martes

Ennui


Los viejos que no son de mi edad siempre me han servido para encontrarme en ellos a la hora de coincidir en un café o figurar en nuestras clases de gramática.
Nada más llegar, como hacen, en manada, adopto su postura e inicio el camino hacia las sillas que ellos seguirán antes que yo.

Después de ello, el desencuentro pudiera ser, tan solamente, falta de atino por descuido, en la mayoría de casos, de mi consideración hacia el viejo que soy y los acompaña.
Ellos, con su cara plegada de palmas de mano, acuden a mi inclinado deshaciendo el azúcar que se convulsiona ya en la taza y mezcla, como nosotros, cuando empiezo a dar tiento al café con un sorbo que hace el ruido de un gato miedoso y sin pelaje, recogido en unos pliegues que acierta al encoger sus patas, haciendo con su posición mímesis nuestra, viejos de cafetería cuyos dedos son simples churros sacados de la máquina al azar para acompañar la merendola y acto, que no existe en el melondro prehecho de hazañas imaginadas durante infancia y juventudes (está bien el plural, se viven varias -acuerda el anciano señalando con su vara el pizarrón-).


En el curso de gramática los veo, al igual que sentados en las cafeterías del barrio, comportarse como una prórroga de un yo culminado ante la puerta, leer sus chismerías desde los pupitres mientras tosen pedacitos de pulmón, cachos de nuez, etc... y deshacen papeles de caramelos mentolados eucalipto hasta volver a atragantarse entre su cuerpo y su voz.
Cuando se mantienen en silencio, puedo oír crepitar los filamentos que sujetan esas caras que en singular respondieron a la identidad de alguien. Puedo oír también, sin demasiado oficio de concentración, su lengua entrometiéndose en los falsos premolares buscando, seguramente, trozos de pollo de la sopa de fideos tomada antes de la tarde en la misma cafetería en la que desayunaron solos, haciendo corro alrededor de una barra idéntica.


Más allá de eso no puedo decir demasiado.
De mis trabajos, el más valioso consiste en recoger lo que se les cae durante la clase de gramática en la que ejerzo, como ellos, de aprendiz, y llevar los cachos a la cafetería, donde mis compañeros se reúnen para desperezarse, antes que cierre.

26 comentarios:

Tesa dijo...

Yo no quiero envejecer todavía, me voy a esperar un poco.
Se me empezó a caer la cara hace un rato, y cada vez hay una cana más que camuflar con las mechas ...y he pensado que me paro aquí hasta que aprenda que no pasa nada, que el único que pasa es el tiempo.

Anónimo dijo...

Estando entre el Evis venga ya a cenar y la inquietud de hablar de mi vejez lo único que tengo es el verde de la acelga que tengo debajo de los globos antes de cenar.

Anónimo dijo...

No cualquiera puede ver pasar el tiempo...
sigiloso
como la luz
meim

Alberto M dijo...

Seguro que llevas preparada esa vejez mil veces mejor que yo, Tesotilla. La experiencia, nunca ponderada como se merece, es un grado más en nuestro vaso de whisky.
Un beso, fiera.

No lo dude, Evis, fúmelo.

No cualquiera, amiga María, con ese sigilo del que hace imagen.

Bellaluna dijo...

Tomar café es una profesión digna, y envejecer un pasatiempo absurdo que nos ocupa, a casi todos, todos los días un tiempo. Luego: la lectura, las pasiones del alma y la confusión de los cuerpos. Lo demás, está de más.

Alberto M dijo...

ES segunda hora, casi tercera, y deberé hacer uno, Luna. El café será bueno. Lo que suceda mientras doy sorbos, una frivolidad.

las lentejas dijo...
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las lentejas dijo...

Ya estamos con las frivolidades!!!
Déjate querrer.
Me ha gustado:
"Ellos, con su cara plegada de palmas de mano"...
Las hostias que nos quedan por recibir y yo que me considero vieja!!!
Esto de juntarse con gente joven, me hace envejecer a pasos forzados, mis amistades no virtuales, lo son.
Aish, es un placer placentero chachi piruli el leerte.
Ya te he dicho q me cuesta actualizar, pesao!
Con tu permiso, Mister Alberto m.,aprovecho para dar un enorme y cálido abrazo a mi amiga Meim.
Qué sorpresa encontrarla por aquí!!!
Al resto, besitos más pequeños.
YolaIDA

Alberto M dijo...

Bueno, pues venga, aire libre para un duo lésbico que para eso somos españoles libres (¿Parece una contradicción?) Nada de eso, follemos a la luz de las mismas velas que en telemadrid parece que se están apagando (pero antes, a sacar los ahorros de los bancos).

Bicos.

Alberto M dijo...

Oye, que eran chorras.
Que cariños. Si es que me acuesto pensando en unas cosas algunos días...

mj dijo...

Llevar los cachos que se caen durante la clase de gramática a la cafetería, es una sublime actividad. Enhorabuena. Besos

Alberto M dijo...

Luego, por la mañana, lo agradecen, MJ.

Ay, amiguetes amiguetes.

Tesa dijo...

Que se han hecho las sordas, las de la orgía.
Así no hay quien pueda.
:)

Alberto M dijo...

rajing

Anónimo dijo...

En los cafés se aprende a olvidar los fracasos y a recuperar el tiempo perdido en el trabajo...
Y hablamdo de cafés, lea usted el último Modiano.
Saludos, joven maestro.
M

Alberto M dijo...

Jefe, tengo un día malo. Lo de que sea el tiempo es una ñoñería y un café decente es la mejor de las opciones ocurrentes. Y leer.
Buscaré Modiano en google.
Buen día, M.

I am just there because trees can fly... dijo...

(pequeña sonrisa de FELIZ fin de semana)Y un besillo bien dosificado para que te dureeee mas que las ganas!!!
La nube

Oldelaf - le café
http://www.youtube.com/watch?v=G3w0PeUqjuE

Alberto M dijo...

Muchas gracias, Meim.

Mola.

YolaIDA dijo...

Al final la blogosfera (este barrio por donde "Estoy de paso") se va a creer que soy del rollo bollo.
Meim me dejó prendada hace años, sus letras me seducen, pero durante un paréntesis en mi vida virtual, cuando privaticé mi space, perdí el rastro.
Me alegra reencontrarla.

Me encanta el café, comparto mis mejores momentos cotidianos entorno a él.
Cuando me levanto, cuando os leo, cuando escribo...cuando pienso en silenciosa actividad o en compañía.
Soy una apasionada de él.

Besos enormes, Mister Alberto m.

Alberto M dijo...

Los momentos célebres tienen que ser célebres. Nada de tontunas.
Meim y vos, celebridades, conocen bien esto.
Y el café es excelente para celebrar cosas como, en otro sentido, el propio café.

Enormemente besos que no caben en su enormidad, Mrs Yolaida.

YolaIDA dijo...

Tontunas...bonito palabro.

Sirena Varada dijo...

Vale criatura; a encontrarse con ellos-nosotros (los viejos), pero si es posible que no se conviertan en nosotros-nosotros, que no impongan su ética, y sobre todo su estética, y que lo de los dedos tipo churros los justos. Eso sí, de sus gramáticas y silencios: todos.


Besos también los justos, que se te ve muy bien.

Alberto M dijo...

Bonito palabro, Yolaida. Propongo "chorrunas" también a tener en cuenta.


Sirena, yo voto porque impongan todo eh, sin ninguna excepción.
Me alegra que me veas bien, pero estoy delicao y con un resacón heavy (yo los días de después de los chatos siempre lo llevo muy regulín) e intento escribir, en pijama en días como hoy, aunque sea -que encima no ha habido fútbol-, (me digo: jo, que va a hacer la semana y no actualizo, a ver si Sirena se va a mosquear...) y nada, he empezado un texto en el que la primera frase era: "Todas las mañanas viene un erizo a verme cuando me despierto." Y luego no he continuado, pensé: bueno, ahora le meto en la taza del café o del colacao y cuento las cuatro cosas de siempre en lo que él sufre o gana, y he ido al salón un momento y me he entretenido con una peli, y me han llamado y to tirao y ha venido Enrique a verme, y al volver ahora al ordenador he visto el world abierto y: Coño. Ya no tenía sentido. Y ahora, encima, la veo a usted acá y me acuerdo de que debo un texto para meterle bronca nuestro común amigo y gran poeta apátrida. Y... ay.
Los besos, a vos, nada de escatimo, sino los que son de justicia, muchos y a cada diez o cinco segundos eh. (Menudo rollo te he soltado)

Sirena Varada dijo...

jajajajajajaaja, jajajaja, GRACIAS

irene dijo...

El tiempo pasa para todos, es curioso que en la mayoría de los casos nadie se siente viejo, es curioso y bueno, cuando oigo "un anciano", me pregunto ¿qué edad tendrá?, yo no me considero anciana, ni siquiera vieja, pero sé que hay muchos que sí me considerarían, ya que no soy ninguna "jovencita".
Yo conocí a una señora que tenía 80 años y decía que no quería ir a ciertos sitios porque no había nada más que viejos, me hacía gracia. Todo es relativo.
Me encanta ver tu muñequito en mi blog, ¿estaré volviendo a la infancia?
Muchos besos, Berto.

Alberto M dijo...

A ti, Sirena.

Seguramente vuelves a la infancia, Irene. Yo es una cosa que hago siempre que puedo. Lo que no haría nunca sería volver a los 17 o 20. Claro, la condición de los 6/8 años sería que todo estuviera como estuvo.
Muchos besos para ti.