lunes

Los lados de tu filete (descerebrada sección Dime algo)



Soy un sapo de esos que, si los chupas un poco, empiezas a ver cosas raras. Una vez se me metió uno en la boca de un salto y lo tragué y, desde entonces, vive, el pobre, con las patas pegadas a cada lado del esófago y, yo, con el fin de evitar que muera, abro la boca para que le entre oxígeno. O que salga, si quisiera y, con esa suerte, a lo mejor yo dejaría de ser él o uno como él, que es la misma suerte que la otra pero al revés, como Ramón y Román.
Es broma. Pero es una introducción. Es que quiero consultarte una cosa.

Yo, una vez, estaba absorto en pensamientos fatales –sí, de esos que se tienen a los 12 y 13 años- y eché un filete sobre el aceite de la sartén. Hasta ahí bien, pero lo de los pensamientos no había quien lo controlara, aquellos eran unos cables guardados hace tiempo en una caja y, hoy, son sólo el complemento contrario del filete en la sartén.

Llegaré a la pregunta, no creas. Primero intentaré explicar la cosa, lo interesante de lo del filete (porque, señores, yo tenía hambre): era un filete de lomo de cerdo finito pero con un olor muy bueno, lo coloqué al azar sobre uno de los lados y apreté con el tenedor, pero luego, así por las buenas, me puse con los cables de luz. A desenredarlos dejando lo otro ahí. Para adornar algo que, en resumidas cuentas, podría ser una estupidez distinta a la provocada por el lametón a un sapo, uno de esos, de los raros. Quizá pase que lo que uno sea es ese filete a día de hoy quemado por una mitad a fuego lento desde hace 15 años. Y con la otra mitad cruda ¿qué hago hoy con eso? Comprendo que son los dos hemiferios en que se dividen los sesales. No distingo ni sé cuál de ellos es el quemado y cuál el crudo, pero sé que tienen el mismo cuerpo que perder, si es que no lo han perdido ya. ¿Qué hago, le busco?
Comerlo no lo iba a hacer y no puedo recordar dónde se encontraba la cocina que, para variar, no era dentro de mi melondro.
Disculpadme, lectores amigos, porque estoy trasnochado y muy bobo.
Ayer estuve en la fiesta de nuestro común amigo El topo gigante y nadé tanto en la piscina que, pasadas ya 24 horas, aún se me mantiene la piel arrugada. Estoy mudando y, todo ello, lo llevo mejor con tranquilizantes.
A mí, en general, no me entusiasma cómo es mi filete a día de hoy, ya lo he dicho. No me gusto, y he sido mogollón de cosas más insípidas que el filete.
Y a ti... ¿tú te gustas? ¿Crees que es importante para salir, por ejemplo, a la calle a, por ejemplo, ir al trabajo? Cuéntamelo anda, que me interesa. Háblame de los lados de tu filete (no va como broma judía).

El topo gigante siempre está haciendo negocios mientras mi sapo habla y habla y habla hasta que cae dormido, y no hay manera de que escape para meterlo en otra sartén a ver qué ocurriera. Porque a lo mejor no ocurre nada, pero también es probable que sepa bien y, si no lo comemos El topo gigante o yo, puede comerlo Guille, César, Ronaldo, Ibón, Jaime o Manuel (Vanessa -beso- no, que es vegetariana). Sé que es una opción -lo de cocinar el sapo- y, a pesar de todo, uno hasta, después de tanta tontería y a día de hoy, sigue respirando y, en ocasiones, visita médicos o bares... en fin, la vida y tal ¿No?

17 comentarios:

Tesa dijo...

Todos andamos con ese lado del filete quemado y aquel a medio hacer.
Estoy en la intención de dejar el crudo en su punto, pero me temo que, como a todos, el chamuscado se va haciendo cada vez más carbonilla.
Yo me gusto y es importante gustarse, porque si no, andaríamos (como hacen algunos) por la vida con la cabeza tapada, grave error. Porque ¿para qué es la vida, sino para curiosearla toda a cara descubierta?

Bellaluna dijo...

La vida es vuelta y vuelta y, precisamente, una cuando se preocupa por el qué dirán es cuando se le agarra a la sartén el bistec -cerdo nunca, me educó mamá, ni para disimular, cosas de hebreos- y salen los complejos más oscuros.

Yo, también vegetariana, al final se ve que cocino de cara a la galería y me descuido en mi propio amor. Es algo que -me dice un buen amigo- se cura diciéndose una a sí por la mañana: soy la más lista, la más guapa, la mejor. Si no lo cremos nosotros, ya dirás quién. O como decía aquel otro: I've heard you say many times / That you're better 'n no one / And no one is better 'n you. / If you really believe that, / You know you got /
Nothing to win and nothing to lose...

Besos!

Alberto M dijo...

Na, señoras. He intentado girarme el tarro para llevaros la contraria pero, oye, que no. Que coincido, que es cosa de por qué no gustarse (o la sartén por el mango mejor). Y ya he decidido que voy a cambiar y hoy, ale, me gusto.
Motivos de peso: Tesa: ¿Para qué si no? (10)
Motivos de peso: Bellaluna: Si no lo creemos nosotros... (10).

Oye, que amenazo con gustarme eh.
Hay que ver cómo son ustedes.

Alberto M dijo...

Tesa, mola el grafitti de Ratzinger/Marilyn. No conocía al autor y, mirando, he visto que es muy conocido y tiene trabajos chulos.

Bellaluna. ¿Es una canción, no, la de en inglés?

Tesa dijo...

Es un genio, Banksy. Desde hace tiempo empezaron a perseguirle para captar una imagen suya grafiteando y descubrir su identidad.
Me alegro que te guste.
:)

Tesa dijo...

jajajaj Albertucho, estás en mi chiringo mientras yo ando por aquí

Alberto M dijo...

Sipi, por ahí andaba.
Un beso.

Bellaluna dijo...

Sí, es una canción de Bob Dylan, una debilidad mía. En inglés. No imagino mi vida sin banda sonora que me acompañe, por dentro o por fuera. La música -culta, inculta o bárbara- me acompaña y resuena siempre en ecos.
Me alegra que amenaces con gustarte. Lo que pasa por tu cabeza es hermoso. Imagino que no hay nada ya que no sepamos manejar, a estas alturas de la vida: somos ya responsables de lo que vemos en el espejo al mirarnos...

Anónimo dijo...

A Ratzinger, según tengo entendido, le gustan las ancas de rana. Sobre sapos, hasta la fecha, no se ha pronunciuado.
Salud,
M

Anónimo dijo...

pues yo sí te voy a levar la contraria o al menos voy te voy a contar lo que pienso. Y es que ¿nos gustamos? ¿o simplemente nos autoconvencemos de que debemos gustarnos mientras nos miramos al espejo y vemos lo que no nos gusta?

a veces entro en el baño a oscuras por no ver lo que ya sé y a veces cierro el puño por no tocar la herida sangrante

me gusto, me gusto

un besazo Alberto

(me encanta el lametón al sapo venenoso)

Anónimo dijo...

Yo la verdad es que voy a gusto por la vida siempre pensando que soy como un televisor o como esos que se gustan, me gusta que se gusten y se note y más aún si voy chupando un heladito, que es verano. No me gusta que me queme el sol. Lo del filete me ha dado ganas de comer pero ancas, mmmm ancas, en cuanto lo he leído, qué ricas, de esas sí que me iba a pescar...
Besito
Evis

Alberto M dijo...

Somos responsables, Bellaluna, y muy cabrones. Eres maravillosa pero, además, muy guapa, lo cuál siempre supuse una contradicción. Y, completamente de acuerdo, todo eso mucho mejor con música que, leñe, tiene su propio alfabeto y su propia barbaridad.
Sr. M. Yo amo a Ratzinger, ya sé que es irracional -amar, no Ratzinger- pero qué le vamos a hacer. Ese hombre es un camposanto de sabiduría ciega. Lo prefiero al que había antes, el popular, aunque también me caía bien +,-. La fe de hoy, en serio, lo veo así, tiene estos ojos que, más bien parecieran unos botones algo descosidos o caramelos de los que dan los médicos por haber sido bueno. Es un hígado que nos quiere ¿Qué más se le puede pedir a un concesionario? Jo, me enredo. Me gustaría ser Ratzinger, pero un rato eh, ahí, en su retiro con los librillos. Ese hombre está más allá del sobre post-modernismo. No le gusta el barullo y se le nota. Él preferiría vivir como el cura de mi pueblo pero sin ser cura. Sentarse en el frontón... Ya está haciéndose esperar un escrito amplio sobre esto.
Anónimo (¿Ana/Cris?), a mí me gustas eh. No te ralles. Los sapos venenosos son de los mejores inventos que ha hecho la humanidad. De hecho, no existiría como tal -la humanidad- si no fuera por los sapos venenosos. Son la condición que hace posible esto y nos obliga a dar vueltas a través de ella, al revés que los demás sapos que, al lado, son basura impresentable, créeme, se los ve al lado del río todo el día haciendo el jilipollas entre la mierda y son los que nos obligan a lo otro, a que nos dé vueltas la condición. Jo, qué pringaos son, me cago en todos, leñe, al revés que los sapos venenosos, nuestros y de nuestro mundo, en el siglo XXI. Un beso para ti fuerte.
Evis, mi psiquiatra es un tío muy majo y voy a tener que ir en quince días a por lo del informe. Sería un honor, como sabes, que me acompañaras. ¿Un televisor? Anda, anda ¿Y qué echaban? Un beso con lengua. Me cabo en la leche jodía.

Muchas gracias, señoras y señores, por los comentarios.
Jo, qué sueño. Tanto trabajo...

Sirena Varada dijo...

Y qué más dará gustarse o no, si al final sólo somos búhos en la noche...
Si eres la mejor mejor versión de ti mismo...
Si al final lo importante es si se gustará Ratzinger a sí mismo...
Si la vida cambia en un segundo y te encuentras haciendo algo que jamás sospechaste...
Si todo lo que tú dices, todo todo, no es arrogante y suena perfecto...

Besos

Anónimo dijo...

El tío este, Ratzinger: ¿se gustará con la pinta que gasta el prenda, tan ridículo, con zapatos rojos (aunque sean de Prada), la sotana blanca (aunque sea de Armani), el sombrerillo rojo como de picador con sus plumas? Con esa pinta y esas faldillas... cómo no van a ir follando niños...

Alberto M dijo...

Estoy, Sirena, de acuerdo en este momento en que los espejos de espejo son los menos espejos de todos los espejos posibles. Desde la ventana veo un árbol, pero es un cabrón. :) Un besete.

Anónimo, me parece simpático eso que dices. Ratzinger es una persona del siglo XVII. Un caminante que ve a los santos como una posibilidad. Lo que hay a su lado son apenas reclamos en un cepillo que barre sólo compañías capaces, el mercado que lo elige (sarracenos que ganan una cúpula mediante servicio turístico, contrabando de aviones, lo molón y su propio precio inventado en base a otros suministros).

Anónimo dijo...

el anónimo anterior de Eva es Pilu... se me olvidó poner el nombre por el gusto que da escribirte...

pilu.

Alberto M dijo...

Pilu Pilu, qué brujilla eres. Y ratona más.
A ver cuándo nos vemos y tomamos un chato.