domingo

Benedette ed adorable bestie (con Eldelbombo)




Todas las bestias cantan una canción parecida. Crece el río Mississippi en el año 5516 y se dice Muerte a los donantes en la cierta buena España, la profunda.
¿Ves esos merenderos de El Escorial llenos de moscas? ¿Ves los contenedores, todos de rajas de sandía y papel de plata? Es lo más cerca que estaremos de Pedro y Heidi, Manolo. Yo una vez fui a El Escorial y vi a la Virgen, amigo. Estaba sentado bajo un arbusto comiendo pan con nocilla y el primo de un ciempiés me dijo que era la hermana psicótica de la virgen negra, la de Guadalupe, que había vuelto. Le dije que me hiciera un milagro y me ha convertido en esto ¿Qué te parece, mi buen amigo? Las vírgenes es que no saben hacer milagros. No comprenden estos fieles que son el milagro ellos (y las vírgenes más todavía); mira si no, por ejemplo, el primo del ciempiés erguido sobre esas ásperas hierbas; supón, entonces, a las buenas vírgenes -no a las otras- en un piso siete en Aluche viendo El diario de Patricia.
Ya te digo. Para echarse a levitar (o a gravitar, ya puestos).

El primo del ciempiés me sigue desde entonces a todos los sitios y canta I´ve got you under my skin. Me dice que es la virgen, de mañanita, aquella buena, la hermana psicótica de la virgen negra, la de Guadalupe; me levanto de la cama ya curado entonces y ¿Que qué hice, Manolo? Por favor... me puse el café y derechito a echar la primitiva. Cuarenta y siete millones de euros. Y hale, a vivir, que lo otro era una puta pesadilla.
Me fui a una isla a tomar caipirinhas, daiquiris y tal con las chicas de la manada. Ya te digo. Y así hasta que un día que andaba recostado en una de las hamacas, cuando ya me había olvidado de todo, me encuentro al primo del ciempiés que ahora era una especie de langosta pequeñita y ¿Sabes lo que me dice? Que soy un desagradecido. Que si lo llega a saber se ajunta con otro. Que siendo la hermana de la virgen negra, la de Guadalupe, no la iban a haber hecho falta ocasiones para... ¿Y qué la dije? Pues qué la voy a decir, que ya no hay vuelta atrás. Que muchas gracias y que, si es tan buena, que se vaya al arbusto otra vez, nadando, que ahora puede y, añadí, imbécil... tanto milagro, tanto milagro, pues ahora, las consecuencias. A ver ¿Qué esperaba este gurriato? ¿Que la hiciera un monasterio o qué? ¿Para dar de vivir a monjes, curas y gente de esa? ¿Tú qué la hubieras dicho? ¿Pues poco más o menos, no? Sí, pues va y me arrea un zarpazo con las ganzúas esas. Como se había emocionado, pues hale. Sí señor, de esa pasta está hecho el mundo, Manolo, a ti qué te voy a contar.
Luego, después de agacharme a coger el trozo desprendido de la oreja y pegármelo de nuevo, junto con las mozas de la tribu, -como ya nos entendíamos y saben de vueso apellido-, la oreamos un poco y la comimos en una fogata y tan a gusto lo bien que nos supo con las cáscaras y todo.
Muy de buenas con las mozas en la isla, cantando rancheritas, dándonos de besos y comiendo papayas todo el día. Así seis años.

¿Que por qué volví?
Yo qué sé Manolo. Yo qué sé.


(¿Que fiche a Villa? Pues, oye, no es una idea tan lejana.)

6 comentarios:

Tesa dijo...

Ave María Purísssima...
aquí o en el Escorial

...ya han pasado de cuartos (yo ya tengo costumbre, el ascensor siempre me lleva hasta el sexto )

Alberto M dijo...

Nada; la próxima, a subir por las escaleras.

Anónimo dijo...

Ay que ver como escucha el Manolo las historias de amor... me imagino que entre ciempiés y langosta le habrá dado al bombo unas cuantas veces, no hay nada como el fútbol para no enterarse de nada.
Evis

Alberto M dijo...

Querida, cuando no te enteras de nada, es cuando callas.
Lo demás es silencio + prejuicios.

Beso, en el cogote.

Anónimo dijo...

;)

Evis

Alberto M dijo...

Rayos catódicos.