sábado

Nací (1) -inicio viable de Proceso autobiográfico estimado lo más lento posible-

Hace un año inicié una serie de trabajos autobiográficos-ficticios procurados por la chalada idea de uno de mis mejormente chalados maestros. Voy hoy a iniciarla acá, como el año que hace, para darle continuación en ratos y bajo títulos variables. Cualquier sugerencia sobre posibles ramas que abarcar será un pajarito diciéndome al oído que no me duerma, ni se me ocurra, en los laureles -pero, menos, en los suyos que, como mínimo, crecen de su silbido hacia el mundo y no al revés (que también)-


Habiendo abogado por la antigua y muy consabida idea de ficcionar la historia y vivir de la confección, empezábamos a saber de nuestro pasado por las noticias de los adelantados. Era un pasado en el cual los platónicos nos habían ganado la batalla a los vecinos que, por otra parte, sólo podíamos concebir una derrota a la manera platónica. Procurábamos caridad por aquel entonces para la inteligencia y esto nos devolvía un recibo de información procurado, pasado de vueltas y embebido de un amparo que sólo podía ver color en el retiro. Sabíamos que aquello que éramos era esa cosa donde adaptábamos el foco para concebir el yo, y en ellas nos asumíamos ante lo difícil en una especie de claudicación hacia unos valores que aún hoy no podemos imaginar salvo cuando nos lo da hecho un sistema binario.
Las historias de amor están muy bien. Yo una vez viví una.

A todos nos había ganado aquello que se nos parecía al mundo y decidimos regresar a casa a buscar nuestras infancias en el bol de chococrispis, pero mamá ya no sabía dónde lo había puesto. Tratándose de una madre, hasta eso es perdonable; según el momento, claro. Mamá nos dice que hace mucho tiempo que no vamos a verla, que sólo vamos para que nos dé la propina y pague las deudas de nuestro negocio de manipulaciones químicas. Es cierto. Luego nos dice que éramos unos chicos muy buenos y muy guapos. También lo es. ¿Recuerdas aquella vez que vino a casa El hada del norte? Quién iba a pensar no sólo que existía. Quién iba a pensar que además era el jefe de Galaxia Gutenberg, por no mencionar sus trabajos para el FBI en Carolina. Todavía tengo la colección de DVD´s que te trajo. Si los pongo al revés se enfada y me envía cartas con los gastos de la comunidad. Mamá es así. Como ve reality shows y debates sobre el estado de la nación, cuando me presento en casa me cuenta los últimos greatest hits de personas inexistentes como Nasim, Giser, Anuoa y Sermel, entre otros dirigentes del gobierno de países también inexistentes.

Veíamos otra cosa porque estábamos ocupados. Nos gustaban las novelas de Heinrich Böll, por ejemplo. El barrio se había convertido en una cosa del pasado, un lugar donde se pasaba por encima del cadáver propio como una top sobre la alfombra de cualquier festival de cine, con fingida indiferencia y como de paso, como por hacer algo, con lo difíciles que son esos tacones. Veía uno hoy el colegio en ruinas y se decía pararse a recoger un poco de encuentro con algo reconocible, partiendo de la base -quizá sentimental, quizá idiota, quizá por lo primero lo segundo o por lo segundo lo tercero o lo primero o la propia base, en ocasiones demasiado aérea- de que lo reconocible hace a lo humano, pero lo dejó en una foto a través del móvil. Al día siguiente la colgó en internet y le dijo al mundo que eso es lo que había.

4 comentarios:

Tesa dijo...

"Las historias de amor están muy bien. Yo una vez viví una."
Me he detenido ahí y he sonreído.
Son ese tipo de frases con páginas y páginas escondidas tras las letras.

Alberto M dijo...

Ahora está escondido hasta Mazinger Zeta, Tesa.

Peazo instrucciones!!

Tesa dijo...

Veo que Mazinger Z ya vuela y Koji Kabuto dispara sus "puños fuera".
¿Tú eras de los que te daba morbazo que Afrodita A disparase sus pechos?
:)

Alberto M dijo...

:) La verdad, mucho... esa Afrodita era cosa seria, Tesa. Uno empieza a imaginar curiosidades afrodíticas a los 6 años y a los 14 se le caen todas las tuercas.
Pero, oye, hago años en trece días y, cada vez, me veo más mejor y en forma.

(entre nosotros, voy a tener que quitar al bueno de Mazinger que he notado que la gente entra menos; con lo majo y atento y la poca importancia que me doy, leches)