martes

NO FRUTO



Mi madre me dice por teléfono que estoy de enhorabuena porque ha visto en mi blog que Ignacio Medina, que es doctorado en Teoría cultural por la universidad de Manchester, es seguidor de La semejante criatura.
Le he dicho que como decían los punkis, que las cosas son así. Que me pasa como a Lucía Etxebarría. Que en Manchester, donde sigue dando clases el honorable Terry Eagleton, me leen y soy toda una referencia, mientras aquí, en cambio, en España, una mierda de la vaca. Nada, un incomprendido.

Mi editor fue a la gitana de la bola del parque de atracciones, echó un euro y preguntó por mi libro. El papelito le dijo: Deja hacer a la vida. (Y un 906 debajo por si quiere más información).
Es muy cierto que ese papelito contiene mucha más literatura que la que pueda contener mi libro, eso no lo voy a discutir, pero... Nada, que la máquina del parque de atracciones, veo, tiene más posibilidades de publicar que yo. (¿Te imaginas a mi editor esperando que salga el papelito y teniendo la gran idea, es decir "yo me cojo a esta y mis autores... (jijiji)", frotándose las manos ahí, qué vergüenza, mientras ya va apareciendo por la ranura el mensaje, poco a poco, y el mecanismo de la boca de la gitana se abre y se cierra y él oye los sonidos del espacio exterior? Igualito que en Valseca cuando llevamos el ford sierra, jo, perdona ma, que es que a mí me hacen gracia, joe, estas cosas... mira en la foto a mi alma gemela, manifestándose el tío, con un par -o, espera, que no estoy seguro de si es mi editor, no sé si quitarla, lo raro es que haya escrito "libre" con b de bacío-).

Si es que, madre, es lo que hay. Después de decirlo Lucía Etxebarría lo dijo Leopoldo Mª Panero que, como lee tantas revistas en los parques, la copió, que si en París tal o pascual y que aquí, nada, un puto gitano. Así lo ponía en la entrevista: un puto gitano.
A mí me encanta España, madre. Y también Lucía Etxebarría, aunque me gusta más Espido Freire...

...El amor, madre, ya sabes. España, la literatura, el vino, el barrio, Galdós, Valle, el Solitario... a ti qué te voy a contar.
Otro año más sin ver el mar. Hale.


(...) -este paréntesis es porque nos hemos puesto hablar de lo típico, que si he encontrado pan en la basura o jamón de york o juguetes para los bautizos, que si les he echado veneno a los gatos de los vecinos... esas cosas-


Final:
¿Ves? Tenían razón los punkis, madre. Voy a empezar a echarme cerveza en el pelo y graparme las narices y las cejas. Me leen en Manchester, mamá -y eso por no hablar de La Haya- ¿Puedo llamarte mamá? Gracias madre. En cambio aquí...
Mañana al médico no tengo ganas eh, que voy a comer por ahí con mi amiga María José y todos y a tomar chatos. Un beso.

domingo

Sangre compartida -transfusiones filoñóficas-


Sentado en domingo, frente al televisor, Eros y Tanathos son un mismo penalti repetido.
La manera de entender die sentimentalität por parte de la abeja deja hueco a la barbarie amiga de Erzsébet Báthory, y, también hay que tener en cuenta que los asesinos son personas entre los dedos de mi hermano, que siempre dibuja a monstruos. Se ha convertido en un aparato que va de su boca a su oído y, cada vez que puede, me habla hablándoles a ellos, mientras espera que la cicuta dé algo de orden a su organismo, sostiene. Es una cuestión de atender la dosis, dice, y continúa hablando de las abejas, de Erzsébet Báthory y del fútbol. Me pregunta qué sugerirían estos ambientes por separado, excluidos de las componendas que me hacen reconocerlos. Me dice que juntos crean una imagen de la fraternidad que no recurre a la trasgresión para ser reconocida por cualquier niño, se llame Eros o Juan o Moncho o Claus o Lucas, reconozca o no su edad aún, aunque puede ser que no haya nacido; se ríe por lo bajo. Al fin y al cabo, señala, cambiando de tema ¿qué puede caber de malo en lo convencional? La exaltación siempre anda en busca de enfermos, concluye. Y, tras un minuto, añade: el enfermo siempre anda en busca del enfermo que en él cabe. Por eso es un enfermo, ríe, porque no cambia el chip. Por eso es parte de la misma historia y la misma historia se asume en él; es tradición que los elementos distraigan la tradición mientras la hacen. Y... ríe: si pudiera, el uno o el dos, compraría quejas sólo para poder contarlas.
Es como procurar bocanadas de aire fresco, dice. Y ríe: Es el mismo aire viciado que ha salido de otras bocas.
Tanathos es, por ejemplo, un biberón, dice, y Eros chupa porque no sabe hacer otra cosa. La Erzsébet esta, al lado, sólo es una ex noble y, su nombre, debido a la prohibición, es sólo una historia, que es lo que todos los nombres aspiran a ser, pero sólo pueden serlo juntos, en plan batiburrillo, y su manera de solucionarse es la disgregación, que es una no existencia aceptable y llena de común sentido propio de lo que implica la comunidad, es decir, solución, aceptación y medicinas: B de bien. Como decía Pascal “Nada puede lo finito entre los dos infinitos que le rodean y le huyen”, imagina que somos nosotros superiores en número, aquí estamos hablando de la guerra, pero no entre tú y yo, por ejemplo, o ellos y nosotros o mejores y peores; si abres la nevera, vas y lo ves, que nos tiene dominados, a sus más cómodas anchas. Y hoy, por poner como ejemplo nuestra idea de que estamos aquí, no hay fútbol. Bueno... ¿Qué se te ocurre?
Nada, no se me ocurre nada pero, sin embargo, le digo que siga con sus cosas ¿No está todo eso muy superado? Superado en general ¿No?
¿Por qué? No. Son partículas. Está más de actualidad que nunca en el sentido actual de nuestros antes y despueses. Mira si no el grado en que se suceden nuestras discusiones, las que vemos por la calle y en las que, a veces, participamos. Formamos un redil idéntico de abejas culturales que el situado en el segundo piso, por eso no se estudian esas cosas más que si uno es tonto; quiero decir, imagínate que estamos en el primero o en el tercero. Si nos confunden no es porque nos parezcamos ni porque seamos confusos, -confundirnos no a nosotros, te diré, sino a cada persona a nivel global-, es porque... Te preguntarás por qué, me dice y le digo que no, que no me lo pregunto. Perdón, añado. Él espera un rato y me dice que una mosca es cartesiana en historia y pascaliana en poema, pero que eso es sólo mientras está volando. Que cuando se posa, en cambio, poco menos sentido tiene que una mesilla para enfermos sin enfermos.

Los futuristas, a quienes era deguste frecuentar compañías aseveradas de entre las cuales algunas, en ocasiones, veían ratones en los ojos de las personas, asimilaban su quehacer en las alas de una de ellas, moscas sin fin majaretas. El resto de vanguardias artísticas no es mucho más. Hoy en día lo más natural de una casa es un embrollo de cables, dice, junto a un ordenador (las plantas -matiza- hay que regarlas).
Se ríe y me da una colleja cariñosa. Que una colmena es una bomba de bien, hombre; me dice. Pero que sólo necesitamos tranquilizarnos, como hace el demonio, dice y se calla. Y luego dice: Si el demonio se come una abeja, la caga entera y esta sigue volando como si tal cosa ¿Lo sabías?

Ayer di de comer a un perrito, cené y vi las que echaban, El príncipe de Zamunda y luego Hannibal. ¿Y qué? Insisto, pues nada, que eso.

Se enfada, me muerde un pezón del dedo meñique -te preguntarás, amigo ¿pezón del dedo meñique? la respuesta es: del de el pie, uno de ambos, cualquiera- hasta que me sangra como un riego. Le meto con el lado de la sartén en el tabique nasal. Dice ¿Ves? ¿A que no duele? ¿A que es una gilipollez tan grande como a que nos asesinase la Erzsébet esa? Que venga, yo le hago vieja con una mano atada y la otra cogida en cabestrillo con la punta la p.

Joder, estamos para el arrastre.
Vamos a tener que volvernos a hacer muy despacito. Volver a apañar nuestro metal del tronco, apretándonos tuerquitas en el garaje, el uno al otro, y eso con lo que encontremos. La putada es que él, al ser una especie de filóñofo, nunca encuentra la caja de herramientas.

- Tenemos dientes para algo. Dice en polaco alejandrino.

viernes

Muditos, viejos sin fin



Me he levantado a las cinco de la mañana, que es una hora que no lo es, como cualquier otra. Es demasiado tarde para el amor y demasiado pronto para el vino -tampoco tengo amor ni vino-. No hay nada en qué pensar y me acuerdo de cómo jugaba la bola mi amigo, que ya no está. Tomo café y escribo porque no hay nada más. Veré amanecer y me creeré, como el tonto, que es el día. Que entre eso y los cigarros ya está hecho un bautismo que diría ser para siempre.

Los grajos se despiertan y me sorprende que no se hayan ido ya a otra parte, que canten así de inútil sobre tejados y ramas.
En mis manos -los grajos- son sólo funcionarios de las minas que me invento, para que el trabajador no muera. Igual me es el cobre hallado que un sombrero -de copa- sobre la copa de un árbol, e igual son esos pájaros mismos los encargados de que las nubes se desplacen por el aire.
Cantan o chirrían porque saben lo que es algo aunque no sepan. Por eso son amigos, de alguna extraña manera.
Decía creo que Pessoa que si el corazón pensase se pararía -no, no es que lo crea, lo acabo de ver subrayado de El libro del desasosiego, que es un libro que ni me gusta ni me disgusta y por eso me gusta-.

Tampoco te pases, escribo serie D como podría escribir cualquier cosa. Me he hecho a no pensar la niña y hoy sus senos son las guindas de un pastel quemado de tanta vela -y sus pasos, a lo mejor o no, las intuiciones de un microondas hecho sin reloj, como su cabeza, la mía y la de mi prima.-
Pero es que no puedo estar seguro de si es eso lo único que tengo en la sesalia o es que hay más ralea -y jalea- madurando algún que otro podrido (no, no es que no la ame ni tampoco que sea amor -el amor no sé lo que es salvo una cosa de la que hablan mucho los mayordomos y las criadas por la tele-). Cuando me muevo lo noto e intuyo que es el cerebro chocando con el cráneo, accidentándose. Un papelito hecho una bola que intenta encestarse él solo en una papelera que no puede caber dentro de otra.

La niña tampoco existe. Es una tortura tan idiota como yo y mis felices veranos de pequeño yupi en las salas de recreativos viendo jugar a mis pájaros mayores.
Igual la memoria es una máquina a la que le falta acordarse de las cosas cuando se levanta y le sobra, precisamente, levantarse.

Hoy me he despertado acordándome de mi amigo, que ya no existe. Me he calentado un café y me he puesto a escribir porque cantan los grajos. No puedo imaginar otro motivo -pero porque no puedo imaginar, no porque no lo haya-. A estas horas, como a otras, es que no se puede hablar con nadie excepto con un muñeco que es yo hecho de trapos y no necesita dormirse ni despertarse ni decirse ni callarse, aunque se calla porque no sabe otra cosa ni tampoco nada de los grajos, ni los oye gritar porque el día empieza. No los oye no, ni se ha perdido, porque nunca tuvo que encontrarse.
Es que, le explico, los grajos no quieren quemarse en este agosto y gritan por lo que les viene encima, la caló. Son el violín sucio e inencontrable de esta casa. Cuando atrapados en la chimenea no cantan y parecen un corazón dentro de otro -dos taquicardias que no quieren oírse juntas- procurando una sola fuga -la necesaria- para hacer una en re afuera, donde chirrían como puertas oxidadas que se están cerrando cada vez más lentamente.

Gritan y vuelan como víctimas porque son el atentado que supone amanecer en una casa tan grande a la latitud que sea. Cansados o no de repetir la clave, suficiente milagro es respirar, así, de mañanitas en plural y en un instante.
Me he puesto un disco de rap para no oírlos.

Me cago en la leche puta, sé que es fatal acabar así un texto en el que sale mi amigo, pero hoy me voy a meter un taladro en la vena aorta y luego lo voy a volver a dejar en la caja de herramientas.

Ya ha salido el sol, sin él son flores desaparecidas. Contentos estarán esos cabrones pájaros.
(Compañeros del alma, compañía.)

miércoles

Otro, por Carlos (the professional), mi camara & i


- Jose Antonio ¿No vienes a la pisci?
- No. Tengo un animalito en casa y he de hacerle compañía. Lo siento, chicos.
- Nada. Otro día será.

..............................

- Mamá. Nuestro amigo Jose Antonio, el Asenjo, nos ha dicho que no viene a la piscina porque debe de hacer compañía a un animalito y nosotros creemos que es una mentira que nos ha dicho y que, en el fondo, no nos ajunta.
- Eso que me decís es muy serio, hijos. Ahora mismito llamo a la Sra. Esquivel para comentárselo.
- No mamá, no lo hagas. Nos arriesgamos a que digan que somos unos chivatos en el vecindario y debemos cuidarnos de esas cosas ¿No crees?
- Hijos míos, es cierto que nos encontramos ante una delicada situación. No obstante voy a ocuparme de ello con discreción. No debéis preocuparos, pues estáis dejando este asunto en manos de vuestra madre, la famosa de España: Isabel Drexler. Dadme el teléfono en seguida, el verde.

...............................

- Hola ¿Sra. Esquivel?
- No. No está ¿Quién es usted?
- Soy Isabel Drexler ¿No serás el pequeño Jose Antonio Asenjo?
- No, soy su padre, César Asenjo.
- Oh, discúlpeme, no sabía que usted existía. Soy vecina suya. Encantada de conocerle.
- Disculpe ¿Cómo ha dicho que se llama?
- Isabel, Isabel Drexler. Era para hacerle una pregunta a su señora.
- Pues no está ¿Por casualidad, no sabrá usted en qué año estamos, señora vecina?
- Pues en 2008, creo.
- Menos mal.
- ¿Por qué lo dice? ¿Le ocurre algo?
- No. Es que me metí en una máquina de criogenizar y me he despertado hoy. No sabe cómo me alegra que fuera mentira todo eso de Paco Rabanne sobre el fin del mundo. ¿Entonces, sigo siendo una persona con familia, vecindario y todo eso y todo ello sin estar sumido en la ruina?
- Supongo señor. Su esposa nunca me habló de usted. Yo no sabía... en realidad llamaba para una tontería.
- La escucho, perdona ¿Cómo ha dicho que se llamaba usted?
- Isabel, Isabel Drexler. Le llamaba para una cosa de su hijo. Es que me han dicho mis hijos que no quiere venir a la piscina porque...
- Lamento interrumpirle señora. Es que oigo ruidos, como pitidos de coche, y me preguntaba si no sería usted, por casualidad, haciéndolos con la boca para despistarme. No estaría bien, señora. Criogenizarse afecta mucho. Yo soy una persona que sufre ¿Sabe? Por un momento he pensado que eran voces satánicas procedentes de mi cerebro.
- No, discúlpeme. Comprendo esté usted muy afectado. Llamaré en otro momento, cuando esté su señora. Mejórese. El mundo es un sitio bueno, señor... voy a colgar.
- Eh Sra. Drexler, que no cuelgue, que soy yo, Jose Antonio Asenjo imitando la voz de una persona mayor, que era una broma. Que yo no tengo padre. Que murió en la guerra de Marsella, que yo sepa. Vamos, que es lo que me han contado ¿Cómo se encuentra?
- Hijo, Jose Antonio, me habías preocupado. De verdad que estaba con el corazón... ¿Por qué no vienes a la piscina con los chicos?
- ¿Me invita, de verdad?
- Por supuesto.
- No. Es que no puedo. Que es que tengo un rinoceronte pequeñito con cornamenta de cabra y le tengo que hacer compañía, pero se lo agradezco mucho. Es usted muy amable.
- Nada, hijo. Ya sabes que, cuando termines, puedes venir siempre que quieras.
- Muchas gracias Sra. Drexler. Le diré a mi madre que ha llamado. Es que ha ido a auscultarse el cerebro al especialista. Ya sabe... como a mí me detectaron una lasaña el otro día.
- Ah. Venga, pero que sabes que puedes venir, eh, siempre. Un abrazo, bonito.
- Un abrazo. Tiene usted unos hijos estupendos y muy inteligentes.
- Gracias. Se lo diré.
- No cuelgue. He de decirle algo más. Mi amigo Carlos (the professional) y yo hemos comprado LA CÁMARA con mi padre, el bueno, no el de la guerra el pobre, el sábado, así que estoy trasteando y no vea cómo lo flipo cambiando los colores de la pisci de mi tía Pepa.


Thanks Carlos.

sábado

Amar en trigales revueltos (Cap 3), enviado por Ignacio Medina de Parla



- Señora, la situación de su hijo es menos buena.
- ¿A qué se refiere?
- ¿Se acuerda de la pizza?
- ¿Se refiere al cerebro, no?
- Sí. Parece ser que no ha ventilado como suponíamos. Aunque no se preocupe. No es excesivamente grave ¿Se lo explico?
- Por favor.
- Al no haberlo mantenido en una temperatura adecuada, el queso ha enmohecido. Esta situación es de lo más normal. Los efectos secundarios remitirán siempre que consiga no hacer caso a las voces del abuelo.
- ¿A qué se refiere?
- Me refiero al abuelo de Heidi. Suele sentirse atraído por este tipo de tundra y, sumada su extraña facilidad para habitar esta especie de cerebros, sospechamos, se ha hecho una casa con chimenea en la pizza de su hijo.
- ¿El cerebro?
- Sí.
- Mierda.
- ¿Recuerda el capítulo 54 de la serie?
- No.
- Pedro se pierde por el bosque debido a la niebla. Con este procedimiento los guionistas se estaban asegurando de proporcionar al espectador una especie de imagen que remitiera a la situación de la niña ciega. Pero fracasaron estrepitosamente y nadie lo entendió. Al final lo encuentra el san Bernardo -de nombre, precisamente, Niebla, como recordará-, en lo que supone un guiño a Bernadette, la niña santa de Lourdes que se bañó en el río... ¿Ha venido su hijo?
- Sí. Está afuera ¿Le llamo?
- No, no le llame. Que se quede fuera.
- ¿Hay alguna manera de intervenirle? Pagaré la operación.
- Lamento informarle de que sólo ha habido una intervención de este tipo llevada a cabo con éxito, en una clínica de San Salvador.
- Le llevaré si es necesario.
- No todo es tan sencillo. Escuche. En un principio la operación estaba centrada en neutralizar las órdenes del abuelo de Heidi, pero devino en otra cosa. Lograron sacarlo haciendo uso de la precisión con unos palillos chinos y fue torturado y entrevistado. Dijo que se encontraba muy solo en Finlandia. Hoy en día goza de inmunidad diplomática y es dueño de una cadena de televisores de alta definición.
- No entiendo nada de lo que me dice.
- Le enseñaré unas fotografías que tengo en esta revista de neurociencia. Usted sólo diga si conoce a las personas que salen.
- De acuerdo.
- Observe con atención ¿Lo reconoce?
- Es Evo Morales con un anciano pequeñito en la palma de la mano.
- Así es, el único abuelo de Heidi extraído con éxito de la cabeza de un niño ¿Y los siguientes, los conoce?
- Son...
- Exacto, el trío de las Azores con un señor mayor pequeñito al lado de la taza de café. Al fondo puede observarse a Ratzinger firmando unas cláusulas y, sospechamos, un torero de fama internacional hizo la foto. No puedo revelarle el nombre. Compréndalo.
- ¿El señor mayor pequeñito es el abuelo de Heidi?
- Efectivamente. Observo que está usted muy centrada. Eso es una excelente noticia.
- ¿Llamo a mi hijo?
- No, no es necesario. La voy a rebajar la medicación.
- ¿Cree que mejoraré?
- Seguro.
- Muchas gracias doctor.
- De nada. Es por una buena causa.
- Ja ja ja.
- Ja ja ja. Comprenda que me ría, aunque no tiene ni la más puñetera gracia. Es usted una persona maravillosa Sra. Esquivel.
- Lo sé ¿Aviso ya a mi hijo?
- No.


Ignacio Medina (Madrid 1966) doctorado en Teoría cultural por la universidad de Manchester, es seguidor del blog La semejante criatura.

miércoles

Amar en trigales revueltos (para el capítulo 2), enviado por Silvia Medina de Zaragoza


- Hemos detectado algo en la cabeza de su hijo, Sra. Esquivel.
- ¿Es muy grave?
- Opine usted por sí misma. Esta es la fotografía.
- ¿Una pizza?
- Sí, cuatro estaciones ¿Ve? Al lado, el hipotálamo, lo señalado con rotulador negro, parece una guindilla.
- Sí ¿Es una broma?
- En absoluto. Requerimos más pruebas porque en las primeras ya notábamos algo raro. Comprenda que no era cosa de crear alarma.
- Entiendo.
- ¿Ha traído a su hijo?
- Está afuera, esperando.
- He pensado que podríamos llamarlo.
- Es un chico normal. En el fondo.
- Señora ¿A usted qué opinión le merece la comida italiana?
- A veces voy a restaurantes italianos con mi marido, Juan Asenjo.
- Ya.
- Señor especialista ¿Cree que es necesario...?
- No puedo adivinar lo que está pensando, señora. Permítame ¿Usted qué opina acerca de las pizzas de Casa Tarradellas?
- La verdad es que hace mucho que ya no las compro cuando voy al supermercado. Ahora compro otras.
- ¿Buittoni?
- Sí, esas y Ristorante.
- ¿Y qué nota?
- Nada, está todo bien. Conviene mantenerlas en el congelador, por lo demás bien ¿Llamo a mi hijo?
- No, no, permítame que la pregunte algo. Es que, le aseguro, ha utilizado una palabra clave ahora mismo sin darse cuenta. Respóndame ¿A usted, en particular, le gustan las aceitunas negras?
- No le entiendo, señor.
- Es importante para la mejoría del paciente, se lo aseguro. Permítame que le enseñe mi colección de libros de cocina. En las tapas vienen títulos de neurociencia, pero son para disimular. Mire qué ejemplares más curiosos. Lasañas, empanadas rellenas de queso parmesano, panacotta, risotto, en fin...
- Tiene usted muchos.
- Sí. Ja ja ja. Se sorprendería si le enseñara los resultados sobre comida china.
- ¿En serio?
- Así es, cerdo agridulce, pollo al limón, rollos de primavera, ternera al ban kú...
- Es curiosísimo
- Su hijo será médico, casi con toda probabilidad.
- Le va a hacer mucha ilusión ¿Le llamo?
- No, ja ja ja, no sea boba. Ja ja ja. Déjele.
- La verdad es que siempre ha sacado buenas notas.
- ¿Jose Antonio Asenjo se llama?
- Así es... ¿Esa máquina que tiene junto a los libros para qué sirve?
- Ja ja ja.
- Ja ja ja.


Autora: Silvia Medina (Zaragoza 1972) licenciada en periodismo por la universidad complutense, es seguidora del blog La semejante criatura.

Variable de la telenovela "Amar en trigales revueltos", enviado por Juan Carlos Medina de Murcia


- Hola señor psicólogo Chúmez de los Ibor.
- Hola señora ex ministra de comercio, Conchi Esquivel. Veo que viene acompañada por su principal trastorno de la personalidad.
- Sí, aquí le traigo. Mi hijo. Ja ja ja.
- Ja ja ja. ¿Ha traído dinero para pagar la consulta?
- Ja ja ja.
- Ja ja ja. Bueno, cuéntame...
- Sí. Escribe cosas raras en un blog del internet.
- ¿El blog de La semejante criadilla?
- Sí. Ja ja ja.
- Ja ja ja.
- Está cambiando. Dice que ahora se lo escribe el perro de mi hermana, Trasgu, alias Benedicto.
- Ja ja ja. Por el papa de Roma, lo dice. Ja ja ja.
- Sí. Ja ja ja. Que él está en unas vacaciones en la jungla y con cabras tirándose en paracaídas desde los aviones. Ja ja ja.
- Ja ja ja. Menudo soplapollas. Eso son los videojuegos.
- ¿Usted cómo le ve?
- Preguntémosle a él ¿Tú cómo lo ves, Jose Antonio?
- Bien.
- Ja ja ja.
- Ja ja ja. No tienes arreglo, Sergio, digo Jose Antonio ¿Usted qué opina, doctor?
- Nada, que se deje bigote y empiece a usar la gorra de un equipo de béisbol. En ocho días me lo trae a ver qué tal.
- Sí señor, un gran doctor. Es una pena que esté usted como una puta regadera.
- Ja ja ja. Me encanta su sentido del humor.
- Y a mí el suyo. Ja ja ja. Y lo guay que es riéndose de sí mismo ¿Cuánto te debo?
- No, que pague Jose Antonio, para que aprenda.
- Eso, Jose Antonio, paga.
- No me sale de los cojones.
- Hala, lo que me ha dicho. Qué hijo de puta ¿No está de acuerdo, doctor?
- Sí, qué pedazo de mierda. Esto lo arreglo yo. Ven al baño, Jose Antonio Asenjo, pero de las orejas... Esto siempre funciona, señora ex ministra de comercio Conchi Esquivel... Jose Antonio, coño, mete más la cabeza. Ya está. Ahora tire de la cadena señora ex ministra de comercio... ¿A que jode, Jose Antonio? ¿Cómo te sientes, caca de perro? Tire más, que respira aún el cabrón. La próxima vez va a ser igual y delante de tu mami pero haciéndote heridas al mismo tiempo en la picha con el cortaúñas. Para que te lo pienses y, de paso, aprendas.

(Veinte minutos después)

- Yo creo que ya está.
- Sí ¿Cómo te encuentras, Jose Antonio?
- Estoy mareado un poco.
- Ja ja ja ¿Ha visto, señora ex ministra? Como nuevo.
- Llámeme Conchi a secas, pero sin el a secas.
- Ja ja ja, qué gracia ¿Ha visto, Conchi? Ahora que se deje el bigote. Las gorras de béisbol hay una tienda muy buena en este mismo centro comercial.
- Sí, ha estado bien. Un beso, doctor. Es usted un demonio.
- Ja ja ja.
- Ja ja ja. Tampoco tiene tanta gracia todo esto, ahora que lo pienso.
- Pensar, pensar. No. No la tiene. Y esto ya se está haciendo muy largo. Págueme Conchi, o llamo a mis esbirros.
- Ja ja ja.
- Ja ja ja.
- Qué cachondo.
- Págueme Conchi.
- Ja ja ja. Es usted un fascista de mierda.
- Ja ja ja. Sí. Ja ja ja.
- Ja ja ja. Tome, le dejo ya pagado todo el resto del año. Ja ja ja.
- Ja ja ja. Y que no me fume eh. Ja ja ja.


Autor: Juan Carlos Medina (Murcia 1974) licenciado en derecho por la universidad de Aranjuez, es seguidor del blog La semejante criatura.

lunes

Los lados de tu filete (descerebrada sección Dime algo)



Soy un sapo de esos que, si los chupas un poco, empiezas a ver cosas raras. Una vez se me metió uno en la boca de un salto y lo tragué y, desde entonces, vive, el pobre, con las patas pegadas a cada lado del esófago y, yo, con el fin de evitar que muera, abro la boca para que le entre oxígeno. O que salga, si quisiera y, con esa suerte, a lo mejor yo dejaría de ser él o uno como él, que es la misma suerte que la otra pero al revés, como Ramón y Román.
Es broma. Pero es una introducción. Es que quiero consultarte una cosa.

Yo, una vez, estaba absorto en pensamientos fatales –sí, de esos que se tienen a los 12 y 13 años- y eché un filete sobre el aceite de la sartén. Hasta ahí bien, pero lo de los pensamientos no había quien lo controlara, aquellos eran unos cables guardados hace tiempo en una caja y, hoy, son sólo el complemento contrario del filete en la sartén.

Llegaré a la pregunta, no creas. Primero intentaré explicar la cosa, lo interesante de lo del filete (porque, señores, yo tenía hambre): era un filete de lomo de cerdo finito pero con un olor muy bueno, lo coloqué al azar sobre uno de los lados y apreté con el tenedor, pero luego, así por las buenas, me puse con los cables de luz. A desenredarlos dejando lo otro ahí. Para adornar algo que, en resumidas cuentas, podría ser una estupidez distinta a la provocada por el lametón a un sapo, uno de esos, de los raros. Quizá pase que lo que uno sea es ese filete a día de hoy quemado por una mitad a fuego lento desde hace 15 años. Y con la otra mitad cruda ¿qué hago hoy con eso? Comprendo que son los dos hemiferios en que se dividen los sesales. No distingo ni sé cuál de ellos es el quemado y cuál el crudo, pero sé que tienen el mismo cuerpo que perder, si es que no lo han perdido ya. ¿Qué hago, le busco?
Comerlo no lo iba a hacer y no puedo recordar dónde se encontraba la cocina que, para variar, no era dentro de mi melondro.
Disculpadme, lectores amigos, porque estoy trasnochado y muy bobo.
Ayer estuve en la fiesta de nuestro común amigo El topo gigante y nadé tanto en la piscina que, pasadas ya 24 horas, aún se me mantiene la piel arrugada. Estoy mudando y, todo ello, lo llevo mejor con tranquilizantes.
A mí, en general, no me entusiasma cómo es mi filete a día de hoy, ya lo he dicho. No me gusto, y he sido mogollón de cosas más insípidas que el filete.
Y a ti... ¿tú te gustas? ¿Crees que es importante para salir, por ejemplo, a la calle a, por ejemplo, ir al trabajo? Cuéntamelo anda, que me interesa. Háblame de los lados de tu filete (no va como broma judía).

El topo gigante siempre está haciendo negocios mientras mi sapo habla y habla y habla hasta que cae dormido, y no hay manera de que escape para meterlo en otra sartén a ver qué ocurriera. Porque a lo mejor no ocurre nada, pero también es probable que sepa bien y, si no lo comemos El topo gigante o yo, puede comerlo Guille, César, Ronaldo, Ibón, Jaime o Manuel (Vanessa -beso- no, que es vegetariana). Sé que es una opción -lo de cocinar el sapo- y, a pesar de todo, uno hasta, después de tanta tontería y a día de hoy, sigue respirando y, en ocasiones, visita médicos o bares... en fin, la vida y tal ¿No?

miércoles

Carta abierta de una cabra amiga (Autora real: Aranzazu Ramos Espinosa a la edad de 13 años)


Este post está crípticamente relacionado con la idea de viaje transmitida en los anteriores. Quiero decir, si no se han leído los anteriores, no se lean este y, mejor aún, tampoco los anteriores.


Inicio (sobre las personas que aparecerán): Érase una vez una niña que jugaba al lado de un manantial de agua fresca. No confundir con Ella.
Ella en cambio supone un avance entre dos ruinas, la primera es su pie izquierdo y la segunda su pie derecho, siguiendo el orden de uso al levantarse de la cama.
El intermedio pueden ser, bien las asociaciones que conducen al sueño, bien las que llevan fuera de él.
Pero esto no es un sueño, tranquilidad, sino una carta abierta a una cabra amiga, bien abierta, bien cerrada, bien como le venga en cuerpo, que es lo suyo.

Empieza la carta. Autor, el perro de Aranzazu, mi Trasgu.

Hola. No, no es cosa de empezar así, esto es serio. Un hombre entra en la consulta de un psiquiatra. El psiquiatra le pregunta, no, no. Esperen un segundo, así parecerá un chiste. No, repito, esto no es nada gracioso. Disculpen que tache.

Era una noche cálida de verano y me sonó el móvil. Al otro lado un psiquiatra preguntaba por mi teórico dueño, La semejante criatura. Le dije que no eran horas de llamar, pero él sugirió que no entendía mis ladridos. Intenté, con poco éxito, ladrar en francés y en inglés. No hubo manera y el psiquiatra aplazó la cita. Mi dueño, el teórico, al que le chupo la sangre, estaba roncando en el sofá con la televisión puesta y en ella siempre repetían el mismo anuncio. Su móvil estaba en silencio. Supuse que había dado el mío para las urgencias. Me dio no sé qué, algo similar a un trauma y, decidido a envenenarme, me dirigí hacia la cocina. No no, esto no es manera. Esta es una carta abierta de una cabra amiga y esto poco o nada tiene que ver, no debería, con mis variaciones anímicas. Expondré pues mi jornada de trabajo de cara a la probabilidad de un currículum y todo ello a consideración de mi teórico dueño:

Carta recibida, 1º de la Junta Editorial y productora Cognoscible Cristo de la Cabra:
Esperamos la continuación de la telenovela por mucho que usted no nos haya vendido las facturas surgidas en traslado de derechos. Sugerimos que en la continuación de susodicho piloto de “Amar en trigales revueltos” uno de ellos sea asesinado por el otro y este -para ahorrar presupuesto- hable solo durante el resto de la serie.
Respuesta de Trasgu: Es una buena idea. La junta considera los derechos completamente rectos y trasladables en la línea de metro por cincuenta que ustedes elijan. Nuestra ubicación será la suya en cuanto nos den una. Un saludo muy cordial y pendiente de los resultados que comprenden su interés,
Asistente en ciernes, Trasgu
(sin apellidos cognoscibles).”

Sugerencia anotada (Cognoscible Cristo etc...): Eliminar al asistente Trasgu. Volvamos sobre el principio. Y bien:


Una pareja de amantes está sentada en un sofá. Él dice: mira, hoy he soñado qe me iba a una tienda a comprar caramelos. Ella dice: ¿Eran de menta? Él no se acuerda de qué eran. Ella se enfada y asegura que los sueños han de tener un sabor, añade ¿Tampoco recuerdas los colores del papel? Él dice no y ella se enfada. Entonces él la mata, la corta y se la da de comer a su perro, el entonces no eliminado Trasgu.
Ahí le tienen, es Jose Antonio Asenjo Esquivel hablando solo. Un día después suena el fijo. Es el padre de Ella, Augusto Ramos Espinosa que, con la sospecha de no haber recibido una llamada de su hija el día anterior, y, por qué no, esa cierta pericia que a veces hace al malo, se hace pasar por un psiquiatra, el Dr. Lozano Fuentes. Es medianoche y Jose Antonio está dormido y no sospecha siquiera que la serie “Amar en trigales revueltos” de la que él es protagonista principal, se está emitiendo y hay muchas familias en sus casas pendientes de la resolución. El perro coge el teléfono con la boca y acerca su auricular al oído izquierdo de Jose Antonio Asenjo Esquivel que recibe en sueños la noticia de que habrá de ir a la consulta de un psiquiatra que, casualmente, está ubicada en la misma dirección que la familia de su ex, Fuencisla Ramos.
Al día siguiente se despierta y observa a Trasgu en la cocina que, delirando, explica que tuvo una depresión y se encontraba mal. Que la culpa es exclusivamente de variaciones anímicas que padece desde que se le concedió, dice, un collar llamado de mejoría por otro dueño suyo y asesor del blog llamado La semejante criatura. Pero, debido al delirio señalado, todo esto lo dice ladrando en francés y existe la probabilidad de que Jose Antonio Asenjo no haya llegado a entenderlo.
Con natural pena, se dispone a enterrar el cadáver en el mismo piso. La mala suerte que persigue el collar de mejoría quiere que traspase el parqué y caiga en un tupperware donde los vecinos del piso de abajo tenían preparada una sopa con almejas.
Entonces Jose Antonio Asenjo Esquivel dice: Lo siento amigos. No me maten si no quieren. El que está en su tupperware es mi perro fiel muertito, al que estaba enterrando. Sólo soy, al igual que mi perro -que sabía de todo esto, he de decir, más que yo- un personaje de una telenovela en un blog del internet como, supongo, ustedes. A lo que ellos responden que hasta ayer formaban parte de un país donde sólo hay peñascos rotos con cuevas, un borde con agua y cabras amigas en cuyo honor cada uno de ellos lleva colgado del cuello un cencerro.
Le invitan a comer y, durante los entremeses, compuestos por galletas de soja con riñón de cerdo, le cuentan que conocieron a un tipo la mar de raro llamado Walkazufius hace pocos días, hablando con ellas, las cabras del país del que proceden, sobre que estaba escribiendo una telenovela que a lo mejor era a la que se había referido al conocerles. Le dicen también que ese fue el tipo que les dio las llaves de esta casa que han asumido como un regalo del cielo y que, hoy, ven complementado con esta visita tan extraordinaria. Dicen planear quedarse a existir allí durante el resto de sus vidas ya sea con o sin agujero en el techado. Al fin y al cabo, aseguran, son milagros y los milagros ni se tiran ni se venden o se venden en caso sólo de no tener dinero para comer sopa con almejas.
De repente, el perro empieza a patalear y vomita sobre los asistentes.
Milagro, dice Jose Antonio, Trasgu no se ha muerto. Tomó pastillas mías, tranquilizantes, y le deben haber provocado una gastro. Por eso vomita. Me encargaré de dejarles limpios, queridos anfitriones.
Ellos aseguran que no tiene por qué y encuentran entre los tropezones destilados un anillo de plata. Agradecen pues en la persona de Jose Antonio la de cosas que les ha traído el cielo desde su venida y se disponen a recoger la mesa sin limpiarse.
Trasgu, muy cansado de todo este asunto, les dice que le quiten el collar de una perrita vez.
No sabía que hablase delante de otras personas, asegura Jose Antonio Asenjo Esquivel y se retira. Se han hecho las once de la noche y ha recordado que tiene cita psiquiátrica en una consulta, aunque, asegura es muy raro, al no acordarse él nunca de los sueños. Mientras procura conciliarlo no puede evitar echar un vistazo al agujero que refleja la casa de sus nuevos vecinos. Etcétera.


Entretanto, muy lejos de allí, la junta editora y productora de Cognoscible blablablá, escribe un correo a Trasgu bajo el título: Resultados en % de tributos y costes de nuevas apariciones junto con pronóstico de audiencia (aún por evaluar). Pero han olvidado adjuntar el archivo. Y el pobre perro está con ojeras resacoso y, como perro, se pregunta dónde están Aranzazu, tía Pepa y tío Jaime. Y, como el gato que es, se pregunta dónde está la casa, miau, la casa.

Carta 1º desde el monte con peñascos -la cabra del amor / quesos Payoyo-


Perrito mío, Trasgu:

Me cansé de la isla del anterior post, que era un apéndice de la selva donde la arboleda ascendía y apenas podía percibirse nada de lo prometido más que entre las ramas desde donde se atisbaba que la gente allí sólo iba a hacer el curare (o como lo llamasen) y sacrificios a ranas junto con una tribu donde el supremo era un haragán, bailongo en la histeria, que hacía el mono y decía tacos en un idioma que se estaba inventando y que los demás, debido, qué sé yo, a las sustancias, entendían, o no entendían -al caso- que de eso iba la plaza, de que cada uno prolongara su reflejo en el de al lado y hacer juntos identidad de una excusa que bien pudiera ser una roca o una ramita puesta entre ambos. Sé que debí, con todos los respetos, meterle un soplamocos al drogadicto de enmedio. Pero esos habitantes, maasais o menos y por qué no occidentales a rabiar, se tomaban en serio la jaleada y pudiera ser que hasta la tomasen conmigo. Decidí, pues, la huida por aquello de no envalentonarme.

Sé que tienes mucho curro. El caso es que, aprovechando la camaradería aún de los monos, he cogido el primero de los charter, cruzado el mar y unas montañas y saltado en paracaídas antes de que el conductor, primate vil y crecido, habida cuenta de que abandonaba aquello, tomara, así me lo indicó con señas, la misión como suicida (si es que no lo era desde el principio).

Cuéntame cómo va el blog en cuanto puedas, que yo esto de las vacaciones no lo entiendo, amor, con lo a gusto que se está trabajando todos los días de la semana.


Te cuento:
He aterrizado en un sitio con cuatro peñascos y una cabra que, aproximadamente cada hora, viene a vigilarme. He pensado si la que vendrá será la misma o es que manda a su hermana, pero no he visto de momento a las dos juntas. Se me ha ocurrido también que, de producirse el fenómeno de ambas, a mí esto de las cabras, siendo más de una y de dos, me animo y monto una pachanga con piedrecilla que lo flipamos.
Avanzando unos metros se ve un borde con agua. Esa placidez apenas podía esperarse del otro sitio. Un borde lleno de agüita, Trasgu, un manantial que no esperaba, un siglo de luces, amor, entre estas cuevas que vete tú a saber adónde van a parar. Y, te repito, una cabra que probablemente sea una familia entera. Cuando me canse de ella-s la-s trasquilo con los dientes, te hago una bata y el resto me lo meriendo.

La cabra es el animal rotundo -varias rotundidades- que me hace en estos precipicios, Trasgu. Acá no hago más, acaso esperar que vuelva a asegurarse de que sigo en pie para comerme. En este lugar estas no saben lo que son y por eso no tienen miedo, por eso no existe en ellas el animal suicida que siempre han sido. Son cabras sin educar y vienen de una en una y todas son la misma abradacabrería que no ha aprendido que su plural son unos bichos la mar de extremos con tembleque en las patas y que comen hierba.

Las cabras me recuerdan su mirada o es que son su mirada, acaso, las propias cabras, así, de una en una y sigilosas. Si continúo vivo me referiré a Ella. O, más exactamente, a la cabeza de cabra que es Ella. A los ojos que hacen de su soltura dos gotas dispares de un mismo cubo de hielo expuesto a una claridad que nunca le pertenece.
Ella. Qué leñe, no estoy pensando en Ella. Es que de las cabras me voy donde me creo me es conocido, pero yo lo que pienso es en las cabras todo el rato y como principio, fin y medio, las cabras y la cabra, sin más zandungas.
Llegué por supervivencia a este lugar, manda colesterol.

En fin, te dejo, que oigo ya pasos. Y no quiero que vea el ordenador, la cabra, que lo mismo se cree que es que he venido a hacer unos reportajes y vete tú a saber cómo se lo toma.

PD: Alejandrilla se ha quedado en la isla, qué putada. Se me había olvidado por completo y, ahora, a ver quién la recoge y cómo -lo que es peor-.

(Apago que ya está casi aquí)
Tuyo,
Walter Kafius.

martes

Una de las cartas (1º desde la isla), postea Aranzazu con la ayuda de Pajaruco Charly quien añade "¿Kafucius?" y "Felicitatas Ed"



A Trasgu:

Nomás agradecer tu labor en esta lúgubre redacción haciéndote cargo de sus ruinas, incluidas las del edificio adjunto.
Siempre has sido un perro muy dotado, fiel y cuyo cariño ha hecho mejores las probables heridas de las que soy acompañante. Tu determinación en el acuerdo al que nos hemos dado obliga a mejorar mi salubridad en una estancia junto a colchoneras, señoritas amables, tebeos y caipirinhas que, te digo, tomaré en barra.
Decirte que me han provisto de un tractor que no dudaré en pasear por el reservado con el fin de evitar una nostalgia que, no siendo practicada, sí deviene en un notable mal humor; algo que acá, para salud de otros empresarios, se castiga con trabajos sociales u obligada asistencia a clases, bajo prima de examen, de mineralogía, comercio y mentalidad de trabajo (entiéndase: fe).
He hablado de vos a uno de los jefes, encargado de hacienda generada, algo majareta y perdido en sus instalaciones y numerosas oficinas y palés (si no en su propio cuerpo) y, dada su negación a la cicatería -palabras suyas-, he recibido como anticipo un collar de mejoría con tu nombre escrito a mano que llevarte a mi regreso, si llegara.

Seguiré los datos de este sitio vía cable y enviaré mis colaboraciones al correo de Aranzazu (Enhorabuena por la promoción de la telenovela).

Alejandra está bien. Quizá algo mermada por el jet lag -así me lo ha indicado desde uno de los interfonos (info/select/visitas), un asistente nativo de nombre (falso) Carlitos Aldebari-.

Adjunto esta información también a los jefes de sanidad, Melquis y Fofete.

(Las demás bien, tan sólo con sus, ya muy familiares, altibajos.)

Un cariño necesario -acuérdate- al K. Hotel. Cumpleaños de Eduardo -tres o cuatro más (domingo)-. Probablemente el charter (servicio promovido por la aseguradora de esta hacienda, cuyos agentes de servicio se enorgullecen en castellano -así lo pone bordado en cada toallita del toilet- de haber contratado como pilotos de sus norteamericanas naves a primates inadaptados socialmente) me acerque a felicitarle de nuevo en persona. Como dicen en esta selva: FELICITATAS ED, FELICILIES TU, MONSTER, hacemos la alegría oyendo llover.
De momento, tranquilidad. Alejandra mareada, en pie aún -¿Será demasiada suposición?-, y yo, Kafucius, saldré, machete en mano, camino del chiringuito del que me han hablado (bien, entiéndase: radio, psiquiatras ellas y sidra), para lo que deberé atinar con el atajo debido o extender el comunicado acerca de nuevos paraderos (información GPS por pinganillo).

Deberé cargar una pila.
Bicos.
(Delegado aún -piche-).


PD: ¿Salud mental, no es una contradicción?

jueves

Capítulo piloto para la telenovela de amor "Amar en trigales revueltos" en la que hemos empezado a trabajar esta tarde yo y mi perro Trasgu


Todos los días que amanezco a su vera, Fuencisla Ramos me pregunta qué he soñado y se me ocurre que me lo tengo que inventar porque nunca me acuerdo de los sueños; luego, inmediatamente después de hacer la pregunta, comienza a contarme el suyo. Yo he soñado que estaba contigo, dice ella y, de repente, cuando íbamos por el campo en un fiat azul vimos una higuera y me acerqué, supongo que después de que frenara el coche y abriera la puerta, aunque tú te quedases. Me dijiste que no lo hiciera porque se iba a poner a llover en cualquier momento y no teníamos paraguas. Aún así me acerqué para coger unos higos y me di cuenta de que el hueco donde iba a apoyarme para alcanzar las ramas estaba lleno de cucarachas y murciélagos. Y entonces te llamé para que los vieras, pero ya no estabas y el coche tampoco ¿Qué crees que querrá decir? No lo sé, le digo. ¿En serio, no se te ocurre nada? Me pregunta. Le digo que no. ¿Quién conducía? Dije. Conducías tú y no caí en que no sabes conducir. He pensado que a lo mejor es por eso por lo que no me dio miedo que condujeras, dijo. Le pregunté si, en su sueño, yo conducía normal, si me esforzaba en evitar los baches, por ejemplo, y le sugerí que a lo mejor no era yo y era otra persona. Déjate de rodeos, Jose Antonio Asenjo Esquivel, dijo, de lo que sí me acuerdo viva y puramente es de que me dejaste allí tirada con los bichos, como si fuera uno de ellos. Le pregunté si había café y le di un beso diciendo ¿Cómo te iba a dejar tirada yo, con lo que te amo? No, dijo, no hay café si no me explicas bien esto. Me he sentido muy mal al despertarme, añadió.
Le dije que vi un oso por el espejo retrovisor, primero acercarse al coche sigilosamente y, cuando me quise dar cuenta, se había enterado de que le había visto y ya estaba con las garras en la ventanilla y quería comerme. (¿Y cómo sabes que quería comerte a ti y no a mí?) Sé que quería comerme a mí porque me lo dijo. (¿Te habló el oso?) Claro que me habló el oso. No era más que un sueño, así que se puso a decirme que me comería a mí y no a ti que, dijo, eras toda una dama. No le importaba que estuviese de acuerdo con él y me amenazó, pero no con tonterías sino en un plan muy chungo. Que empezaría por las falanges una por una y chuparía bien a través de los muñoncitos para desangrarme poco a poco hasta, dejándome sin ningún líquido en el cuerpo espachurrado, extraer los órganos y venderlos a Sanitas donde, dijo, pagan más o menos decente. Era un oso lleno de maldad; me explicó que desecharía los huesos como si fuesen las espinas de mi pescado, que esos no le interesaban, que son un jaleo de papeles y al final no compensa, pero tampoco en Adeslas ni en la mismísima Seguridad Social.
- No te rías de mí.
- No me río, amor.
- Es imposible todo eso que dices y así como yo lo sabes, Jose Antonio Asenjo. En primer lugar el sueño lo estaba soñando yo, no tú. Tenemos que dejarlo. Mi padre, Augusto Ramos Espinosa, será la única persona que lo sepa. Le diré que me tratas como si fuera subnormal blandengue y vielo dios que no puse coma en medio ni hice pausa entre desequilibrios ambos.
- Hija Fuen, pues entonces ya no te cuento más sueños y se acabó. Venga, anda, no llames a tu padre. Iré en busca de algo de café y, mientras lo tomamos, te contaré lo que soñé ayer.
- Admito que puede ser estricto lo de dejarlo, pero lo que me has contado del oso era una salida de tono. Te advierto que se lo contaré a mi psicóloga.
- No entiendo, querida, quiero decir ¿Por qué no te casas con ella?
- No me gusta que digas eso, pero me acabo de dar cuenta de una cosa muy importante. Algo que nos une.
- ¿Voy a por el café entonces?
- No, espera. Te lo cuento, verás, oso es igual al revés que al derecho. Quiere decir oso igualmente, lo leas como lo leas, es como Ana y como ¿Me entiendes lo que quiero decir, Jose Antonio, hijo cuarto de los Asenjo Esquivel? Quiero decir que es probable que tuviéramos el mismo sueño aunque yo no viera al oso. Pudo esconderse. Es una señal. No hay otra manera por la que asirlo.
- Claro ¿Voy por el café entonces?
- No. Iré yo e incluso -dijo guiñándole un ojo a la cámara- me llevaré el paraguas por si acaso llueve, pues esto hay que celebrarlo.
- Podemos ir los dos juntos si prefieres. No voy a hacer nada hasta dentro de tres horas.
- No. Deseo que todo salga bien. Tú, en lo que esperas, deja bien dobladas las sábanas y no te olvides de barrer la alfombra.


Autores, actores y productores: Trasgu (promotor del acontecimiento) y Aranzazu (que monta los decorados).