viernes

Muditos, viejos sin fin



Me he levantado a las cinco de la mañana, que es una hora que no lo es, como cualquier otra. Es demasiado tarde para el amor y demasiado pronto para el vino -tampoco tengo amor ni vino-. No hay nada en qué pensar y me acuerdo de cómo jugaba la bola mi amigo, que ya no está. Tomo café y escribo porque no hay nada más. Veré amanecer y me creeré, como el tonto, que es el día. Que entre eso y los cigarros ya está hecho un bautismo que diría ser para siempre.

Los grajos se despiertan y me sorprende que no se hayan ido ya a otra parte, que canten así de inútil sobre tejados y ramas.
En mis manos -los grajos- son sólo funcionarios de las minas que me invento, para que el trabajador no muera. Igual me es el cobre hallado que un sombrero -de copa- sobre la copa de un árbol, e igual son esos pájaros mismos los encargados de que las nubes se desplacen por el aire.
Cantan o chirrían porque saben lo que es algo aunque no sepan. Por eso son amigos, de alguna extraña manera.
Decía creo que Pessoa que si el corazón pensase se pararía -no, no es que lo crea, lo acabo de ver subrayado de El libro del desasosiego, que es un libro que ni me gusta ni me disgusta y por eso me gusta-.

Tampoco te pases, escribo serie D como podría escribir cualquier cosa. Me he hecho a no pensar la niña y hoy sus senos son las guindas de un pastel quemado de tanta vela -y sus pasos, a lo mejor o no, las intuiciones de un microondas hecho sin reloj, como su cabeza, la mía y la de mi prima.-
Pero es que no puedo estar seguro de si es eso lo único que tengo en la sesalia o es que hay más ralea -y jalea- madurando algún que otro podrido (no, no es que no la ame ni tampoco que sea amor -el amor no sé lo que es salvo una cosa de la que hablan mucho los mayordomos y las criadas por la tele-). Cuando me muevo lo noto e intuyo que es el cerebro chocando con el cráneo, accidentándose. Un papelito hecho una bola que intenta encestarse él solo en una papelera que no puede caber dentro de otra.

La niña tampoco existe. Es una tortura tan idiota como yo y mis felices veranos de pequeño yupi en las salas de recreativos viendo jugar a mis pájaros mayores.
Igual la memoria es una máquina a la que le falta acordarse de las cosas cuando se levanta y le sobra, precisamente, levantarse.

Hoy me he despertado acordándome de mi amigo, que ya no existe. Me he calentado un café y me he puesto a escribir porque cantan los grajos. No puedo imaginar otro motivo -pero porque no puedo imaginar, no porque no lo haya-. A estas horas, como a otras, es que no se puede hablar con nadie excepto con un muñeco que es yo hecho de trapos y no necesita dormirse ni despertarse ni decirse ni callarse, aunque se calla porque no sabe otra cosa ni tampoco nada de los grajos, ni los oye gritar porque el día empieza. No los oye no, ni se ha perdido, porque nunca tuvo que encontrarse.
Es que, le explico, los grajos no quieren quemarse en este agosto y gritan por lo que les viene encima, la caló. Son el violín sucio e inencontrable de esta casa. Cuando atrapados en la chimenea no cantan y parecen un corazón dentro de otro -dos taquicardias que no quieren oírse juntas- procurando una sola fuga -la necesaria- para hacer una en re afuera, donde chirrían como puertas oxidadas que se están cerrando cada vez más lentamente.

Gritan y vuelan como víctimas porque son el atentado que supone amanecer en una casa tan grande a la latitud que sea. Cansados o no de repetir la clave, suficiente milagro es respirar, así, de mañanitas en plural y en un instante.
Me he puesto un disco de rap para no oírlos.

Me cago en la leche puta, sé que es fatal acabar así un texto en el que sale mi amigo, pero hoy me voy a meter un taladro en la vena aorta y luego lo voy a volver a dejar en la caja de herramientas.

Ya ha salido el sol, sin él son flores desaparecidas. Contentos estarán esos cabrones pájaros.
(Compañeros del alma, compañía.)

14 comentarios:

the big topo dijo...

Mi querida y efervescente criatura,

al que madruga no le ayuda ni dios, no le hace falta, dios es solo para los vagos, creo que a esas horas se disfraza de grajos y habla sin parar, sin saber qué decir, solo para que vuelvas a la cama y te vuelvas a dormir. Bien hecho.

Alberto M dijo...

Cuídeseme, maestro.
Otro abrazo.

Tesa dijo...

Mal asunto ese insomnio ...pero te queda la esperanza de la siesta.

En marzo de 2006 perdí una amiga en un accidente de tráfico. Entonces se me quedó la pérdida sin digerir. Lo creía, claro, y lo sentía. Pero como si estuviera visionando una película subtitulada, de esas que si estás a la letra te pierdes el verdadero diálogo. Cinco meses después, en el que hubiera sido el día de su cumpleaños (ya mismo, 3 de agosto), me desperté comprendiendo que no volvería a compartir ningún momento ya con ella. Supongo que me cayó encima toda la tristeza, que debería haber repartido hasta entonces.

Te dejo un abrazo, apretao.

Alberto M dijo...

Hemos tenido suerte, Tes. Hace un buen día.
Nunca sé decir algo que sirva sobre este asunto que es la persona, yo creo, más que cualquier idiotez filosófica. Pero lo que dices de la tristeza o el recuerdo me parece muy compartido. Y útil.
Tengo un amigo que una vez me prestó un libro, "Mundo animal" de Antonio di Benedetto y que me gustó mucho leer. En uno de los relatos tenía subrayada una frase que decía (no la sé textual) algo así: Quiero vivir, aunque no sepa por qué.
Algo así.

Un abrazo para ti.

Alberto M dijo...

En Segovia son las fiestas de Bernuy. Que las den.

Bellaluna dijo...

El mundo, ahora, es ya todo un agosto calcinado. Como un jardín dejado morir sin regar. Como dejar de follar. Agosto no es sólo un mes, es un estado de ánimo. Rondo Madrid el viernes, regreso a París esta noche, domingo, escribo en el aeropuerto. Es agosto también en él. Besos.

Alberto M dijo...

Los aeropuertos esos no hay dios que los aguante. Los entiendo como una exageración de a lo que te refieres con el agosto. Yo creo que el agosto es un estado de sitio, como el aeropuerto. Y lo del follar yo este mes tengo la impresora rota ya, porque no salgo y me he hecho casero, aunque uso protección. Cuando ya no dé más de sí, la pobre, empiezo con el escáner. Los aviones esos, en cambio, no les entiendo. No llego. Y la play esa me pone de los nervios. La voy a tirar. No me paso a unos francotiradores.

Vaya mes, Bellaluna. Si le quitas los arados a un pueblo como Valseca, va el bar y desaparece. Ya no hay ni mozas en ese pueblo. Sólo corrupción por parte de las fábricas, alijos de bienmesabe. Y, todo ello, en agosto.
Nada, ni golpe que doy.

Un beso. (Me pregunto qué hará usted ahí en París ¿No es como una enfermedad, París? Voy a ponerme a escribir sobre ello, -ojalá me dé una pista, sin embargo, si quiere-).

Bellaluna dijo...

París es un estado de ánimo. Bueno a malo, según. París es una enfermedad congénita a partir de que empiezas a vivir en ella y dejas de considerarla la ciudad monumental que siempre has visto visitada. París: residencia, parada y fonda, trabajo desde hace dos años. Ciudad luz y ciudad mundo donde las banderas del Estado-nación más lucen sin molestar a nadie. Ilustración y revolución. París playas de mentira y Sena. Boulevards, mi buhardilla cerca de l'Etoile, exilio voluntario y ayuno involuntario de ellas de más meses de los pensados, una vespa, cafés y braseries. Gente seria, en París, a pesar de los parisinos. Y, como dijo Henry Miller: 'Dios sabe que llevo ya bastante tiempo viviendo en París como para asombrarme de algo. Aquí no hace falta ir buscando aventuras a propósito, como en Nueva York... basta con tener un poco de paciencia y esperar, la vida te sale al encuentro en los lugares más recónditos e increíbles, aquí te pasan cosas'.

Alberto M dijo...

Un día voy a ir, pero en tractor y en otoño.
Y si tal, te cuento.

Un abrazo y gracias por atender la propuesta.

Ay.

Bellaluna dijo...

Te esperaré, en una era que hay enfrente del Louvre. Me reconocerás por el rastrillo. Y las flores en el sombrero.

Alberto M dijo...

Llevaré los calcetines fucsia.

Sirena Varada dijo...

Retomo justo desde esta entrada (los entendidos dicen post) y me poso aquí emulando al gorrión de la foto; ¿para cantar o chirriar? porque como alguien me dijo la hierba zarandea al viento y no el viento a la hierba.

Regreso de unas vacaciones por la costa y sospecho que el último y escuálido comentario que dejaste en el mundo de solos (apenas una docena de palabras) se ha cargado el imponente castillo de naipes (argumentos) que estuve reuniendo-montando estos días para desertar definitivamente del blog (del verbo desertar)... de modo que te hago responsable de postergar esta decisión... Algún día tal vez me explique mejor, pero es que no quiero que te ruborices, ¿mejor?

-vale, mejor no

En todo caso, un beso y un millón de gracias, o viceversa

Alberto M dijo...

A ti, Sirena, siempre.

Debido a cómo estoy me alegra mucho este mensaje.

Y soy muy timiducho, algo cabra y un montón de mamarracho, pero hace mazo que no me ruborizo, creo. Te diré que no me importaría en absoluto. :P

Ahora voy a dar una vuelta y leer si has escrito algo.

Un abrazo.

Las Lentejas, sino te gustan las dejas dijo...

Que no entre la bola de papel, sólo es culpa tuya, tienes mala puntería!!!
Besos.
YolaIDA