miércoles

Bases de este juego


Recuerdo, en las naverías, surgir de un montón de trigo como un susto, salir hacia la carretera principal y ver pasar algún coche con matrícula extranjera viniendo, yendo o las dos cosas.

Saqué el pan con nocilla envuelto en papel plateado de la bolsa y me dispuse a dar bocados, sentado en el suelo de la misma era que abarcaba el roce de un pueblo con otro; hoy,
a la par que tecleando que el hecho de no disponer este suceso no haría justicia a este bonito miércoles de invierno etc...

Comí el bocata nocilla como cualquier bajatarde, con el sol quedado y hecho sólo una intención suya tras el montañal de entonces, que hoy no está, porque, a diferencia nuestra, sigue allí.

Luego, en la nave -una de ellas-, los gatos eran el amigo que venía, en manada, a ser la tribu que espera algo a tu lado.
En mi familia todos les hemos contado a los gatos qué es esto y qué lo otro. Por qué sobre las siete de la tarde, en esta época del año, no está encendido el farol que da a la plazoleta. Ellos, en correspondencia, siempre nos han tenido informados de cómo iba el mundo, de qué pasaba en lugares tan asombrosos como Gambia, la URSS o Chile.

De mañanita, la abuela Bastiana veía una rata en la cocina y, con el sarterón de lado, partía ese roedor en dos y se podía observar desde mi silla qué parte de ambas finalizaba de vivir primero, la pata que callaba antes y, de nuevo, una excusa para llenar las manos de eso, tras el colacao, y mirar si algún bichejo menor salía indemne de ese par de cachos.
Luego los guardaba y, así, los gatos buenos tenían su premio de tarde, tras la escuela.

Al ser mi quinta compuesta solamente de chicas y yo, jugaba con ellas a la goma y veía, mientras cantábamos la barca, a aquellos felinos, fieras mínimas -como mis viejas amigas las quintas- repartirse, por turnos y sin queja, el pequeño trofeo que yo les daba a cambio de no poco: secretos, conversación, algo de sexo ("el justo y necesario")..., mientras hacía el paso ciego y la que sujetaba las normas decía que así no, que le pusiera empeño al cambio de una a otra.
(Ay)

He juntado a la redacción y, los días mejores, he dicho, haremos serio lo del concurso de relato malo (valsecar relato malo) y el que gane se queda con la cesta navideña que, esto sí, se paga a pachas.

Y jamás en la vida he estado tan contento, seguro de que lo imaginario es la única verdad que hay. Acá, con los codos a ratos en una mesa con oficina que contiene, además, una jarrita repleta de miel hasta el tope y moscas que viven aún en el interior de ella mientras lo cuento.

5 comentarios:

Tesa dijo...

¿Cualquiera puede participar?
¿Sin número de palabras tope?
¿Te dejo aquí algo pequeño, malo malísimo con posibilidades de ganar?
:)

Alberto M dijo...

Sí.
Sí (bueno, moderación -tú zábeh-).
Y sí.

:P

Tesa dijo...

Pues a la noche, que me ponga...

Tesa dijo...

El patio de la abuela era paso obligado para los gatos de la panificadora. Bajaban, cuando había ganas, a buscar algo para sus dientes entre los deshechos del gallinero. Qué pocas cosas aprovechables había allí para los mininos: cacas de ave -no se lea Avecrem- gránulos de pienso, mondas de manzana o restos del arroz de ayer. Ahí sí, entre esto último, era posible encontrar algún pedazo de piel de pollo, llegando antes que cualquier gallina pelirroja de las que vivían en el sitio. Pollas caníbales eran, que no hacían ascos a las sobras del guiso.
Dos gatas eran visitantes habituales, una negra y una gris.
La negra tuvo la ocurrencia, un día, de parir en una caja de fruta, ya vacía, que había quedado encima del pozo. Fue un buen regalo, una mañana, salir al patio a jugar y encontrarnos la gata recién parida, con sus cuatro gatejos ya mamando. La tonta de ella hasta se dejó acariciar, menudo churro de instinto protector el suyo, como tantos nuestros, que dejan de ser instintos para ser prefabricados.
Recuerdo ese patio encalado de blanco y a mi madre tendiendo la ropa. Ahora es una abuela sin patio a quien le gustan las flores blancas.

Alberto M dijo...

Me gusta, Tesa, porque lo de tender la ropa, al final, justifica la ida de la pinza.
Veo posibilidades de premio eh, a ver el jurado qué nos dice. :P
Gracias.