sábado

gymkhana



"La belleza de una sombra en la pared basta para justificar la existencia"
(de "Parpadeos", E. T.)

Como si haber atontado a un mosquito lo suficiente como para extirparle las alas, las piernas y después quemarlo mientras observa el leve intento que hace ese animal roto por darse la vuelta, respondiera a aquel primer impulso del manotazo al aire, su existencia consiste en devolver la mirada a una penumbra conocida. Enloquecer de nuevo como si esto fuera posible. Primero coge un autobús. Luego del metro sale a la calle, sonámbulo, inseguro de que guarda acaso 55 € para inventar toda una tarde-noche.
A pocos metros, junto a una de las alcantarillas que hay en la plazuela ve una nota dirigida a él en la que pone: Cataplasma quiere verte. Te ama, Cataplasma.


En Hotel Kafka se presenta Libro de las ciencias, muy bien editado por 451, prologado y hecho por Eduardo Vilas. Para la ilustración de El terremoto de Chile de Kleist eligió la pintura “Dresde en ruinas” de Bernardo Belloto. Es un edificio carne y muerto, cuando no un excremento que allí ha caído o una nave espacial en el momento de, al fin, levantarse por los aires, el alzado de una paletilla puesta en la simetría de un resto que indica una ciudad bien, esto es, donde cada cual vive, no obstante, en sus cosas, buscando papeles en las plazuelas que les digan a cada uno, en el peor de los casos, quiénes son, quiénes han sido o si seguirán siendo.


Avanzo un poco más. No paro en la librería de santa Bárbara. La señora que atiende siempre mira alerta. Lo entiendo y he participado de esa profesión, pero no me va. Me dirijo antes bien a Antonio Machado, que es estupenda y donde puedo rajar y allá hago un poco de tarde. Juan me recomienda la lectura de Mario Levrero y me la llevo antes de abrir hacia ella, hoy, los ojos. Esta mañana empiezo París. De aproximadamente la mitad de su paginado he extraído una nota en medio folio en la que pone "Es ya tarde. Fdo: C".


Veo niñas remotas, ancianas de antes con bolsas. Unas bolsas no dejan ver a las demás, se hacen sobre otras como una pintura y, en esto, no comprendo solución que no me haga ver la ciudad donde, más o menos, paseo. Reconstruir un barrio, un pueblo, dejar que sus bolsas me digan, como a Ellas, qué identidad son. Esto que, como el cristal de espejo, sólo tiene valor si en él se intuye un filo lo suficientemente puntiagudo, es lo que recojo cuando voy sentado en un vagón de metro.


En la vuelta hacia Hotel Kafka, recojo una colilla para prenderla y puedo leer en su largo -medio largo de un normal- escrito a rotu: Ella no.
Fumo. Vuelvo sobre los pasos que no sé de quién son, caigo en ellos y sólo quiero no tropezarlos.


Me siento donde está Eduardo. Procuro felicitarle sobre la edición. Me ofrece un whisky si junto unos hielos. Voy a clase de Eloy. Pido otro whisky y le permito que hable y que me hable -al whisky, claro, a Eloy o Eduardo, al ser maestros, no se les debe permitir jamás nada-.
Repito, pues, con Eloy Tizón. Maestro de la prosa y de contar, es un alumno más en su huellado. Y yo dejo al whisky hablar, pero todo, hasta el whisky, está, más o menos, en su sitio. Todos hablamos, el whisky desaparece, Eloy nos dice. Yo me excuso sobre mi vuelta, digo que no me cogieron en una clase de dibujo y que dónde voy a estar mejor. Me callo un rato. Si no generosidad, intento cuerpo en mi impertinencia. Honestidad en mi pocilga. No sé por qué, lo procuro. Por extrema (¿a qué me suena esto?) debilidad. O porque mi puerco necesita más bellota. Ni p.

Al salir veo una pancarta en la que pone la palabra pancarta y sé que han presentado el Libro de ciencias. Pido otro whisky, voy a clase. Termino. Celebramos -No porque termine la clase con Eloy sino porque afuera la tienen bien montada-. Me uno a ello en mis amigos.
Son las seis y como chorizo con César en la cocina. La casa duerme. Los libros de las estanterías no hacen falta. César ha de irse. Yo abro mi maletilla y veo quién soy, pero primero quito las bolsas despacio y los papeles, la vacío y meneo en el ventanal para que se vaya el polvo. Comprendo que deberé dedicarme un día a lavarla en condiciones, pero no tengo ninguna prisa y tampoco para dormir. Enciendo la radio. Todas las cadenas informan de que Cataplasma ha muerto, mientras dormía, de causa aún desconocida.

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16 comentarios:

Tesa dijo...

"Vuelvo sobre los pasos que no sé de quién son, caigo en ellos y sólo quiero no tropezarlos."

El talento es esta cosa ¿verdad?
Besos, cielito.

Sirena Varada dijo...

Las historias contadas por ti -tus palabras- me atraen a la luz como una polilla deslumbrada. Y más si es para verte volver sobre los pasos, que para nada los tropiezas.
De idas y venidas está la vida llena.

(PD. Quede constancia de que hoy casi he llegado la primera. ¡A ver quién es el guapo...!
Y lo mismo, cuando entrene un poco, le gano a Tesa)

Alberto M dijo...

Ni idea de qué es el talento, Tes. Coincido en que poner cuidado dónde se ponen los pies no es mala cosa. Besote.

Sirena, las guapas sois Tesa y tú siempre eh. Otro beso.

Tesa dijo...

Es difícil, Sirena, que yo me mantengo aquí, agazapada, esperando a que Alberto actualice
¡y zas!

Tesa dijo...

... y Alberto, gracias por el piropazo. Que mira que eres generoso
:)

Alberto M dijo...

Menuda eres, Tesa!!

las lentejas dijo...

Estás perdonado.
Una leve sonrisa se me ha escapado mientras concentrada te leía.
Eres un sol.
Besos enormes, Mister.
YolaIDA

Alberto M dijo...

Ser perdonado es una de las cosas que más hacen, cada día, por mi alegría.
muchos besos para vos, Y.

irene dijo...

Para ver las cosas claras, es necesario quitar todos los obstáculos que haya por delante, aún así, a veces, no somos capaces, o no queremos, verlas, ni las cosas, ni las notas, ni las personas.
No sé si tiene sentido, pero es lo que pensé al leerte, Alberto, cada cual interpreta a su manera, es lo bueno que tiene esto.
No pienso como C., nunca es tarde...
Besos.

Alberto M dijo...

Coincido Irene. Si no interpretáramos de ese modo -el de cada uno- esto sería peor que... no tener sal o dónde echarla.
Muchas gracias por compartir tu interpretación conmigo.
Un beso.

Bellaluna dijo...

Como hoy hay luz -luz! Qué oscuridad- desde más temprano, no he tenido que encender velas y cirios para leer. Coincido con Tesa. Bonitos los pasos desconocidos retomados, las huellas esquivadas.

Alberto M dijo...

Bonita coincidencia, a la que cabría añadir la metáfora de la polilla de la amiga Sirena en esa luz que hoy nos llegó de más mañana. He comprendido además el sentido a esto en tu comentario, Luna. La posibilidad de un global en las "huellas esquivadas".

yolaida dijo...

Me hago vieja, mi ARbeRto, muy vieja.

Alberto M dijo...

Estimada Yolaida, si esto que me comenta le sigue sucediendo día tras día, le auguro un buen proceso.
Un besete anda.

Las Lentejas, sino te gustan las dejas dijo...

Me preguntaste el otro día sobre éste comentario, no me dió tiempo a contestarte.
Me refería, que quizás por las horas en que te leo, por mis complementos varios, por nuestro abismo, me siento vieja cuando te leo y a ti, muy fresco.
Que lo mantengas, pixa, que eres como una Coca-Cola con hielo y limón.
Besos enormes.
YolaIDA

Alberto M dijo...

Pues yo creo, pitxa, lo contrario, que eres más fresca que yo y luego cuando te preguntas ¿Qué pasó realmente? -cuando nada que pasó pertenece a la realidad- uno se pierde su estado natural. Y vos, digo, tiene mucho estado natural. (Mucho más que yo, no fa).