martes

Las órdenes


A esta hora empiezan a oírse los primeros autobuses.
Primero he pensado en coger uno al azar. Luego he pensado en escribir. Luego no iba a hacer ninguna de esas dos cosas y he tomado un vaso de leche caliente. No he echado café. He procurado examinar mi pesadilla desde todos los ángulos. Desde la cabeza de cada persona que aparecía en él, procurando en cuenta su situación en el marco de lo que, veo ahora, sucediera, si es que recuerdo bien en este momento. Pero si cada persona es todas y cada una de las cabezas que aparecen en esa cabeza, entonces ¿pertenecerá el resultado a una sola pesadilla? ¿Será pesadilla si juntamos todas? No necesariamente todas las personas-cabezas deben de haber percibido no ya el fornicio de un cadáver, sino mismamente el cadáver. Aún no sé si estaba vivo –el cadáver digo, no yo, que estaba soñando (no fornicando el cadáver de mi desaparecida amada como señalan algunos otros cadáveres inventados y ya descompuestos)-. He decidido que era una pesadilla, claro que, ahorrándomelo quince minutos más tarde, entiendo que el resto (las demás cabellerizas) es una enajenación detrás de la primera, unos pliegues de fortuna (puesto que me he despertado) que se van pegando hasta que el pegamento pesa más que todas esas nadas que sujeta y estas (que también pueden ir en singular) caen irremisiblemente porque lo otro (el pegamento) pesa más.


He bebido un vaso de leche. Como últimamente no escribo ni siquiera pesadillas, he pensado que, a lo mejor, tener que decidir si hacerlo podría resultar menos correoso. Que habría que andar quitando mucho pegamento, con el cuidado de no juntarse los dedos y luego quedarse incluso pegado a una tecla o a una cabeza, caso de rascarse antes. Porque yo me rasco. Al principio creía que era caspa, pero he podido observar que no, que lo que caen son personitas con paraguas que amortizan su peso como esas de los cuadros de Magritte pero en versión primitiva, desnudos y con muchos pelos por todo el cuerpo. Todos ellos, al caer, me cuentan algún secreto. Todos eligen su postura, porque al llegar al suelo desaparecen y quieren que les recuerde como la primera y última vez que les vio alguien. Yo les digo que la de arriba es mi cabeza, que pueden -podían haber hecho- hacer con ella lo que quieran, pero que paren -que está bien que hayan parado-.


Dejan, cuando han caído, una motita rosa en el suelo que limpiaré sobre las once, ya con luz entrando por la ventana. (Han hecho cuidado en no caer en la leche para que no me crea que son sangre).


Son las 7:20 y suena un segundo autobús. Ha recogido a todas esas personitas. Alguna será la vida de la primera cosa que podría haber hecho esta madrugada en lugar de escribir una pesadilla, ya duchado, vestido y peinado, en camino. Los demás serán ellos y todos iremos a hacer algo sabiendo que la pesadilla acabó.
Al llegar a Madrid el conductor se encogerá sobre el volante y repetirá, confundido: esto no es plan. Pero ahí estará mamá para decirle: No haga ni caso, señor, y no se apene, es sólo mi chaval, que está durmiendo.

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13 comentarios:

Tesa dijo...

Hoy por fin, alguien ha entrado a mi sitio, desde Brunete y la dirección del Blog de Alberto Masa.
Será que ya, el artilugio ese que tengo como portero, reconoce a los amigos sin pedir el carnet.
No tengo pesadillas desde hace tiempo, será que duermo poco y no caben malos sueños en tan escaso espacio. Mejor. Ya bastantes vueltas le doy a la perola con los ojos abiertos.
Muaks.

Alberto M dijo...

Brunete dices? Chiquilla: ¿Estás segura de que tienes los ojos abiertos? :)

Tesa dijo...

...Estos ojos como luceros, escondidos tras estas gafas
:)

trilceunlugar dijo...

que suerte que puedas dormir después de las siete y media

Jesús qua4tro dijo...

A mi la peli de La ciudad de los niños perdidos me gusta mucho, hace tiempo que no la veo. Creo que me la voy a bajar y cargar en el iPod para verla en el bus camino del trabajo. Si no, mis viajes en bus son aburridos porque no hay personitas con paraguas

Alberto M dijo...

Esos ojos. Anoto en la libreta de previsiones imprescindibles.

Eh Trilce ¿dormir? Estaba tomando chatos, riquiña. (Cuando puedas, te apuntas)

También tengo ganas de reverla, Jesús. Muy buena.


Abrazotes.

irene dijo...

Las pesadillas es lo que tienen, te alborotan, te desorientan, no sabes si coger un autobús, tomar un café o escribir. A mí me pasa alguna vez, y tengo que hacer una gran esfuerzo por despertarme del todo, para eso, lo mejor y lo primero es un buen café cargadito.
No abarrotes tu cabecita con tanto personaje, que te vas a liar con tanto secreto.
Besos, Alberto, y felices sueños.

Alberto M dijo...

Esta mañana acudí sin dudarlo, Irene, al buen café.

Muchos besos.

Tesa dijo...

Hola, buenas...
que pasaba por aquí y te dejo un saludito.
Voy a estar, desde esta tarde cuando salga del curre, medio perdida por ahí con mis amigos queridos durante todo el finde. Ya sabes... mucha risa, algo de alcohol, comer bastante.
De sexo na. :)
Ya hablaremos

Alberto M dijo...

Bueno, Tes: mucha risa, algo de alcohol, comer bastante... ¿De lo otro ya se hablará, no, princess?

Claro que hablamos. Hoy estoy bolinga, pero no me voy a meter a comentar los blogs que siempre se me nota un güevo.

Beso.

las lentejas dijo...

jajajajajaja, que se te nota un huevo dice, jajajajaja
Un beso enorme, mister.
YolaIDA

Sirena Varada dijo...

Las personas-cabezas son gente extraña; además, lo mismo son los dueños del mundo que cajeros de supermercado. Menos mal que siempre queda en el planeta (tierra) gente sensata que cuando piensa en coger un autobús al azar, toma un vaso de leche caliente sin echar café. Sé de buena tinta que muchas de estas personas-cabezas echarían café. Sí: realmente son gente extraña.

Criatura, besos y abrazos

(PD: ¿Podría votar otra vez? Lo he pensado bien y mi voto, sin duda, es para el maestro Cela. Él mismo acreditaba una sobrada experiencia en introducir objetos en la cavidad rectal (una botella de soda si no recuerdo mal).

Alberto M dijo...

De nota de camarero que denota camaradería, Yolaida. Beso.

Sirena: A la que entre hago una nueva para vos con otros nuevos personajes, (la intenté cambiar en verano para respuestas más grandes y no salía bien), y no le pondré fecha (que cuando se acaba, se arrepiente) Y sí, he pensado en hacer -pero me da pereza- un homenaje -merecido como mínimo aunque ganase por la mínima- al escritor argentino Tabarovsky que, si bien no lo sabe, un día ganó una encuesta sobre poner colonoscopias -cosa que a este (me gustó mucho su libro Autobiografía médica) no creo que le haya pasado y a Cela, fijo casi, que le pasó o, mínimo, que por ahí anduvo (¿No crees?)-.
Abrazotes, Sirena.