miércoles

Los estornudos de marte


El plano de Valseca parece mostrar, dice el arquitecto, los restos de un cerebro mal hecho aposta. El arquitecto quiso hacer una especie de loa en mitad de una llanura y le salió Dubuffet y, vestido de comunión, dijo que era arte del que se hacía en París. Los genios son así de gilipollas. Aquí, en lugar de conformarse con el aliento del bar, el aire es importado de Grecia para que huela a antiguo. Han tirado casas y dicho que eran las ruinas del siglo XX. Qué más da qué siglo sea ese. Sólo un idiota se acuerda de en cuál ha nacido. Aquí la memoria ha sido sustituida por la caspa que le cae al cielo, que no es sino el hormigón de las casas que van tirando -es que aquí sólo saben hablar en metáfora pues dicen que, con eso, la vida es más soportable-. Aquí son de Grecia mezclado con tres vacas que están al sol derritiéndose y, de la leche que sale de ellas, no paran de hacer quesos tristes las ancianas, que tienen también manos de queso triste. A los gatos se los comen las ovejas y estas son comida para las mismas cabras que devoran las avispas. Aquí todo animal es carnívoro por compasión a la vez que por devoción menos a veces el hombre. Aquí el hombre empieza observando el panorama y termina robando su queso triste a las pobres ancianas que, equivocadas, después de cenar algo de paja, se comen sus manos de postre y siguen hasta que son el agujero de un queso que ningún arquitecto de París, Grecia o Roma se atrevería a cruzar. Sabe el arquitecto que puede encontrarse con su doble en esa ciénaga y le da miedo que este doble sea la misma puta cabra herida por las avispas que le ha robado el plano de la ciudad para, enrollado y finito el papelajo, agudo como el aguijón que lo sostiene, deslizárselo vía nasal hasta que, invadidos ya unos cuantos nervios, este pertenezca al mismo centro del que nunca debió haber sido estornudado -claro que, con tanto polvo- se explica su cadáver, no ya el de él ni el nuestro ni el de nuestras sienes, sino el de la propia urbe, caserío, ciudad o barco que navega hacia otras ruinas y no tiene brújula ni mapas donde encontrar una excusa para decir que desembocará en algún lado que no sea el mismo de siempre.

Pero el bar está bien.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Si tuviese que transformarse en un animal Semejante criatura, ¿Cuál sería?

Tesa dijo...

Está bien, como buen refugio que se precie.

Alberto M dijo...

No lo sé, anónimo, en un bicho zumbón o en Mazinger Zeta.

Con suerte seguirá abierto cuando vuelva, Tesa.

Abrazos.

hombredebarro dijo...

Si el bar de Valseca está bien, el plano puede que sea perfecto. Por otra parte hasta los hervíboros alguna vez quieren imitar a los carnívoros, como enseguida supo el fabulista Fedro que intentó que una vaca, una cabra y una oveja se aliasen con un león para repartirse la carne de un ciervo. Por supuesto, salieron mal parados.
Un saludo.
Ah, el aire de Grecia es casi como el de aquí. sirve para respirar.

Alberto M dijo...

Me alegra lo del aire. Un día tengo que ir a Grecia, pero haciendo bien de calorcito.

Un saludo, Hombre de barro. Iré a su blog a ver si ya ha vuelto.