lunes

Sustinere el qué? (entrada cien)


Bienaventurada la gente que tan sólo mira, porque ellos verán la verdad. Me decía Ratzinger mientras nos enchufábamos el noveno chupito de Glen Garioch.

Le conté que, en una ocasión, en un parque situado en las cercanías del centro Mondragón, me encontré al poeta Leopoldo María Panero. Le reconocí y me tumbé con él en un banco. Nos estuvimos tocando un poco la picha, como si nos acabáramos de conocer. Cuando hube estado debajo de él, pasados cinco minutos, me echó un lapo amarillo en la boca y lo devolví al suelo simulando allá una yema mientras él tampoco paraba de sacudirle a mi bragueta y a la suya, compuesta por dos imperdibles. Le hacía gracia y hacía que le hacía gracia mientras a mí también me hacía gracia cualquier excusa posible que existiera en cualquier otro lugar posible, incluida mi cabeza.
Después de correrme en el botón de su manga, se limpió en el mismo banco e hizo como que él tenía gustito, fuera lo que fuera eso -dijo, al decirlo-. Me dijo que suele venir la policía a molestar y que si le invitaba a una pepsicola porque tenía pinta de tener, no mucho, pero algo de dinero, porque mis calzones parecían nuevos y olía a desodorante. Le dije que vivía en Murcia, aunque era de un pueblo de Segovia. Me dijo que no había estado en Segovia, aunque recordaba algo que le pasó de pequeño que tenía que ver con Segovia pero que no sabía qué era, aunque tampoco hiciera falta. Nos tomamos el refresco en el mismo parque, en una terraza que, me dijo, le conocían. Sí le conocían, me pareció, y también que no les gustaba que fuera mucho. Nos sirvieron. Quería tocarme más y que le diera dinero y me decía que era un joven guapo. Se tomó la pepsi y yo un kas limón y me dio un cigarro que tenía porque, dijo, hoy lo he guardado yo ¿Cómo te llamas? ¿Y o So what? Cosas así.
Luego me piré.

Ratzinger me preguntó quién era Leopoldo María Panero y que por qué era poeta, que si era una persona joven.
Le dije que no.

No hablamos de sexo, aparte la experiencia que le había contado. Le dije que últimamente yo pasaba bastante tiempo leyendo, viendo la tele y trabajando. Y que todo eso no era vida, no habiendo felicidad por medio.
Ubi amor ibi oculus. Respondió.

Ratzinger preguntó a uno de los responsables de la pensión si quedaba otra de Glen Garioch.
Me comentó que había leído bastante en español, pero no cosas de ahora y que le había gustado mucho cuando leyó Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, siendo bastante joven.
Me preguntó si estaba cansado por la bebida. Le dije que tenía sueño y que mañana hablaríamos si no cogía avión.
Me dijo que tenía un día largo y bendijo:
Sustinere est difficilius quam aggredi.

Le dije que escribiría la entrada cien y que lo diría, para que me felicitase el que quiera.
Le di las gracias por ser mi amigo o por las copas -que es lo mismo-.

Le dije, mientras salía del portón de aquella hacienda, que era mentira lo de follar con el poeta ese y que nunca he salido del pueblo. En fin, dije, gracias, tengo sueño.

¿Aguantar el qué? ¿El cansancio? ¿De qué?

10 comentarios:

Bellaluna dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bellaluna dijo...

Felicidades, complejas felicidades porque creo que me he quedado extraviada en uno de los pliegues que surca la entrada 100, no se bien dónde la salida.

La sensación se parece a la de quedar enganchada una prenda al picaporte de una puerta al salir y frenar en seco, y regresar atrás, desengancharte, repetir el movimiento de ida. Sin certezas.

Recuerdo nítidos a los Panero en 'El Desencanto', la madre, paradójicamente, de nombre Felicidad.

Leopoldo María Panero, poeta terminal, como Lautrèamont, Rimbaud, Baudelaire,

Tesa dijo...

Qué sobón, Ratzinger ...y qué guarro.


Te dejo aquí un enlace que no viene a cuento, pero Érase una vez y fueron felices:

http://www.youtube.com/watch?v=SwM5YORMcXE&feature=related

Besos

(hoy me he tomado el día libre, libre de no currar y sabe a helado de chocolate)

Alberto M dijo...

La salida siempre es una entrada, Bellaluna.
No le veo terminal (a LMP salvo en su antología poética que es siempre, al hilo de lo que me sugieres, un inicio, como sigue siéndolo los otros). Un abrazo y muchas gracias por la feli.


Tesa, Ratzinger es un tío estupendo. Como un día libre. Sobones son otros. Ya te digo, yo con Ratzinger, hasta a las antípodas de la tierra y hasta de su imaginación.
Beso (mola el enlace friki)

Bellaluna dijo...

Terminal, LMP, por extremo, no por irreversile: así los demás.

Reparo ahora en el efecto entrada de la salida y viceversa. Sin dueño.

Alberto M dijo...

Todo dueño, Bellaluna, :) es prescindible.

Sirena Varada dijo...

Ha valido la pena estar deambulando a estas horas de la madrugada para encontrar en el blog una nueva muestra de tu surrealismo más rancio, que es mi favorito.
Pero lo que más me puede quitar el sueño de lo que queda de noche es saber si no era Coca-Cola lo que bebía Panero. ¿Acaso se pasó a la Pepsi?


En cuanto a tu colección de cromos, lo diré en forma poética:

bueno,
buenos,
buenísimos,
o mejor dicho: extraordinarios.

Un beso

Alberto M dijo...

Muchas gracias Sirena. Me pilla el comentario algo trasnochado y no sabría decirlo en verso. Pero te lo cuento: Lo de los cromos me mola un güevo que me lo digas porque hice 200 o más en una época que, debido a la salud -precaria siempre- y la suerte, hube y pude estar en casa como año y pico, aunque tampoco podía casi salir, y hace poco descubrí que tengo unos cuantos escaneados y he hecho fiestas con ellos y fui correspondido. Pero, leñe, los hice y algunos bastante curraos y así.

(Pepsi o cocacola es un dilema de los buenos -voto por pepsi-)
Un abrazote.

Anónimo dijo...

Lo dicho, master, "el que va a los bares termina bebiendo". Y, dígame, ¿a don Ratzinguer le gusta el Glen Garioch segoviano?

Salud,
M

Alberto M dijo...

Es Dyc, M. pero de ocho + conserva, cuando aquello era aún segoviano.
Ratzinger es un crack. Sin querer queriendo y por el azar que conoce, me he informado un poco acerca de su dedicación, mediática aparte, que era la que manejaba antes -y siempre a través del manejado que ello implica-. Ratzinger podría ser una persona que ya ha sido, conservadora pero en utópico, y rodeada de libros a la luz de cuatro velas, procurando inventar la teología de sus maestros y el teólogo que su persona ha de ser y fue, en sus posibles alrededores que no sólo desembocan en un papado sino que, a través de ahí, no van a ser nada más.
Trinidades encontradas: 1: hombre tranquilo, 2: testarudo de la inteligencia y 3: patrimonio de la fe. Una contradicción tras otra que resume, probablemente, a la iglesia católica.

De verdad, me es motivo de flipe. Aunque mañana se me ha pasado, fijo.
Joé.