lunes

Bayer


En la foto: Anterior sala de operaciones (corporativa S. A. de the Semental Creature)


A día de hoy, último lunes de abril 2008, respira sin dificultad muy a pesar de la fatigosa arritmia que amenaza pero finalmente no procura el pueblo que vienen retratando en este lugar pequeños e indeseables monstruos.

He ido a Valseca y no he llevado la cámara de fotos. He preguntado por La semejante criatura y habido ocasión en que se ve mejor hecha y, en una misma dirección no necesariamente contraria, deshecha por el desfase interpretativo al cual se somete esa fierecilla de labores en que crece y se asimila el propio lugar inventado que reúne esta redacción en una sola cabeza donde cabe la copulación -y hasta la manipulación copulativa, así como otras invenciones “de género”-.

Esto, en su vertiente natural –la que peca de viciosa, entiéndase-, incita a lo real; y lo real, a esta redacción, una vez superadas las anginas -por no citar más que entre guiones las obligadas menstruaciones cerebrales (resueltas no más en inofensivas migrañas)-, provoca toses, tirones en la espalda, algo de agujetas y, en ocasiones, ganglios.

Pero la relación, necesariamente oscura; conjeturable, no obstante, en los límites del mundo (límites del lenguaje) entre lo real y su posibilidad está trayendo una inocencia recreativa que, como el resto de inocencias, ha existido sólo como acceso a su acabado (salvo, claro, en lo posible, que es lo que concede un lugar -y difícilmente una razón localizable en el plano- a la bulla, y ello a lo mencionado más arriba que, además de los malestares nombrados, también trae urticaria y, a lo bobo, limita con lo trágico, y eso sólo cuando no se jacta de ello).

Otra cosa es que no sea día de escuela y toda la redacción nos juntemos en este edificio antiguo y paranoico para, tras avanzar antorcha en mano entre las manadas de murciélagos que, a momento de ahora, cubren teclado y monitor, acceder a manejar la batería de la computadora y conferir luego al qwerty un orden que, en su natural azar, ofrezca rato a nuestra cita y, ya puestos, hasta realidad mirando este cielo que hoy, desde los agujeros de las amplias habitaciones que hay acá, adivinamos clarete; nosotros, miembros a numerar -y remunerar- de la redacción, poco honorables y mejor amenos en nuestra versión bruta que en el vicio versionado de lo ajeno. Nosotros que, gracias a la caridad del otro, del ajeno, usamos las botellas de oxígeno recargables que son enviadas a la antigua redacción -la existente- con gorras de minería puestos, y un mínimo de dos metralletas marca Uzi en cada mano.

3 comentarios:

Tesa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tesa dijo...

Te leo como constreñido (estreñido no, aunque suena a lo mismo) a hacer pregón de Valseca aunque la redacción se quede a oscuras.
Que digo yo que igual sales de ese edificio antiguo y lo que te dibuja el horizonte son los campos sembrados del término de Valseca, y con respirar un poco y escuchar ese casi silencio rural valsecano-valsecuence-valsequeño, hasta se te olvida sacar la botella de oxígeno del zurroncillo.
¿A que sí?

PD.- He borrado yo el anterior comentario, que se me había metido una tilde en el ojo... y mira que es molesto.

Alberto M dijo...

No lo sé, Tes, pero, antes de deshacer la cama y sacar la momia al pasillito, voy a pensar que sí, que el descanso lo merece y el respirar, oye, también.