decidieran pocharse y caerse dentro de poco.

Bellaluna dijo...

Tal vez sacas moscas, pero casi seguro que son palabras que han quedado por salir las que te producen la irritación.

Hay dos razones: que se queden acomodadas a algún rincón desconocido de la laringe, por cariño a tí, o que en un último impulso por ser no lleguen al acto de oirse y se trastoquen en lo que llamas moscas: las palabras tienen alas y un pequeño cuerpo oscuro, que es la culpa que entrañan, sean leves o gruesas. Siempre atenazan las palabras.

Beso, y hazte ver esa ligera irritación.

El hada del Sur dijo...

Creemos a veces que cualquier tiempo pasado es mejor que nuestro presente. El presente siempre es parte y resultado de lo que hemos vivido en nuestro pasado. Lo que aprendimo, lo que experimentamos que es justo y necesario lo que nos ayuda a ser lo que somos. Alberto estabas perdidillo. Me alegra de nuevo leerte. Un abrazo guapo. Matilde

El hada del Sur dijo...

Creemos a veces que cualquier tiempo pasado es mejor que nuestro presente. El presente siempre es parte y resultado de lo que hemos vivido en nuestro pasado. Lo que aprendimo, lo que experimentamos que es justo y necesario lo que nos ayuda a ser lo que somos. Alberto estabas perdidillo. Me alegra de nuevo leerte. Un abrazo guapo. Matilde

Alberto M dijo...

Muchas gracias Conrado. Me suena de alguna peli un traje con ojos. A lo mejor de los Monty Phyton ¿Puede ser?

Los dentistas Tesa pasa. La última vez que fui se le piró la anestesia a la señora -también maja, pero, leche...-
Nada, lo mejor sería sacarse todos los nervios uno en casa de pequeñito, tía. Un abrazo y cuídate esas cosas, que menudo rollo.

BL, casi siempre me flipo con los matices que se te ocurren. Pues sí, son así -las palabras- qué leñe. Y sí, -ja, ja- me lo haré mirar (buscaré un especialista ahora mismito) Un beso.

Estoy de acuerdo, Matilde. Pero no estaba perdidillo eh. Por aquí seguimos.
Y os leo -lo digo en intimidatorio-
Besocos muchos.

Sirena Varada dijo...

La gran tragedia de la vida es que cuando uno ha sido niño siempre termina sintiendo la añoranza del regreso. Y el regreso no es posible o, cuanto menos, es peligroso. Las fronteras de la infancia las traza el idealismo y el sueño, pero no importa. Aún la experiencia no había pervertido y nos adentrábamos en la vida como esponjas desnudas, como una sonrisa sin secreteo, como una mirada sin bifurcaciones.
En la infancia las palabras no se las lleva el viento: son viento. Y el viento envuelve la vida con su manto sincero. Y el instinto nunca necesitó ser libre porque siempre fue instinto. Y la tristeza la robábamos con una sonrisa.

Sí, todos queremos voler a ser niños... menos los niños. Porque ellos aún no han sido corrompidos por la espiral del tiempo. Porque son eternos.
¿a que sí Criatura?

Un abracito

unaquenosabescribirylosabe... dijo...

Y a mi que me parece que de niños nunca saldremos, aunque muchos quisieramos negarlo-
"este viaje es un ir y venir al mismo tiempo" entre un lapso de tiempo tan corto, que cuando quieres darte cuenta, habremos vuelto a gatear de nuevo.
Pero en el corazón, la memoria guarda la sencillez de los niños que siempre, por siempre seremos.
Bueno, eso es unicamente mi razonamiento, aunque debe quien me lee ser absolutamente prudente, pues vengo cumpliendo, desde hace unos cuantos años, mas ó menos, nada mas y nada menos que ciento trece años...
Un saludillo y un besito desparasitado
meimE

Alberto M dijo...

Y pero que muy guapos además, Sirena, somos. Abrazotes sexis.

A lo mejor un día, Meim, podemos ponernos a gatear juntos; que yo voy camino eh. Besos nucleares.

Anónimo dijo...

QUE NO TE ENGAÑEN LOS INFORMES
NO TIENES TREINTAIUN AÑOS

( LA QUE LE PERO NUNCA ESCRIBE)

Alberto M dijo...

Hecho lectora!
(la que le lee, no?)
un beso.

El desvan sobre las nubes, de meim dijo...

Já, Al, ya quisiera yo verlo,
esa carrera "gateando" entre ambos ó otros mas incluso añadidos a esta folia de ultimo siglo... No es por nada, chiquitín, pero seguro, que incluso y ademas de lo torpe que soy, te gano la compet.gates sin un solo respiro!!
¿que apostamos?
B-sitos livianitos como alas de colibri volandoooooo.
meim (enanita con mucho garbo)

Alberto M dijo...

Seguro que me ganas, Meim.

Anónimo dijo...

Gran blog, joven jedi
Abrazos
M

Alberto M dijo...

Pues me alegra su mensaje, viejo profesor. Porque, en cambio, España está muy mal. Hoy me he dado cuenta mientras esperaba un taxi. Qué mal qué mal, España y todos los demás.
Y me he acordado de usted hoy precisamente, eh. Joe.
Voy a hacer por ver si, en uno de sus respiros, coincidimos y le cuento.

Bellaluna dijo...

Esta noche pasada soñé que unas cobayas me comían los piés. Desasosiego. No nme salían las palabras de la garganta.

Alberto M dijo...

Palabras como esputos, Bellaluna, que hay que echar para regreso a este organismo, que es, al menos (y caray), razón de ser.

Bellaluna dijo...

Somos lo que hay alrededor de nuestros huesos: miseria. Y los huesos vienen de prestado. Sólo nos queda la palabra. Y gracias por las tuyas...

Anónimo dijo...

Estoy haciendo chocolate para mi troupe y unos envueltos de mermelada que me salen muy ricos. Y leyendolo a usted que me inspira.

HdB

Sólo digo una cosa dijo...

Observo un viraje de Lynch a Burton, no sé si puede ser…

Saludos,

SDUC

Alberto M dijo...

A ti, Bellaluna, por favor. Pero ¿Por qué miseria? Sí, pero somos los únicos médicos de nosotros. Es verdad que me gustaría mucho llevarme mejor con mi farmacéutica. Pero no cede, pues no pasa nada y, luego, sin la maquinaria, no nos vamos a acordar, así que está bien. Usted, debido a su perspicacia, es muy suspicaz, pero sólo puede ser maravilloso el partido que hace de ello. No puede ser otra cosa. Como mucho lo puede parecer.

Ya le leo, HdB, que lleva una caña buena. Yo ando vago de escribir. Pero luego se me pasa y empiezo a colgar. Yo creo que estas cosas van según el amor y la cocina, así que, opino, lo del choco con la troupe, inmejorable (a ello), y gracias la parte que me toca.

SDUC, si no me lo dice no caigo, pero tiene toda la razón. Claro que es. Y me gusta que me avise. Un saludo y muchas gracias.

Mita dijo...

Qué alucine.
Me siento de pronto tan simple como una cáscara de manzana.
Bss

Un mensaje dijo...

Fórmula magistal

Pasando del claro al oscuro, de la nitidez a lo abstruso, me pierdo en sus descriptivos nudos, aunque al final venga el niño y me rescate. Y es que niño le quiero porque de su inocencia me pirro.

¿Por qué entonces dice que le gustaría llevarse mejor con su farmacéutica si mejor ya es y en cada encuentro mejora?

En mí fue la suspicacia la que me hizo perspicaz, pero ese detalle sobra, pues como bien apunta sólo puede ser maravilloso el partido que se hace de ello.

Y nada más, tan sólo desearle buen apetito para las letras que nos tiene a bien regalar y que siento tal vez nos demora...

Suya afectísima,
La Farmacéutica.

Alberto M dijo...

Hola Mita, encantado de que vengas a dar una vuelta. Y no te sientas de esa manera ¿Para qué?

Farmacéutica querida, es que tengo la inercia de querer curarme un poco aunque me encuentre tan sujeto como la planta de una botella llena de veneno,
a gusto de la conversación, y sí, a ver si escribo.
:)