martes

Mamá y los malos


¿Te imaginas nacer en un hospital? Yo no, aunque me han dicho que es algo que me ha pasado. Y yo me lo he creído. Cuando me preguntan dónde he nacido digo: en un hospital. Y el otro dice: Anda, y yo. ¿Y de qué hospital eres? Pues del de tal. Ah, pues yo no, yo soy del clínico de san Carlos. Vaya. ¿A que sí? ¡a que vaya! No, si es lo que yo digo.
¿Y a usted quién le cortó? Etc... etc...

Me ha venido esto a la cabeza debido a que, a veces, por hobby, cuando considero que debo descansar y un error servirme un whisky (que pueden ser dos o, a lo mucho, tres y, luego, hasta es probable, cuatro), pues leo libros de, por ejemplo, filosofía.

¿Usted qué hace cuando tiene un día para descansar de los whiskies del anterior, cuando decidió que era hora de festejar el final de jornada en la mina del día anterior al anterior? Bueno, usted no sé, yo leo a Lévi-Strauss, ya me entiende, las estructuras transformales e inconscientes del espíritu humano, la etnografía y, todo eso, en la cama con el pijama puesto. Nada de tonterías ¿Y a usted le sirve? Pues claro, hombre, cómo no me va a servir Lévi-Strauss. Estaría bueno.

No, si coincido.

Pues eso.
Si el universo se expande, uno no va a ser menos como, usted sabe, dijo el humorista ruso. ¿Y su mujer, cómo anda? Pues leyendo a Catulo. Ya se sabe, las mujeres. Es terminar de comer y un vicio con el Catulo que le tengo que decir, “pero toma el café tranquila, para un día que no está el niño”.

Bueno ¿Y además de eso qué hace?
Pues ya sabe, los días que toca, sabe que soy el bedel del Hotel Kafka. Hago recados, pongo bombillas, cambio el agua a la máquina de café y más cosas de esas, ya le he dicho, esto no es jauja, la vida hay que ganársela. Por eso no me acuerdo de lo del hospital ¿Usted sí? No, a mí me lo han contado. Pues a mí también. Clínico san Carlos, no le digo una cosa por otra. Incubadora de lujo etcétera, médicos, enfermeras y cosas de esas. Mi madre también estaba, y mi padre y mis abuelos y mis titos. A mí es lo que me han contado, usted imagine lo que quiera.

Luego tomo whiskies, alguno o dos o incluso tres, o voy a Valseca y hago más o menos lo mismo, como este fin de semana. ¿Por qué? Pues por amistad; por tradición, la elemental, no crea que otra. Claro, no olvide que mientras ella lee a Catulo, yo le doy al Strauss.
Y él dice: Su vida es meritoria.
Y yo me lo creo, claro. Como dice el dicho de la iglesia católica: Hasta que no se demuestre lo contrario...
Ajos come.

Pues eso. Que hoy nos tomamos un whiskito, que viene el puente de Mayo con sus flores a Virginia.

Ah, por si no se me olvidaba, caballero: "Sobre mi colcha encontré el carnet de baile de mamá y camelias blancas como jamás había yo visto y que coloqué bajo mis ojos cuando sentí cuán frescas estaban."

lunes

Bayer


En la foto: Anterior sala de operaciones (corporativa S. A. de the Semental Creature)


A día de hoy, último lunes de abril 2008, respira sin dificultad muy a pesar de la fatigosa arritmia que amenaza pero finalmente no procura el pueblo que vienen retratando en este lugar pequeños e indeseables monstruos.

He ido a Valseca y no he llevado la cámara de fotos. He preguntado por La semejante criatura y habido ocasión en que se ve mejor hecha y, en una misma dirección no necesariamente contraria, deshecha por el desfase interpretativo al cual se somete esa fierecilla de labores en que crece y se asimila el propio lugar inventado que reúne esta redacción en una sola cabeza donde cabe la copulación -y hasta la manipulación copulativa, así como otras invenciones “de género”-.

Esto, en su vertiente natural –la que peca de viciosa, entiéndase-, incita a lo real; y lo real, a esta redacción, una vez superadas las anginas -por no citar más que entre guiones las obligadas menstruaciones cerebrales (resueltas no más en inofensivas migrañas)-, provoca toses, tirones en la espalda, algo de agujetas y, en ocasiones, ganglios.

Pero la relación, necesariamente oscura; conjeturable, no obstante, en los límites del mundo (límites del lenguaje) entre lo real y su posibilidad está trayendo una inocencia recreativa que, como el resto de inocencias, ha existido sólo como acceso a su acabado (salvo, claro, en lo posible, que es lo que concede un lugar -y difícilmente una razón localizable en el plano- a la bulla, y ello a lo mencionado más arriba que, además de los malestares nombrados, también trae urticaria y, a lo bobo, limita con lo trágico, y eso sólo cuando no se jacta de ello).

Otra cosa es que no sea día de escuela y toda la redacción nos juntemos en este edificio antiguo y paranoico para, tras avanzar antorcha en mano entre las manadas de murciélagos que, a momento de ahora, cubren teclado y monitor, acceder a manejar la batería de la computadora y conferir luego al qwerty un orden que, en su natural azar, ofrezca rato a nuestra cita y, ya puestos, hasta realidad mirando este cielo que hoy, desde los agujeros de las amplias habitaciones que hay acá, adivinamos clarete; nosotros, miembros a numerar -y remunerar- de la redacción, poco honorables y mejor amenos en nuestra versión bruta que en el vicio versionado de lo ajeno. Nosotros que, gracias a la caridad del otro, del ajeno, usamos las botellas de oxígeno recargables que son enviadas a la antigua redacción -la existente- con gorras de minería puestos, y un mínimo de dos metralletas marca Uzi en cada mano.

El proceder de don Eduardo


Don Eduardo, cada día, abre la ventana de su habitación y ve el cielo.
¿Cualquiera lo diría, eh?

Todo se divide, pero en sí mismo. No está de más recordarle a una hidra la posibilidad que aguarda en el vagabundo relicario del chotis cabezal del, en ocasiones muerto, animal Malone. Ante el quinto café de primera hora de la mañana, don Eduardo se asimila completamente de acuerdo con este modo, hasta que se enfada porque falta orden aquí y allí y, al decir “allí”, señala cualquiera de sus dos sienes.

De haber nacido hidra, don Eduardo, a buen seguro hubiese ido decapitando –haciendo uso como único arma de cualquiera de sus otros cuellos a modo de cascanueces- cabecillas propias con el empírico afán de ver qué pasa, qué ocurre, qué es el mundo sino este sillón con ruedinas que le lleva de izquierda a derecha y de derecha a izquierda mientras intenta averiguar qué cabeza era primera, cuál la original, la que da sentido a las otras y ordena sus decapitados.

Pero don Eduardo no es una hidra. Si lo fuera no llevaría a estas horas (6:45 morning) siete cafés solos sino, probablemente, un solo café en siete tazas (caso de poseer únicamente la hidra siete cabezas bebedoras de café).

Dicho de otro modo, coloque siete tazas vacías de manera circular en una pila, rozándose unas con otras o bien no, según la extensión de la absolutamente imaginada pila. Esto, sostendría don Eduardo, no evitaría que el desagüe atendiera, (de una manera completamente independiente, incluido ello en el del todo supuesto caso de ser tapado por cualquiera de ellas, al centro formado por las siete tazas), a su normal, autónomo funcionamiento.

“¿Quiere comprobarlo por sí mismo?” Dice todas las mañanas don Eduardo “Vamos, gire el grifo”... “Gire el grifo, coño”. Y la hidra lo intenta, como cada mañana, sin conseguirlo. Sabe don Eduardo que, por mucho empeño le ponga, la hidra no tiene manos e, incapaz de atinar con cualquiera de sus enormes cuellos-cuerpos, siempre se va de la cocina sin conseguirlo, agachando sin excepción todas y cada una de sus cabezas; entiéndase: las que no se ha comido aún don Eduardo.
Porque don Eduardo es una persona responsable y, como todas las demás del mundo, necesita buenas energías para empezar el día.

viernes

Mitad Torrefacto


A veces Eva hace café los días que vengo. O Ana.
Ambas saben que una cocina es alguien loco, peligroso y desquiciado donde, una vez dentro, se termina llevando la vida de la cafetera en marcha que son Eva y Ana juntas.

La cafetera es un artefacto temible y tiene aristas que, colocadas de otra forma, describirían el perfil, harían, sí, el retrato robot del maníaco que soy yo cuando estoy en su cocina.

Cuando el testigo me señala sé que no se refiere a mí sino a la maldita cafetera. La que utilizan Eva y Ana cuando hacen el café. Eso se lo he dicho a todos los jueces que conozco. Ellos también son personas normales que tienen cocina. Personas que saben del maníaco que enciende los fogones mientras el otro, el inocente cómplice del guiso, con un desconsiderado giro de muñeca, se dedica a hacer el longui, a ver el sol con el rabillo.
El sol, reflejo en la cafetera, pareciera el camino que señala la salida de la cueva que uno, sin embargo, vuelve a buscar, sentado y con la taza ya puesta, en el final de un café que, me lo ha dicho antes del sorbo (yo el café lo tomo con pajita), se cambiaría constantemente por cualquiera.


Tomo café en el salón, tranquilo, un viernes. A veces está Bobby.
Dijo Umbral que dijo Blake que si el sol dudase un instante se apagaría. Entra el sol en el saloncito y no sé si va a beber de nosotros antes de darle al café, pero padezco esa impresión de mejor mal que me indica que, si Bobby dudase un momento, seguramente todos nos apagaríamos o, si no, solamente el mundo.
Bobby y yo nos entendemos sin el idioma. Nos sobra como al pajarillo las clases de canto de la señorita Inés. Bobby es el amigo que sabe las cosas después de andar. Yo, en cambio, le pregunto primero a la cafetera. Soy un Hamlet de cafetera -porque la calavera me da peor rollo y ganas de asesinar a toda la corte de pelo-. Ay, cafetera, cafetera... to be or not...
Luego aparece Eva y me dice que tenemos que comprar otra, que esta se ha vuelto majara, que le ha dado al vicio y se ha perdido. Que la cocina que somos ya no le encuentra sentido.

¿A quién dirías que se parece? Se parece al sol.
¿Y si cierro la persiana entonces somos tú y yo?
Pero cari, yo soy un tarao, un filósofo del siglo XV decapitado ¿O no adviertes que el muñón hace, mimosa, de poso?
No me gusta este juego, dice ella. A mí tampoco, le digo. Y, entonces, abrimos de nuevo la persiana.

Ana y Bobby ya se han ido, a trabajar o a comprar café. Porque si no lo hacen ellos, terminaremos haciéndolo nosotros.

lunes

Doncella que mucho va al súper...


A veces se desliza por las habitaciones de mi casa una serpiente llamada Hilillo de Rayetones. Esta, en momentos de debilidad, se introduce en mi chotis, siempre desde el orejal y adentra hasta convertirse en el caos que es, una vez, otra vez y así hasta quedarse dormida al mismo tiempo que yo.
Viene bien Hilillo de Rayetones las veces -sólo estas- en que luego me despierto, pues uno advierte cómo, en el tiempo transcurrido, ha conseguido eliminar las bacterias que se multiplican sin solución a lo largo de un día soleado.

Esto me pasa en todos los lugares en los que me quedo dormido. Se lo he dicho al psiquiatra de Valseca y me ha preguntado sobre la probabilidad, caso de ser hembra, de que haya puesto huevos. Luego, al notarme cara de asombro, ha añadido “Las serpientes se reproducen mediante huevos, y los períodos de incubación casi siempre se prolongan por varios meses. Las serpientes que ponen huevos se denominan ovíparas y en la incubación de los mismos no interviene la madre, porque ella los oculta entre la hojarasca, grietas del terreno o en troncos podridos de árboles, y se incuban gracias al calor de la combustión lenta y al efecto de los rayos solares”.

Pues no lo había considerado, doctor.

Me ha dicho deberse a no tratarme yo –no tratarse usted- de un paciente sobresalientemente esquizofrénico, aunque admite le ponga empeño. Me ha dicho que deberé ponerme las pilas del lavabo si quiero aprobar y que, seguramente, la asignatura me quedará para septiembre. Ha puesto un 4´5 en el informe y me ha dicho que en mis manos está el cinco (y hasta lo he considerado: en cualquiera de mis manos) y, si quiero, hasta podré subir nota a base de codilleras, pero que tengo que mejorar las historias que llevo a la consulta porque estoy bajando mucho el nivel y así no puede ser.

Le he dicho que Ratzinger va a venir a Valseca e inmediatamente me ha respondido que eso se lo he plagiado a otro ciudadano, el notable Mc Laurent Aún, autor del anterior post del inexistente blog La semejante criatura y añadido, con respecto a Mc Laurent, que, ese sí, está poniendo mucho empeño y mucho estudio. Que esto no es Madrid, donde son todos unos vagos y unos haraganes y maleantes. Que esto, Valseca, es más como la canción de Doña Concha Piquer que dice “Me están doliendo los centros de tanto quererte a ti”. Y luego: Concha o Conchita, los centros, la Piquer doña doliendo... Todo ello enfatizando para que yo aprenda. Pues ese, ha dicho, es el camino de Faizulillo, que va a ser quien se lleve la matrícula este año.

He salido de la consulta e ido llorando a casa. Mamá me ha dicho que no me preocupe que, lo único, no podré ir tanto a la piscina en verano y, a lo mejor, me va a poner un profesor particular que bien podría ser Melquis. Pero, eso sí, que si sigo llorando me manda interno. Y he dejado de llorar y limpiado los mocos.

Antes de cerrar la puerta del salón para que esperase a Hilillo de Rayetones tumbado en el sofá-cama, mamá ha dicho en mayúsculas y negrita:
DONCELLA QUE MUCHO VA AL SÚPER, TERMINA PROBANDO LA NOCILLA.

viernes

Jo... por ciudadano andrógino Mc Laurent Aún.


Ratzinger estaba preparado para coger el avión desde Conneticut y dar el discurso antes de no se sabe qué de los monopatines. Su emisario se presentó a las cinco e informó que tenía a Ratzinger al habla. Este, según los testigos auditivos, ha informado de que, efectivamente, el discurso ya estaba terminado y que preguntaran a los habitantes de Valseca en qué idioma lo querían que, aunque lo había escrito en castellano antiguo por deferencia, el pueblo era libre de decidir, porque para eso se es persona y que él lo pasaba a máquina a primera del día. En el pueblo habían preparado la pista del avión entre tres mozos y ensayado salves el coro don Luciano, “que ha cambiado de nombre debido a la confirmación”. Todos estábamos contentos y orgullosos, y hemos añadido, “en el sentido cristiano de orgulloso, es decir, no otro”. Pero ha llamado el alcalde a última hora y dicho que, debido a un proceso gripal, se encuentra medicado con frenadol y a veces clamoxil 500, que venga el miércoles o, si quiere, el jueves, que lo siente, pero que esas cosas que toma para la gripe le atontan y tiene que ser él quien le presente, pero “sin estar flojo”, es decir, en condiciones y como personas de salud. Ratzinger, con estas cosas, es según como se lo tome pero ha enviado al emisario (que, a día de hoy, se hospeda en ca Marcial) con el comunicado en búlgaro traducido “Vale, venga, ya está hablado. Le recomiendo Bisolgrip, pero justo antes de acostarse, y, después de una ducha templada, Bics Vaporús”.

Nos hemos quejado un poco de la noticia dada por Pregonero en funciones hasta el sábado, Faizulito, pegado y añadido que el cristianismo, así como las ideas ¿? (las interrogaciones se han introducido en la grabadora) incluidas mormónicas ¿? (too) y de respeto en general, es cosa de sangre caliente. Pero ha sido poco y ya está recuperado. También se ha decidido en el momento de la agresividad que debían, juntos, aproximarse al balcón del alcalde a expresar lo disconforme y, si se daba, a decir insultos. Pero luego, al final, no. Porque no nos cuadraba.

He ido con el berrinche a casa de mi tía Juani. Nada, es que no viene Ratzinger, pero vendrá. Ella me ha dicho que no pasa nada. Imagínatele vestido de fontanero, ha dicho ¿ves? No, he dicho. Bueno, pues con faja ¿ves? ¿Aún no? No, digo, sí, sí... ya te entiendo, tita Juani. Y ahora siéntate en el sillón y piensa en el mar. Sabe mi tita que, siempre que pienso en el mar, me veo yo ahogándome ¿Cómo ves el vaso, medio lleno o medio vacío? Me pregunta aposta, sabedora de que el truco sólo funciona diciendo primero medio vacío y luego medio lleno, a ver por dónde iba. No lo sé tía. Si decía medio lleno su respuesta iba a ser “como Ratzinger” y, si decía medio vacío su respuesta iba a ser “como Ratzinger”. Pero no veo el vaso, tita, es todo líquido. Y ha respondido “como el alcalde”, hale, como lee mis pensamientos, se aprovecha. Y me ha dicho que me vaya a mi casa, aunque yo donde estaba a gusto es con ella viendo la tele. Y se lo he dicho.

Pues el miércoles o el jueves, va a venir Ratzinger y vamos a tener que escribir juntos la crónica.

Autor primero: Mc Laurent Aún.

lunes

Bromas lúgubres


Iba a escribir con las tripas y me salió un revuelto de trigueros. Yo los trigueros los como en los restaurantes finos antes del codillo. Y también, en los restaurantes finos, bebo vino fino.
Todo forma parte de un grafito al que voy sacando punta hasta que se deshace y uno ve en el suelo las cenizas de esa cosa lúgubre y pasa el paño antes que queden impresas allá donde uno las pisara al venir de los restaurantes finos, estampando cualquier cosa para echarse luego a dormir con tranquilidad y restablecerse de tanto y tanto como se llame y como se coma.
Esto, salvo comiendo, no es vida.

Ayer escribí tres libros. Uno se llama “La conspiración de los becerros paleolíticos”. Otro “El enigma del faraón bisexual” y el tercero no me acuerdo cómo se llama pero va de unos terroristas islámicos y agnósicos. Estos siguen los movimientos que, por pinganillo, les dicta Aznar imitando la voz de Osama Bin Laden y ordena dónde tienen que instalar los artefactos de muerte.

Estoy cansado de escribir libros. Hace cinco días escribí otros dos “La impostura del emperador castrado” y “La depravada etnia de los cinco bizarros espirituales”.

Hoy me ha llegado otra carta broma de Valdry Village editores que me dice que quiere todos los derechos. Hablan de precontratos, sumas que me permitirían ir a más y mejores restaurantes del mundo entero en vuelos charter durante toda la vida a mí y a mi numerosísima familia.

Les voy a denunciar después de expresar acá mi desaliento y congoja. Para que se rían.

Concejal sanitario valsecar en "Mis hermosas hamburguesas"


(Foto de hamburguesa valsecar -bar abierto excepto jueves-)

1.

Alegres salen a la feria las mozas nostálgicas, que son nostálgicas porque han dejado de ser ellas. Se han sustituido por otras, prostituido a las de antes y con otro vestido de flores mientras ha seguido llegando el día en que se sale al baile, en el centro, al corro de mis ilusos brazos de concejal de sanidad.

Los entierros se me están haciendo largos y todo el mundo sabe que no hay que llevar reloj a los entierros porque los roban los muertos. Pero eso es una gilipollez que dice Telsio en los entierros. Uno le da cuerda a su reloj todos los días y por eso es que estoy enamorado de ella.
Se llama Antonia pero no le digáis su verdadero nombre.

Antonia me ha llamado al teléfono de casa y me ha dicho que mañana nos veremos, pero mañana yo tengo un entierro. Asisto porque soy concejal de sanidad. Aunque no hay vida en el pueblo no falta quien de pura poca decencia muere en mitad de la feria el día en que salen las mozas nostálgicas a montarse en el burrito. El burrito está cansado y, cuando le quitan el bozal, se muerde el cuello con sus afilados dientes y todos, en Valseca, vemos cómo se cambia por el muerto que mañana habré de ver en un entierro al que, como representante de la sanidad valsecar, he de honrar con unos rezos.

(Antonia, a diferencia de mí y del muerto, tiene reloj y yo le estoy dando cuerda poco a poco, para poder con la vida. Porque es una mujer normal que no tiene nombre porque no tengo tiempo para ponérselo excepto en los días, como hoy, que le llamo Antonia mientras doy cuerda a un reloj que no existe salvo en la muñeca del muerto de mañana.)


2.

Salen las mozas y se ponen guapas para la feria. Los erizos que les aman avanzan en sus entrepiernas y se adaptan a los mofletes del gallo haciendo boca a un animal que tienen desamaestrado.
Nuestro hombre de hoy se acerca y, a pesar de eso, he de ir como representante de la sanidad valsecar a un entierro. No recuerdo cómo se llamaba el muerto. No volaba ni hacía cosas más que de trabajo en las eras, comía a sus horas y murió porque “se le acabaron los pasos”. Así atestigüé en el informe forense.

Antonia no está. No me va a salvar hoy ni tampoco mañana, porque tengo que ir a un entierro y el muerto, como ella, poco o nada sabe de su nombre.

Avanza el macho decidido a la primera invitación de cortejo. Sólo una se salva de la trampa que guarda dentro la cara sorprendida de una gallina entre las pantorrillas de esta especie humana hembra. Ese ojo con los nervios hacia fuera que habrá de ser un erizo de la calle, de tantos, que se amontonan entre las atracciones de la feria y que empieza a vivir ahí dentro de la misma manera que podría empezar a preparar sus cenizas.
El burro se gira a mirar cómo esos bichos se aproximan a la asfixia dentro de la madre naturaleza y, al girarse, muerde su cuello y, en ocasiones, lo rompe, dejando en el suelo las sobras de la función. Al lado de la cabeza el bozal se convierte en una obra de un Magritte pasado por Las Hurdes. Los chorros de sangre que salen del cuello imitan a los fuegos de artificio que echamos antes de abrir la feria. Y las mozas, entretanto, tan ilustres bajo los vestidos que mañana serán de otras que no sean de nuevo ellas. Los erizos que quedan vivos dentro suyo sólo pueden retorcerse en busca de un abrigo que siempre llega tarde, porque no fue diseñado con reloj.

Antonia no ha venido a la feria porque siempre está comprándose relojes nuevos y nunca tiene tiempo de venir salvo mañana que yo, como ya he dicho, no voy a estar, aunque siga dando cuerda a cualquiera de los relojes que, suyos, dan sentido a mis ya gastadas orejas, pues que me felicito cumpleaños a diario.
Pocos adivinan quién habrá de interpretar el papel de esta historia completamente subnormal. Pero es que el ... ha venido y aprendido a sortear el bicho.

He comprendido que iré a un entierro normal y habrá una mujer llorando junto unos niños ¿Elaborar después un manuscrito sobre mi particular feria que contenga tranquilizantes mayores como protagonistas?

Los erizos me caen mejor cuando no están metidos dentro de mi mujer nostálgica, que es nostálgica porque ha dejado de ser ella. Y esto ha sido así día y noche. Yo elegí aquella que guardaba el erizo en el sesal. Y no piensa porque sabe que, ejercitando un poco la raíz del animalejo, este me pincha cuando sueño con ella o con Antonia.


Fdo: (dentro de dos días y siempre si consigo acudir a tiempo al compromiso señalado)

domingo

Semanario de Valseca. Hoy en En cuatro palabras o cinco: Laszlo Ravirov


“Cuando yo llegué a Valseca había tres chozas, un chamizo, tres burros, ocho gallinas, la iglesia y dos conejos...” ¿Y ahora qué hay? Le preguntan al Sr. alcalde, don Laszlo Ravirov. Pues eso, poco más ¿Y qué se siente? Pues eso, poco más.

Yo ahora viajo en autobús y miro las chorbas pero yo tenía unas tierras en mi pueblo inexistente y, cuando de ello se enteró el cencerro que lleva en el cuello el remolque, dispuso su tractor y sembró patatas, tomates y etcéteras. Y, hale, a vivir ¿Y usted qué hizo? Pues eso, poco más. Contrataron a mi familia y les sirvió como arado, que no se había inventado todavía en Valseca. Primero se sentaban en el trillo y, a medida que avanzaba el John Deere, se ocupaban de las malas hierbas haciendo movimientos de kung fú y, luego, con los dientes, sujetos en equilibrio los pies al trillo, a remover y hacer cosecha, y luego, a desmontar pedrerías lanzándose con fuerza los unos a los otros. Eso mi familia que, como se sabe, es de por ahí y, hale, a tirar. Levantaron la tierra y el pueblo y, entonces, en reconocimiento, me hicieron alcalde, a mí que, en representación, enseñé mis cuatro cosas en la escuela y prohibí las jotas. A esto lo llamaron Gran depresión del 87, así en coña, en el bar de Marciano –que es una mezcla entre el bar de Marcial y el bar de Mariano-. La mafia Los Marañas se encargaba del movimiento las jotas, pero perdieron el compás -comprenda que hable en cable al preferirme en esto- y eso les pasó en cuanto suministramos polca al pueblo traída de vaya usted a saber qué horreo de por ahí. Cuando el pueblo probó la polca se olvidó de lo otro. Además, como es sabido, la mafia los Marañas mezclaba la jota con jaz y bakalao -qué más le puedo decir de esas sabandijas- y eso atontaba el sentido de la realidad que el pueblo había fabricado hasta entonces en las antiguas pedrerías, todos con botellas de anís del mono y cucharillas para darse a su tunda. Prefirieron la polca y, hoy, los mozos y mozas bailan esa mierda los días de la santa Patrona que, esa sí, se sigue llamando Nuestra señora de la Asunción ¿Por qué? Na, por no cambiar ¿Se imagina a los Marañas vendiendo a la juventud estampitas con oraciones debajo de las farolas? Asqueroso eh, me provoca dolor. Y, además, en Valseca no hay farolas. Está todo oscuro. Yo, una vez, entre la densa niebla y la noche, incapaz era de llegar hasta mi toalla situada a la mitad del barranco francés, en medio de donde lanzaban a los marranos que habían muerto asfixiados en la placenta de su madre al nacer. Eso ha cambiado desde que soy alcalde y ahora hay que deshacerse de esos cadáveres sin que nadie se entere. He cambiado el chip del pueblo, debido a mi inteligencia ¿Sabe? Ahora quieren más a los marranos porque saben que son mejores que las personas ¿No está de acuerdo con esto? Yo sí. Los marranos son la leche. Yo he visto a un marrano que, debido a su inquietud, aprendió a volar moviendo al rabo. No me ponga esa cara, es realidad lo que digo. Puede comprobarlo en un acto de fe hacia mí. Le cuento, desde aquel entonces, se dedica a salvar a todos los desesperados que se suben a la torre de la iglesia para lanzarse y dejar hecho un cristo el suelo de la plaza por donde, por semana santa, aquí sacamos al propio cristo; porque en eso consiste el arte del desmadrado, el arte de los jóvenes valsequeños que han vivido un poco Nueva York, afectados por el jaz y el bakalao, en convertirse en una alegoría de algo, aunque sea de un pueblo como este con tres chozas y cuatro cabras montesas. Pues nuestro cerdo que vuela los salva del despropósito ¿Conoce, quitando al Dalai Lama o Ratzinger, alguien humano que haga eso? Yo no. Y sí, como he dicho, sacamos al cristo aunque no seamos cristianos. Porque no hace falta ser cristiano para sacar al cristo. No me ponga esa cara, no estoy contando ningún chiste. Aquí vamos a misa a comer la hostia, nada más, aunque, de paso, nos traguemos el sermón; porque las hostias que prepara la viuda de don Israel son de su receta. Y no, hemos votado y a la gente de bien, trabajadora como mis abuelos, le parece crear alegorías de esas raras que afectarían a la comunicación y el bienestar del pueblo si hiciéramos mercado de ellas, por mucho que no seamos cristianos -bueno, hay dos que sí y no me estoy refiriendo a don Lucio el cura precisamente-. El vino no, el vino es don Simón, pero es que no queremos confundir a los jóvenes ni vindicar sibaritismos. Es cierto, sí, en mi casa se bebe dulce húngaro que, como sabe, cuesta una pasta. Pero a mí la vida me gusta así. Poco o nada tiene que ver eso con el pueblo. Ahora Pergentino Galloso quiere ser alcalde, bien, yo le dejo. Dice que está creando un blog para competir con ¿La semejante criatura? Que haga lo que quiera. Para eso sus hijos han aprendido a utilizar esos aparatos de la ciencia. Correos electrónicos y otras cosas del demonio. En internet, de este pueblo con cinco lechales, sólo está La semejante criatura y nadie sabe quién es. Y también que no somos ni yo ni Pergentino Galloso, excepto Pergentino Galloso que sabe que soy yo. Sólo le puedo decir al Sr. Galloso que lo único que sé de eso es que aparece el nombre de Alberto M. y ninguno de nuestros Albertos emes tiene blog. Si yo fuera Herodes haría de las suyas para demostrárselo, por mucho que haya dicho que no soy nada cristiano. Y lo bueno y lo malo que puede tener Semejante criatura, sea quien sea, como si forma parte de alguna oposición a esta manera de hacer política ¿Aspira usted a entenderla?... decía, lo bueno, es que no se sabe si existe y, por eso, se parece a Valseca. Por eso sale Valseca y se la ve como es ¿Por qué no va a ser bueno eso? Yo soy un conservador, mientras no se les toque a mis niños... ¿Me entiende? Un sitio con cuatro chamizos y un par de zulos, dos gallos y cinco pollos y el cerdo que vuela al mover el rabo; punto. Pues eso, que si quiere ganar las elecciones que deje de existir como he hecho yo, siempre en autobuses que no van a ningún lado en particular pero vuelven al mismo sitio ¡Sáquese un abono, Sr. Galloso! Ya verá cómo se le puede dar hasta bien. Parecerá que está hasta ocupado negociando con los Marañas. En fin, muy amable, no tengo nada más que añadir, John, majo, tómate un raspao.


Entrevista realizada por John Pee a Laszlo Ravirov para nuestra patronal revista.