martes

The happy butcher


No íbamos a ir a ninguna parte, éramos parias. También me pregunto por qué hablo en plural, no creas. De entre las cosas que fuimos estaban los libros y la televisión. El ayer y el mañana y, en medio, el único trasto que les pone sombra a ambos, un cuerpo o su intención, que siempre es lo que parece. +,-: un bien.
Iba esto a que, mientras espero unos papeles, leo libros. Los que ando leyendo, resulta que, entiendo, van sobre la decepción, y ello, sean o no decepcionantes para mí o para la otrería. Y también veo series. Van sobre la mano negra, los medios y, la mayoría las veces, sobre las dos cosas juntas.
Yo me identifico con lo que sea que quiere vivir y también con lo que sea que quiere vivir bien. Quiero decir, mola la ficción, perder el tiempo. Sostenerlo tiene que ver con la pereza bien hecha y también con escribir en el sentido, sostenido por el famoso poeta balcánico residente en Valseca desde los tres años, de que, como ejercicio, requiere poner paréntesis entre las cosas de afuera y el mundo. Nada, el pibe, un vanidoso jodío que recuerda a todas horas, aunque estés en el coche con la radio, un poema-canción de G. Corso que dice:

“I ate sausages with you at the feast.
I ate sausages, and across the street
the butcher counted his daughter´s feet”

Dice: eso é el escribí. Y está bien, no digo que no, sino que se lo he oído tantas veces como años tiene y tengo. Na, añade: Solución a la vaiá: mehó vaniá. Y luego: no hombre no. La vaniá noxiste. Es como hoy, el nuevo portero del Geta que va y dice que él es humilde porque es nuevo, que llega de un equipo pequenio y comprende que le va a tocar banquillo, pero cierra el discurso diciendo que no viene a eso, sino a poner las cosas difíciles al Pato Abondanzieri (con lo que es el pato Abondanzieri). Pos vale.

Pues a Valseca, en 1992 o 1993, vino a dar el pregón nada menos que Moncho Alpuente, -sí, han leído bien- el Tom Wolfe de España.
Y vino a decir lo mismo -fuente: mi amigo balcánico- que G. Corso, cambiando las salchichas por los garbanzos y al carnicero por la vida agrícola.
Y el que no aplaudía es que no había oído bien y ya está. Pues sí, así fue. Yo me lo perdí porque estaba ayudando a poner las luces de nuestra peña, pero así me lo contó el poeta este, mi colega.

Leo libros y no sé si me los está leyendo él. No sé ponerme a leer sin ponerme a interpretar lo que interpretaría él partiendo de la base de lo que voy interpretando yo cuando leo.
Por qué. Porque uno de los dos no sabe leer y he pensado que, seguramente, soy yo.
Dijo el hijol carnicero de G. C.

(y menos in english).

8 comentarios:

hombredebarro dijo...

Al leerte lo pienso así, aunque perdón por el juego, que esto es mu serio: sí que te veo semejante,criatura. Malegro de volver, aunque del todo nomefuí.

Alberto M dijo...

Nada, no hay perdón.
A ver si hay más suerte la próxima vez ¿no? :P

Tesa dijo...

Yo también fui un paria de esos

Alberto M dijo...

A mí se me fue la paria, Tesa, y fui y me hice una cabeza que, claro, tampoco es que sirva para más que para hacer más lo mismo. Aunque, con pan, está bien, tipo yema.
Beso.

Tesa dijo...

Uffff... hablando de yema ¿has probado las de mi Santa, esas típicas de Ávila? qué vicio...

Alberto M dijo...

de tus tocayas benditas he probado el ron. Na, de las yemas he oído hablar pero no, Tes, no ha habido ocasión, de momento. Aunque habrá vicio, eh, de llegar el momunto. Firmo.

trilceunlugar dijo...

paria uno llamando a paria dos

Alberto M dijo...

hola paria uno ¿cómo estás?