jueves

El que diese con las nubes de mañana


Si tuviera creencia en la novela ya hubiera escrito, probablemente, más de media.

Escribo con una especie de esperanza -especie de creencia-, de que el poco cadáver que me queda sin pisar me lo piso yo solo con mis frases.

Soy un tecleador de frases. Pero no sé qué es el espacio. Yo, un día, me caí de un avellano como el hijo de la Aurora, y es eso lo que me pasa.

Una novela es hacer uno, dos, tres, cuatro personajes y cocerlos poco a poco, cuando no dejar que se cuezan solos y, bajo ese fuego que no existe, obligarles a ofrecer sentido a alguna cosa que les pase (pero mientras están en la novela -no antes y no después- y, al tiempo, concienzudamente, es decir, con memoria -con mal-).

El lector pasivo da continuidad sin parangón al co-creador activo, como dijera el filósofo marxista (si no el propio marxista que había en Marx -esta frase en paréntesis parece de F.U. si es que no lo ha sido ¿a que sí?-), y uno rehace la interpretación mayor para que esta no sea más que la novela que uno es y en la que no cree -ni tampoco, como en este escrito, sale-. Una muesca en mitad de la gran roca que uno pasea y que, al primer despiste, la puede conducir el viento.

He inventado a la mujer para no creer en el hombre, e hice de sus mejillas dos albaricoques que se añejan sólo con un primer mordisco.

Soy una persona indeseable, malvada, vil y lo suficientemente estúpida como para poner en hora los relojes tras volver una luz que se había ido por un problema en algún cable, la central. Y mi cabeza es poco menos, por tanto, decapitable. Es lo menos justo. Lo que nunca diría de lo que digo hoy. Al menos, si ella existiese... decía un poema (chiste malo advierto -todos lo son-) de un autor maño.

Soy el columpiado de la fotografía, pero sin manos. Estaba en el parque del barrio con mi madre aún joven, hermosa en la ilusión de un hijo.

Soy un funcionario que actúa y tropieza, y eso hubiera querido ser sin tropezarme.

- El libro que llevas en la mochila te lo puedo vender si lo sacas y, si no, lo devuelvo a su lugar, señorita.

Ella dijo que luego iba a pagarlo. Que lo tenía pensado. Me lo he creído, pues yo hubiera hecho lo mismo.
En una ocasión robé un libro. Los dependientes me vieron y se escojonaban al ver cómo esa maraña de pelos que yo suponía en el cruce de estas vidas metía en la bolsa Ecce Homo.

Ecce Homo es lo que no he parado de escribir durante una vida llena de 99 años. La entrada del tercer dígito supondrá el fin de mi mundo y usted, que lee esto, se creerá que estoy hablando en metáfora o que era una de esas salidas, así, como cachondas.

Mi ex que ayer no lo era, era igual que todas las mujeres. Por eso inventé el hombre, para librarme de mí. Para dejar de decir que soy esto y lo otro y que, hasta eso, puede ser el hombre de hoy, el mortal moderno, un yo.

Soy una de frases que se come al lado de los servicios, en el lugar de la barra donde salen y entran los camareros diciendo disculpe, dispense, aparte...


- Yo es que hablo sola.

Es lo que me decía hoy, al señalar que no la oí, una señora la mar de amable, buenorra y bien agradecida. Yo es que escucho solo, es lo que tiene. Lo cierto es que se aprende más de la vida hablando que escuchando. Y esa frase sin mencionar “la vida” es bastante buena. Leí algo así en un libro. Un libro puede ser, en casos penosos, una juventud a la cual ha vencido un cadáver, salvo cuando se está hablando del propio. Lo enseño hoy y parece que fuera algo, cuando mañana será otro igual y distinto, impar y con malestares físicos (a un cadáver estos hasta dan gustito).

El otro día dio una conferencia entrecomillada el escritor Mañas, a quien yo conocía de su escrito “Historias del Kronen”, -novela en el contexto definido atrás y novela mala en el autor de este escrito-. Si yo fuera una novela sería mejor que no siéndolo, pero difícilmente sería mejor que el escritor Mañas. Durante el discurso en el que él decía que a Madrid lo llevaba tatuado en el corazón, uno miraba las diminutas faldonas de esas lagartas que se pasean a lucir un poco palmo y a choricear a la empresa que me paga si cumplo debidamente con mi trabajo, y ya no veía ni la posibilidad de un cielo o una hamburguesa, salvo una habitación de ronchas en que la palabra no tiene frase alguna en la que ponerse (de lo otro -lo puesto- es mejor no decir nada). Es cierto que debía de estar loco para no ver siquiera el indicio de un chochal.
Debo de estar loco para no hacer nada y gastar una vida que me venía bien pagada, para decir que mi flor de cada mes es una hija del pasado -como no puede ser hija de manera otra, claro- una ex sin importancia, un putón entre los algodones en que sitúo la cabeza para decapitarme si dijera esto.

Terminada la jornada sólo acudo al blog o a hablar a los marcos de las fotos a quienes quise, a hacer promesas (que siempre están para no cumplir o, mejor, para no dejar de llamarse como se llaman) a la habitación de abuela.

Soy 99 años en el cuerpo de una noria que, al pararse, imita al caos que, a su vez, imita al mundo que, a su vez, imita a los anuncios de la radio.

Doy el “tercer sentido a la locura” en cada lugar del folio y mañana sólo veo un primero donde invento el primer hombre, que será el que querré ser, pero ahora, por la noche, no mañana.
La vida en cambio, que puede -no obstante- eliminar al hombre, es como mirar los horóscopos en una revista, pero no todo puede metaforizarse y, al tiempo, todas las consultas de dentistas se parecen.

He imaginado la cara de madre al descubrir mi cuerpo merecidamente auto-ahorcado en la cocina y me he reído. Cuando mi pájaro me ha imitado he comprendido que el mundo no tiene posibilidad alguna de salvarse.

No confío en la persona que se encuentra cómoda “en su sitio”. Y no confío en lo que haya escrito esta noche porque es obra del demonio que uno sabe y de la sartén que uno no ha puesto en aquel fuego. El que no existía. Lo que dije era una novela. La chorruna.

Me he acordado, hablando con César, de una conversación de Burroughs -libro de conversaciones- al hablar de un relato de H. G. Wells. Alguien, a diferencia del resto, ve. Porque los otros, debido a una contaminación o algo, se han quedado ciegos. El tipo intenta, me parece, explicar a los demás lo que hay, que pasan de él (¿Naturalmente, no?), y termina diciendo algo así como: Ya. Pero es que yo veo.
Pues
Algo así.
Pero sin ver.

No, no sé qué es una novela. Y no sé qué es el bien.



lunes

SERO, de Ibón Larrazábal


La salud de Yurgi, protagonista de esta novela y en mitad del protagonismo general del otro (y su salud) y del nosotros (y la nuestra), se mide durante el tiempo en que Yurgi la afronta y teme, en un lugar en el que se rodea de "lo demás" y de un sí mismo que recuerda, por ejemplo, en la actualidad de las fichas que le concede una seguridad social repleta de una niña que va allí (por ejemplo, entre todas las camelias y el resto de la gente, el bien y su medida) todos los días a vivir esas mañanas de papeles y corredores que llevan a un lado u otro de un hospital que va creciendo de eso mismo y se asienta, en ocasiones, en la probabilidad de una razón que asimile su existencia allí.
Ante su lugar, uno sólo aspira en aquel a leer el mundo. Y yo lo he estado leyendo hoy en la novela de Ibón Larrazábal: “Sero”.

Uno, partícipe de la demencia que reina en lo que hace, nunca sabe quién es antes, si su enfermedad o el mundo, si su novedad, la calma -o lo que se parezca a esta-, los neones del día-noche, las proteínas totales, las palabras que elige la manada, las que repite, o si es antes aún, diría un tango, lo que fue aunque no sea suficiente y la novedad tampoco. Levantarse en el tejido de la cama donde uno es tanta verdad como en un autobús donde la situación de su caja de cambios pudiera ser relativa, y adivinar en el borde de esa cama un precipicio en el cual “el virus seguía allí, agazapado en algún rincón de su organismo, a la espera de un descuido de la guardia”.

Como dijo el otro que el otro dijera y dicho en las traducciones a su vez de muchos otros, toda enfermedad puede llamarse enfermedad del alma. Así, Yurgi “está bien” al tiempo que el metro en el que viaja ha descarrilado. El mismo carril o compartimento, móvil de escucha doble (o quíntuple como, en ocasiones, el cortauñas -que es una herramienta de escucha y proceder-) que nos ha traído a alguna parte donde vivimos con trabajo hasta el propio sitio del trabajo, doblando la paradoja que pudiera ofrecer un salario al arrastre al que pertenece el mundo, al caos que en su engaño crece, al que Yurgi le es venido. “Si le hubiera entrado en la cabeza que el ridículo nivel de sus plaquetas podría haber tenido como consecuencia que se desangrara por un mínimo rasguño.... no habría sido suficientemente fuerte. Habría tirado la toalla casi con toda seguridad”. Nos dice Ibón Larrazábal de Yurgi en su novela “Sero”, recientemente publicada por Odisea Editorial.

La recomiendo mucho para muy probable mejora de la educación que, oí decir a un sabio, es salud.

Lo mejor es leerla -porque además de este batiburrillo, suceden muchas cosas-. (La portada a mí... pichí; aunque, qué leñe, es también estupenda. Pero más por lo otro).

domingo

La peña va a peor


En la imagen: Manuscrito del mapa donde está enterrada mi obra maestra de la literatura y best seller mundial exclusivamente chinesca.


Leo esto en la prensa deportiva: Y el Atlético quiere ahora buscar las mejores marcas y determinar la estrategia de explotación de Agüero. El club pretende que no sean más de media docena las marcas que estén asociadas al delantero. Pocas, pero selectas y que tengan una gran penetración internacional.
No sé de qué hablan aunque permito intuirme lo que en gana caiga, mientras al tiempo escucho cantado por El Cabrero: sé la hora por el sol, me gusta el campo señores como al cuervo la colina.

Mi pajarito hoy, al sacarle de la jaula, se ha metido bajo un mueble. Ha descubierto e inventado que él puede hacer la noche.

Pienso que probablemente todo lo que surge sea un efecto debido a mis desequilibrios mentales.

Pero no es así. Son los demás.

El rico_trece, el de mayo, habla y llueve al mismo tiempo




Ayer iba a dibujar, después de Viejo_pera_115, a El increíble hombre que a falta de boca hablaba por las orejas debido a que tenía la parte exterior de la cara a la inversa y el sonido no encontrase por dónde salir ni tampoco por dónde entrar, pero no me salió y me quedé muy frustrado al comprobar que no era capaz de dibujar una cara que, se intuyese, estaba para adentro, así, como si fuera el interior de un sarcófago que no encuentra su resorte en el resto de aparatos que su cuerpo tiene.

Me pregunté cómo debía hacer para que respirase y planifiqué enchufarle una sonda e incluso a través de qué país, pero caí en cuenta de que no habría problema en que su nariz hecha hacia dentro -la que finalmente no hice ayer- tuviera sus correspondientes agujeros a cada lado de nombrado dentro (los agujeros, podría decirse son una frontera entre lo adentro y lo afuero). Supuse en un principio: tendrían que verse, para que aquel que lo viera no sufriese un ápice por El increíble hombre que a falta de boca hablaba por las orejas.

Pensé en ponerle un suero enchufado a cualquier hamburguesería y que esnifase él solo, mediante los citados agujeros que no tenían porqué verse, el ketchup, la mostaza y la salsa brava.
Me pregunté qué clase de ciego sería y si podría adaptar su voluntad a aprender a ver a través de una escisión en la quijotera, pero pensé que, a poco fuera pequeño el agujero, le entraría tanta luz que derretiría la correspondiente parte del cráneo, llegando probablemente el viso hasta el tálamo tras haber prendido como yesca la montonera de pelos que habían crecido hasta enmarañarse en las glándulas intestinales.
Le imaginé visitando con prudencia la taza de un showers, no consiguiendo sujetar los globos oculares al hacer fuerza en cualquiera de los muchos bidés.
Etcétera:
Se ata los cordones al revés al mismo tiempo...

Claro que eso ya eran muchos dibujos. Y los dejé para otro cuerpo.

El Hombre que a falta de boca hablaba por las orejas entretanto decía, asentado el pompón en la plazuela de la que le habían hecho duque, que el mal implica mucha diversión, precisamente en el arte, que siempre implica amabilidad, al menos cuando de la propia no salgan expulsadas de la viñeta sus palabras, que nunca saben por qué se sostienen las unas a las demás.


Autor: Rico_trece el de mayo llueve_15.

Adorable senectud

Una vez me imaginé que hablaba con una chica. Pasó un rato y pico. Luego ella dijo: Tengo diecisiete. Hubo un silencio pequeñito y luego dijo: Y medio.
Me apetece a menudo la idea de que la vida, por ejemplo, sea algo así, pero me es difícil separarme de mi melondro. Ante esto sólo se me ocurre una tontería que puede ser tan grande como otra tontería e incluso tres tonterías o cuatro, y viene a ser algo parecido a que es muy necesario ser idiota.

Hoy, que rozo la vejez, estaba meditando -que es lo que hacemos las personas ya de una edad-, sobre la idiotez en general y, he de admitir, el general me ha sorprendido mucho porque siempre viene del patio de mi casa que, no sólo es particular sino que, cuando llueve, se moja y todo lo demás. (Pueden hacer todos los chistes judíos que quieran, si así lo quieren).
Cuando el general se ha ido, sólo entonces, me he puesto a hacer los mismos dibujos que hacía cuando era cani. No son la caña.
Este lo he titulado: La idiotez es buena. (Pulsar sobre, sobre el sobre)





Luego, como no estaba la cena, he hecho un segundo dibujo, esta vez en un folio.






¿Qué opinión le merece a usted? Porque yo le voy a contar la mía.
Es más estúpido y sobran esas letras del cartel (hubiera quedado mejor "insert coin" como en el anterior), y una jeringa y una pistola. Estoy seguro de que el fallo del total se debe a que lo he pensado antes de haberlo terminado. Es decir, que cuando lo he terminado ya me había hecho gracia antes.
Esto, que puede pasar por una tontería más dentro de la tontería general de la historia de nuestras históricas tonterías, creo que es una que, trasladada al de amoral amore, como mínimo ha hecho que muchas parejas no funcionasen “con el tiempo”.

Claro que, estas cosas las digo, sin duda, porque soy una persona mayor y, posiblemente, porque la chiquilla del principio -la de la imaginación- era mucho más lista que yo.
Más o menos así (y en esa época):






Me pregunto quién será el idiota que recuerda aquello.


Se me había olvidado firmar: Por Viejo_peras_115

Joder Calisto (parte primera aún... SOBRE LA BELLEZA Y LA COSTUMBRE)


Hablaré sobre la belleza. Me alegra que esta primera frase les haga gracia, porque a mí, desde luego, me la hace. Lo cierto es que lo voy a intentar.
Hace miles y miles de años alguien que posiblemente tenía hambre hizo un graffiti en una cueva. Sus compañeros lo vieron y dijeron: Hostiáaaaa!!

Ahora contaré lo que viene después, pero me gustaría invitarles a la reflexión, planteando en pregunta una afirmación que el maestro Gombrich hace en el prefacio de su best seller La historia del arte contada por E. H. Gombrich, la siguiente: ¿Es cierto que cada artista considera que ha sobrepasado a la generación anterior a la suya, y que desde su punto de vista ha ido más allá de cuanto se conocía anteriormente? Gombrich utiliza esto afirmativamente de una manera explicativa para contar otra cosa que, claro, no es desdeñable, sino que es su Historia del arte, y esa “otra cosa” no viene al caso en lo que me gustaría preguntar, que es: ¿A ustedes les parece superable aquel “Hostiáaaaa!!”?
Hace poco Eva (mi chica -la de ahora-, quiero decir, no estoy hablando del pecado original) me enseñó un libro escrito por la profesora que le lleva el doctorado, -¿por qué dejar de suponer que un profesor de universidad puede escribir libros?- titulado “Esto no son las torres gemelas”, acompañada su portada de una especie de serigrafiado impreso del sombreado o línea de dichas torres, en una broma suficientemente provocativa (eso por no hablar de las primeras páginas del libro -las cuales ojeé-).

¿Pero usted no iba a hablar de la belleza? Es cierto, cualquiera diría, con razón, que uno se está embrollando. ¿No les parece esto muy paradigmático tratando este tema en particular?

Imaginen por un momento a tres tíos semidesnudos en una cueva durante el periodo glaciar después de paparse a un bisonte. Mientras uno le propone a otro con gemidos guturales que si se hacen unas chorbitas, va el otro y, con la sangre del animal que aún le sale de las encías y la ayuda de un palo con tres pedrolos afilados a base de leches, pinta el animal en la pared. Y uno de los otros le dice al otro con gemidos guturales: Oye, olvida lo que te he dicho con los otros gemidos guturales, los de antes, sobre hacernos unas titis.
El caso es que estamos hablando, seguramente, de familiares nuestros.

Esto va a dar para muchos post, me temo, en estos momentos en que al tiempo me pregunto para qué carajo se me ocurrió abrir un blog (en mi pueblo me llaman insultador -aparte otras cosas-, en el curro un falso vagazas, en mi casa un adicto al internet, las películas violentas y probable asesino en serie, en la seguridad social un esquizofrénico, en la facultad de bellas artes otro esquizofrénico distinto, en mi editor soy un roba-peras, en mi peluquero un charlatán sin futuro, en el bar un entra-niñas sin entrañas -es un chiste malo, al bar sólo voy a comer montaditos de tortilla-, y la que dije que era ahora mi chica tiene, a día de hoy y de mañana, un trabajo que la ocupa mucho tiempo; encima, estoy con buscapinas para el riñón. La única persona que me considera apasionante es mi psiquiatra que, debido a los cheques concedidos por mis padres hace años, desde luego, aún tiene para unas pequeñas vacaciones en cualquier rincón de Malasia).

Hace no mucho he descubierto en tres blogs amigos la imagen del David de Miguel Ángel. En uno de ellos, el de Irene, dije que una vez estuve viéndole y “me parecía” un impertinente, lo cuál es mucho y poco decir.
Recuerdo que estando en ese lugar de Florencia levanté el melondro y vi el David. Bien. Inicio del siglo XVI. Muy majo, de buen ver, seguramente de buena familia. Según el famoso libro de Gombrich, tras la “Conquista de la realidad” -¿Había que conquistarla?- viene la “Consecución de la armonía”. ¿A qué le suena a usted esto último? -porque a mí me suena a opiáceos- El ejemplo que ya saben, por ejemplo: David de Miguel Ángel.
¿Tú cómo lo ves? Pues oiga, desnudo, de piedra, grandote ¿Mármol, cierto? Y pensé en mis tatatatatatatatatatatatatatatatarabuelos (¿Hace ruido esta metralla, eh?). -Es que aún no había leído a Platón, cosa de la que, debido a la histeria practicada, fundamentada y representativa de ciertos lugares, hube de ocuparme durante mi breve periplo universitario-. Entonces, ante David, al colega de al lado -que también tenía granos-, en lugar de hablarle de lo sublime, le hablé de lo urgente, es decir, le dije que fuéramos a comernos una pizza y mirar unas troncas, que en la galería esa de la academia hacía un frío del copón. A lo que él respondió: es por el mármol.

Joder, Calisto, cómo las soltaba el tío. Me preguntó qué pasaba con no sé qué chavala. Tampoco se me ocurrió hablarle del simbolismo. Es por el mármol, joder Calisto.

sábado

Coser y cantar


¿Quién no ha soñado alguna vez con estar sedado en el camastro de una sala quirúrgica y, en el momento de levantarse, dar cuenta de que no puede, entre aspavientos de las pantorrillas, porque está atado, aunque sabe que no está funcionando la anestesia en el preciso momento en que Juan Luis Panero, con un escalpelo en la mano, se dispone a ocuparse de nuestra fimosis con infección?
Las chicas es probable que menos.
Yo, en cambio, siempre sueño eso, no varío mucho. En mis recuerdos fue un hombre marroquí, amigo de mi amigo, profe y vecino Salmán, quien me operó. Salmán les preguntó a mis padres por qué yo ya no bajaba a la piscina y mi padre le dijo que me dolía el pito y que tenía escozores, lo cual era muy cierto. Mientras me rascaba, porque oigan, picaba, en la tele veía el vídeo aquel Thriller, con Michael Jackson. Los picores eran una cosa bastante patológica, créanme, y esto lo digo dejando a un lado el video donde resucitaban los muertos y bailaban, como es sabido, de una manera muy imaginativa.

El amigo de Salmán subió a mi casa, bajé el pijama y los calzones, él echó la carne para atrás y después me dijo que mordiera una toalla. Y la mordí.
(Sé que puede ser poco interesante, pero poco tiene que ver con el inicio de mi sexualidad que, efectivamente, es menos interesante.)

El caso es que en el sueño del principio aparece Juan Luis Panero, que es un escritor como de gesto mohíno y carácter eeeh ¿?, y tiene un bisturí y un traje verde y blanco que tampoco se trata del uniforme del Betis.
Estas cosas de las fimosis son delicadas, pero si hay infección también. Un día se lo conté a un psicólogo y me dio tres tarjetas.
Nunca me he planteado, me parece, hacer una sesión de psicoanálisis. Aunque sí me gusta que mi camello me atienda en un ático y, tras charlar un rato y ofrecer un cheque, me firme unas recetas para que haga uso cabal de ellas, como no podría ser de otra manera.

Pero la fimosis con infección es la fimosis con infección. Es probable que haya alguien a quien le sirva que esa infección pudiera ser fruto de una especie de deseo muy reprimido que se soluciona con prostitutas o -rizando la broma- con bromuro. Pero a mí no. Y menos después de la fimosis, acaecida cuando yo comenzaba a tener uso de... no quiero oscurecerme, yo era un criejo y no entraba en mi secuencia informativa que el pito pudiera tener infecciones que, además, pudieran sanarse. Entrar en una consulta donde había un montón de chismes puntiagudos y salir con un cimbrel la mar de sano tampoco formaba parte de mi imaginación de entonces.
¿Se imaginan, caballeros, un pene que fuera “sublime sin interrupción”? Porque a las damas ni se me ocurre preguntárselo.

Dijo una cosa Umbral en el estupendo Retrato de un joven malvado a propósito de la cultura en general que se puede transcribir aquí con respecto al psicoanálisis y con mejor gustito al propio sexo, claro: Le hemos dado más importancia al humo que a la locomotora. A lo que añade: El humo dibuja formas bellas y gratuitas en el espacio, y luego se borra todo.

A otra cosa, que hoy no hay copa -nótese que no he usado otra rima que, en este contexto, considero de gusto aún menor-:
¿Por qué Juan Luis Panero? A lo mejor es que me acuerdo de la película esa. No lo sé.
Todo el mundo sabe que Paco Umbral se operó solo la fimosis en el cuarto de baño de su pisito de Argüelles, con una caja de costura y la ayuda de un cristal de espejo con forma de daga.
Yo podría haberlo hecho pero, cuando me acuesto veo, en ocasiones y como ya digo, a Juan Luis Panero. También me asustaría imaginar a Umbral, no crean, por mucho que aprecie muchas de sus obras -libros y artículos (procuren, siempre por supuesto que así lo prefieran, no dar tanta rienda suelta a su imaginación)-.

El amigo de mi amigo Salmán, después del altercado de la toalla en mi casa, me citó para la consulta esa de los chismes puntiagudos y me cosió el pito.


Una cosa normal y corriente. Lo del otro mundo es, por ejemplo, Juan Luis Panero.

Desde entonces siempre tengo el deber de estar agradecido a mi amigo Salmán. Pero, ay, hace unos diez años que no le veo.
(Y ahora a echarte novia, me decían los socarrones, incluido mi padre; pero si tenía diez años, quiero decir: por muy sanas que estuviesen).

martes

"La fe siempre es actual, las bicis no caen del cielo"


Una vez, no hace tantos post, Ratzinger iba a venir a Navatrasierra. Sí, han leído bien, Navatrasierra. Me explico entre paréntesis: (Un pueblo estupendo de gente salada y salerosa, de gracia pura graciosa, más amena que los teléfonos móviles, guapa de aúpa, alegre de estar alegre y relega alegría y agreste de campo y sana como las peras. Un lugar donde voy al bar y mi amiga Paca, soltera, con júbilo y ya jubilada, desde el otro lado de la barra, me ofrece, a la tercera, San Miguel o Mahou -lo que yo elija- a cambio de un soneto menor que hago en una servilleta mientras bebo y en el que ella será la protagonista. Un pueblo maravilloso. En realidad, las fotos que hice del otro, ahora son de sitios de la Nava, que es como los forasteros llamamos a ese pueblo que nos trata bien porque, total, vamos allí a pasar el poco rato del que disponemos, a charlar con nuevos amigos, familiares o quien sea al tiempo que invertimos en botellines, con lo cual mejoramos el PIB -un producto que en seguida asimilamos los de la brutalidad que viene del exterior- y la gente está contenta y se le nota. No como, por ejemplo, Candeleda, donde estuve una vez y no me pasó nada de eso.)


Iba a ir Ratzinger a Navatrasierra en aquel post, y el alcalde globalizado -entonces llamado Laszlo Ravirov, hoy Monsier de Purín-, dijo que no podía, que estaba malo con gripe, y los del pueblo casi le linchamos por ser tan memo. Porque eso no se hace. No, desde luego, a Ratzinger. Con lo que queremos a Ratzinger en este pueblo. Si yo le contara.

Bien, pues Ratzinger vino a la Nava. Preguntó por Induráin, el de verdad ¿Qué ha sido de ese icono del patio de esta casa? Todos tenemos un Induráin en la cabeza y en Navatrasierra también. Induráin subiendo los Pirineos eran los pulmones múltiples de una España donde todos veíamos el tour con un purito en la boca -también los de doce y trece- y decíamos: Este Induráin es todo casta ¿Sabes cuántas pulsaciones tiene por minuto? Por eso es así de grande. Induráin, como Picasso, tuvo varias épocas, una amarilla (tour), una rosa (giro) y la otra (se podría catalogar de cubista a la vuelta ciclista a España). Luego, tras Induráin, se nos pasó el ciclismo y en Navatrasierra también. Ahora todos recordamos que el día de los enamorados (14/02/04) supuso la muerte de Marco Pantani, El Pirata-Cobaya, el Lenny Bruce del ciclismo que pagó las consecuencias de un negocio hecho a la medida de las grandes industrias farmacéuticas. ¿Qué opina Ratzinger de tan noble deporte? Nada, a Ratzinger sólo le gusta el fútbol. Eso me dijo. Esto es como la religión, y no se puede mezclar una con otra porque eso es vicio. O eres de Jesús o eres de Confucio o eres de Mahoma o eres de Buda o también están los mormones, que son como el Aravaca club de Fútbol. Te puedes tomar unos chatos allí. Aunque luego, ya sabes, a coger la M30.

¿Y de qué equipo eres Ratzinger? Pues del Santos ¿Me has puesto a güevo el chiste, eh? Pues sí. Allí jugaba Pelé. Otro enorme. Yo amo los deportes casi tanto como a Navatrasierra (Ratzinger dixit).
Todo eso me decía, ya digo, Ratzinger antes de dar su discurso.
Y añadió: Es mentira, todo; dijo un chino del siglo X que las nubes no necesariamente están cargadas de buenas intenciones.
Me acordé de don Teodoro cuando nos daba las clases de ética y religión.

¿Quién del Liceo Pastilla no recuerda la clase de don Teodoro en que nos dijo a los de 7º de EGB que decir hijoputa no era malo si no se hacía con mala intención?
Don Teodoro, don Teodoro, tengo una pregunta (decía uno, que era el pimpollo de las preguntas porque así se ganaba el respeto de los que nos vendían trispis), pero es que la madre del Boni es puta de verdad, de las que venden su cuerpo a cambio de dinero ¿Entonces, cómo le digo hijoputa al Boni sin mala intención? Y don Teodoro respondía: Pues se calla y se aguanta. Y metía, "con buenas razones y de más si hace falta", una leche y fuera de clase mientras el hijoputa el Boni se escojonaba desde la segunda fila de pupitres.

El discurso de Ratzinger fue un plagio de “La nueva creación en Cristo” de san Agustín, a quien no citó porque en la Nava no hay quien no haya leído esa obra en particular de san Agustín, a quien se le quiere tanto como a Ratzinger, y puede entenderse como ofensa que, tras el plagio -conocido como homenaje por todos los asistentes-, encima hurguemos en el cristal de la llaga diciendo el quién ha puesto más para la iglesia o el quién midió el vino del cáliz.
Tuve ocasión de decirle en el bar que en los restaurantes de Segovia, donde a la entrada no faltaba jamás la foto de Perico Delgado posando junto a los camareros, la misma -ísima-, estaba desapareciendo. Que un día que fui a Segovia a comprar lotería vi a Perico por la calle y era entre el vulgo un perdido. Ya no había quien le parase, quien le pidiera un autógrafo para enseñarlo en el bar y decir a los colegas que había estado con Perico (en el bar donde de inmediato el dueño enseñaba al grupo la foto firmada y les decía que no eran los únicos). Y la foto que tanto unía -o vendía-, no sé si queda bar donde la hay. Que las nubes pasan rápido, como decía el chino, y viene el claro a mostrarnos lo que somos cuando no vivimos en penumbra: múltiples Diógenes que, con antorchas en la mano, buscamos toparnos con el Prometeo que somos y lo encontramos subiendo a pedales la sierra como nadie podría hacerlo.

Después de eso, Ratzinger me absolvió con las palabras "La fe siempre es actual, las bicis no caen del cielo" y me dijo que ese Perico se lo ha montado muy bien y que, además del Santos, le gusta mucho el atleti y, tras una colleja cariñosa de las que se dan al Boni, ha añadido: ¡que ya sois de champions!


Autor: Convulsivo_de_La_Nava_18

Ivan Ilich y nuestra comunidad (En construcción) -ya deconstruido-


Vanessa dará una clase sobre Ivan Ilich. Yo soy Ivan Ilich, le he dicho. Y no me ha creído, me ha dicho que no sea tonto (no más, intuyo se refería). Es cierto, si cualquier otro muerto se animase a desenterrar a Ivan Ilich, sabría en un primer vistazo que soy yo. Diría: Coño, era este.
Y Vanessa hace un rato ha ido a dar su clase sobre La muerte de Ivan Ilich, sus cosas (las de Vanessa) y las cosas. Ha ido a dar su clase Vanessa y yo me he acordado de las palabras de aquello de los cuadernos de MLB de Rilke, cuando afirma que tener una muerte propia es tan raro como tener una vida personal.
Si algún muerto me desenterrase, yo me iría a jugar al fútbol al parque del barrio.
Estaría detrás de uno con balón, persiguiéndole y sabría que él es un Ivan Ilich invertido, el Ivan Ilich que no soy yo y que se dirige hacia la otra portería, la que -esto es verdad en la teoría pero no necesariamente en la práctica- defiendo yo, Ivan Ilich.
(He escrito un post que había iniciado en el hotel de tres páginas al volver a casa. Había salido una cosa graciosísima, en directo, sin pasar de world, pero se me ha borrado al seleccionar sin querer intro para meter una foto) ¿A que no te lo crees? Pues yo tampoco, pero me va a dar la noche. Intentaba escribirlo de memoria pero no hay manera. Mañana lo intento de nuevo y reinicio este post fantasma, aunque sea otra cosa.
Ahora mismo ni sé quién soy, y menos aún quién es Ivan Ilich.
Como dice un amigo, que la superstición nos cure del destino. Porque sólo se me ocurre irme a la cama.

Retomo (día siguiente miércoles, es decir, el que no sale en la fecha del post): Hoy me acuerdo menos todavía.
Dicho lo cuál, no voy a escribir mi día de ayer sino mi autobiografía:

No recuerdo qué es lo primero que recuerdo, ahora mismo lo primero que he recordado tras planteármelo -lo de recordar- es que ayer hice un post larguísimo en el que salía el hotel, Schiffrin, Vanessa, Marta, Twiggy, Desiree, Manuel, Eduardo, Olga, Rafael, Evucha, Alfredo y Patxi.
Así que voy a empezar desde el final. Hoy estoy retomando esto.

Posibles preliminares: Fui al colegio, iba a por el pan, iba a La Calera, iba a V..., crecí, era flaco pero más tarde bastante menos -aunque, amenazo, volveré a ser flaco (huelga: y usted también)-, tuve que cambiar de colegio porque en octavo se acababan los cursos del de donde iba, luego me fui a artes aplicadas y oficios -aún hoy no sé con exactitud lo que quiere decir “aplicadas” referido a ese lugar-, dijeron unos médicos que yo era esquizofrénico, luego que no lo era; luego, al sacarme un tapón de cera, el otorrino me introdujo cerca del tímpano un altavoz miniaturizado y empecé a oír órdenes referidas a cosas horribles que ni siquiera se le ocurrirían a Bush o Fritzl como “escribe sobre tu pueblo”. Su error fue no utilizar inalámbrico, así que sólo tuve que seguir el cable para llegar hasta un aparato de radio-aficionado situado en el cuarto de baño de la consulta del ya nombrado otorrino. Me fui de ahí. En la universidad tomé cañas, dije piropos a las chicas y cosas así y luego trabajé en una granja escuela preparando mesas y sirviendo comida a chavalines de 5 a 12 años cada día distintos y los mismos, como Ivan Ilich y como yo y Hombre de barro. Y ayer estaba escribiendo algo así y perdí un escrito que ya se me ha olvidado. Hale.

Hoy voy a estar en casa todo el día. Ahí va el micro-relato que voy a hacer titulado "El asesino de Ilich, entre otros": Cometeré los asesinatos más impíos, aquellos que me ordena mi otorrino desde el chip que me ha colocado cerca del tímpano, despellejaré los cadáveres y haré pasar cada trozo de pellejo por lonchas de jamón de york. Me reiré mucho preparando los sándwiches para quien se me ocurra. Escribiré una autobiografía que se titule como el libro de Tolstoi y, todo ello, lo haré con las puertas libremente cerradas.

Pero ayer iba a hablar de Ivan Ilich. Él inició junto con su hermano, el menor, sus estudios en la universidad de derecho. Pero fue mucho más allá. Ivan Ilich terminó la carrera y también se enamoró. Y fue más allá. Tuvo hijos... y, como se sabe desde el primer capítulo del libro y desde el propio título, con el transcurso del tiempo, volvió a ir más allá. Podría haber sido usted, pero no lo ha sido. También podría haber sido yo, pero... como dicen en una humilde y sabia aldea situada en la frontera de Villapalos ¿Eso de lo que hablas es un libro, no? Blanco y naranja, en la edición que yo tengo, señores míos.
La historia de la vida de Ivan Ilich había sido sencillísima y ordinaria, al tiempo que terrible en extremo.

Ayer inicié un texto.
Lo terminé con unas palabras que Vonnegut (que está ahora en el cielo) dejó escritas en Un hombre sin patria. Estas siguientes "Los humanistas servimos lo mejor que podemos a la única abstracción con la que estamos familiarizados: nuestra comunidad".

Venía a decir que Ivan Ilich, antes de ser yo, por ejemplo, era un humanista. Hoy no sé qué entender por la palabra humanista. Eso tampoco significa que en este momento no esté enfrente de un teclado y monitor ni niega que el post que escribí ayer era con total seguridad lo mejor escrito en los alrededores de España y España desde el concierto de Aranjuez.

viernes

Arrieritos


Sentado. Quieto, tras el café, un enemigo es tan práctico como pudiera serlo cualquier deidad espiritual. Entiendo por espíritu lo que he comido hoy con mi familia sentado, antes del café espiritual de ahora al que, de vez en cuando, doy sorbos. Por enemigo entiendo un amigo al revés. Entiendo por alguien, un átomo inestable (un yo prolongado, es decir, un vacío reciclable). Entiendo por inestable el café al que doy sorbos, de vez en cuando, hasta que se acaba.
Sentado. Quieto, tras el café, el estómago es el término medio de la poesía.

Hace poco oí a personas culturales hablar de poética. Me interesé de inmediato debido a mi hobby de escribir y me acordé del estómago.
¿Qué es una poética, entonces, pues, en medio de la poesía?
¿El píloro?

Luego he recibido un mensaje del Excmo ayuntamiento del lugar que reside en lo más hondo de mi corazón, entiéndase: cercanía de la válvula aórtica o bicúspide. (Esto hoy no sólo suena irónico, sino que lo es -a partir de ahora, si no quiero pertenecer a las cenizas de la hoguera que reside en un barranco llamado inglés o francés y que hay por el camino a Roda de Eresma, debo dar explicaciones de qué es cada cosa y qué las demás; discúlpelo el lector otro que tan sólo entra a leer relatos e historias -las que procuro- completamente disparatadas e inofensivas donde, a diferencia de lo recreado en... ay, casi he vuelto a decir el nombre del lugar, el que existe sí, no, he prometido que nunca más voy a mencionar el nombre de Val... ay, por un pelo, valeriana quería decir, lugar cuya visita a su página "real" puede hacerse, desde que aparece este sitio, en los links de su derecha; perdóneme, Sr. lector (unas veces anónimo, otras menos), y por supuesto sólo si usted quiere-).

Mensaje del pueblo esdrújulo: (es que también hay otro al que creía pertenecer, que es el llano o grave -el agudo sería el que está por afilar-).
Usted loco y dañino tonto, enfermo aparte ese chico quien es para hablar de nosotros y vamos a hacerle los galgos. Echarle los galgas. En cochiqueras, con culo y luego y con los cardos meter y salí. Saca y ríe de usted como hace usted, dañino a la barranca con troncos etcétera etcétera palabras de octubre de usted -el "quién es"-.

(Y uno se pone a mirar escritos del año pasado a ver dónde está la fierecilla... pues no la veo, leen ustedes mucho mejor de lo que yo escribo en mi blog los días que me hace, de verla es de esas que sólo ladran cuando se asustan, como unas cuantas que he conocido -se sabe que tengo un loro (sabe ladrar) y mi tita un perro- a ver si se van a pensar que me estoy refiriendo a las señoras que me han llamado nadie o criminal -en lo de nadie, probable sería uno mismo de conceder ese uso a la razón, y eso de sospechar que este existe, al uso me refiero, porque la razón es toda para ustedes).

La referencia del caso "Quemen a la sabandija", uno supone, está en este lugar -común lugar- del internet. Un lugar del que hasta hace poco sabía, entraban 4/10 colegas a decir algo y otros 4 a leer.
Como mínimo, hace gracia. (Permítanme, no obstante, que no me ría, señores alcaldes -¿porque son ustedes varios, no? es probable que yo, al "ser borracho, puta etc...", vea triple-, después de los insultos referidos hacia mí y hacia mi amada familia, supongo, uno puede permitirse algún chascarrillo ¿verdad, señores?).

Les contaré algo muy breve con respecto a sus maneras:
Una vez entré en un chat y una persona llamada Multiorgasmico_116 me dijo: Bueno, es que usted no sabe quién soy yo.
¿Obvio, no? ¿Usted qué opina querido Watson?

Yo no escribo -excusas-; es un mono. A mí me pueden llamar lo que ustedes quieran. Pero el mono está comiendo. ¿Y qué comen los monos? Los monos comen más monos.
Si una magnífica persona se procura descontenta con los escritos del mono, se lo dice a su mamá. Mamá se lo cuenta a otras mamás, entre ellas mi mamá, que me castiga sin playstation. Las demás mamás, como es natural, expresan (¿expresan o emiten su impresión?) su descontento, elaboran una poética cuyo patrimonio es un Yo, pero el "mío", no otro, aunque pudiera llegar a ser el mismo en, por ejemplo, un escrito metido en internet.
Yo, el que toma café, mientras, le dice (le digo) a su (a mi) mamá que ha sido el mono, que no me castigue a mí.
Lo que pasa es que al mono se le castiga, y va y se pone a escribir.
Esto, que podría llegar a resultar de una complejidad estimable, no difiere en exceso del funcionamiento de estructuras tan llamativas como las de una administración Bush, un Vaticano o la redacción de la revista Hola.

Respecto de la poética, es como si:
"He leído de una deidad espiritual (en un libro) que El Yo se disuelve en contacto con el paraíso. Y me he acordado de la humanidad".
Pero bueno ¿Qué sentido tiene esto? ¿No estará usted pensando lo mismo que yo?
Porque yo no pienso nada.

¿Qué es una poética? Pregunto (digo lo de Pregunto por si acaso a alguna otra persona le pasase como a mí, que no viera en ocasiones los signos de interrogación).


(Como no hay más café iré donde mis pequeñuelos. A estas horas, seguro que están con la televisión. Les contaré lo de los monos. Les preguntaré qué opinan. Consuela la probable llaga -la que inventará aquel que así lo quiera- el hecho de estar con ellos. Al fin y al cabo, animan, decía, ofrecen consuelo las palabras que se traducen del poeta francés, lo de que los niños cumplen ese milagro adorable de seguir siendo niños al tiempo que ven a través de nuestros ojos.
Y me sentaré a tomar un whisky.)

La verdad es que lo siento muchísimo, pero no hace falta que me crean (¿Supone esta última frase echar más leña al hielo? ¿O ya ha prendido más de la cuenta que la vieja de la famosa otra cuenta?).



PD: Si quieren venir a pegarme recuerden que es el octavo, a ver si se van a poner a pegar al vecino y, oigan, no es cosa. Que luego encima habrá quien diga que la culpa la he tenido yo, que he escrito mal la dirección.