sábado

Putting on the Ritz

No puedo dejar de preguntarme qué os hice, si hice mal. Si antaño andaba, si cabe, más confundido que ahora. Si una simple carta a día de sábado resolviera un solo día de los demás en que estuve preguntándome qué hacía mientras dibujaba en papel guarro las paredes de mi casa y era llevado de un médico a otro a que dijeran lo mismo por cada visita, le pondría cualquier remite.

En las vueltas, mi madre, llevado en su mano, cogía un taxi y me decía que yo podría con todo. Uno de los taxistas preguntó una vez en qué consistía el mal y mi madre le dijo que es porque yo era muy inteligente, que sabía mucho de libros. Y luego, recuerdo, él me preguntó quién era Goethe. Habló de Fausto. No respondí a nada y mi madre tampoco. Me dolía la cabeza y, era mentira, pues yo no sabía más que un poco de libros. Sí había leído Werther (lo tenía mi tía Pepita en su casa) pero no tenía nada que decir y tampoco lo sabía.

Luego, en casa, les decía a mi madre y a mi abuela que estuve mucho mejor cuando ingresado. Que allí conocía a gente.
Era la clínica Dr. Esquerdo, en mi mismo barrio. Hace poco, en una crónica de sucesos de la televisión, lo sacaron porque una mujer se había quitado la vida allí.
Yo no tuve ningún problema en ese sitio. Quizá debí haberlo tenido, pero lo cierto es que no tuve ninguno. Una señora mayor de Rep. Dominicana, Margarita, me tomaba la tensión por las noches y, con habilidad, lograba mejor facilidad para que tragara la medicación. En una de esas noches me levanté con dolores, temblando mucho y uno de los bedeles me dio un compuesto de codeína y se me pasó. Mientras me recuperaba les estuve viendo jugar al dominó, tranquilo, sentado. Me hubieran dejado jugar, pero volví a mi habitación, a gusto, en pijama. Quizá había habido algún error en la medicación, pensé en cuanto logré ser capaz, unos meses más tarde.

Pero en casa, abuela, sólo estamos viendo programas de gente que se muere o toreros que se divorcian.
Ya será verano, hijo y nos iremos a Valseca.
(Ese mes y medio era algo bueno que esperar. Como cualquier otra cosa, +,-).
Si tuviera un amigo, abuela, no sé dónde estaría. A lo mejor haciendo el loco.
Algo les habrás hecho a la gente, porque esos chicos eran tus amigos y vinieron a verte la otra vez que estuviste malo, cuando vinimos a vivir aquí. Lo que pasa es que no te acuerdas de las cosas.
Sí me acuerdo.
Y me decía que era tonto o discutíamos. Luego, se nos pasaba.

La abuela me preparaba de cena, a veces, lo que me apeteciera de lo que hubiese. Luego me hablaba de lo guapo y listo que era de pequeño y yo me dormía en sus rodillas.
A ninguno de los dos, en esos momentos, se nos pasaba por la cabeza que estuviera todo (o algo) perdido (yo u otra cosa) y, sin embargo, allí conservaba la felicidad, con veinte o veintiún años, recostado en ella mientras sonaba el ruido de la tele.
Los neurolépticos me daban miedo, pero los tomaba. Al día siguiente, a lo mejor, viajaba hasta la facultad y, poco a poco, iba haciendo vida.
Si no iba, mi abuela me preguntaba si es que le tenía miedo a la vida y yo le decía que a la vida también pero más al cuerpo. Ella comprendía y me daba un beso. Asentía porque había que hacerlo. Y con el tiempo eso de la facultad volvió a ser otro parque de atracciones.
No tengo ni idea en qué consistía mi trabajo allí.
Volvía a casa luego; qué otro remedio se ocurriera.

Los compuestos de litio creaban un pálido vegetalismo de jornadas que pasaban sin dejar apenas hueco para recibir lo que supone un día, por mucho que diera para hacer de una ventana algo donde entrara el aire moviendo el único pestillo.

Empecé a dibujar, en cuanto me vi capaz, las arrugas de las paredes de mi habitación en papeles guarro. Quería incluso, ser alguien. Reconstruir mi vida contándola. Preguntándome por qué.

El éxito, hijo, lo mejor, es que tú salgas de todo y estés bien.


Leo después, tranquilo, en casa, los siguientes versos de Antonio Ortega:

“Del respaldo en la silla
hacen lugar de descanso las aves
que el planear olvidan de sus alas”.

Y no evito tampoco los últimos de Arenario:

"Que el beso de esta noche
será mañana luz"


Miro esta foto antes de apagar.



(Ese día era poco después de lo de antes y a mí me habían invitado a una comunión). En fin, ello diría, qué pensará, si pensado, cualquiera de o ambos en uno o distintos tiempos, de lo que hago, de lo que sea, del sábado que viene, la vida, de cualquier cosa.

Expuesto a la química, el ombligo era la finalización de una naranja que, vacía, sometiera el sol hacia otro vientre. Produjera su alimento en otra constelación.

Fui en el buen sentido de la palabra cabra y llevé cencerro de puro decorativismo, de espectáculo que finaliza cualquier día de estos, en cuanto escriba una carta, soñando, a no sé quién y este la devuelva, firmada, a un ministerio de sanidad cualquiera que me llame y diga: Tú eras el niño ese, estábamos contentos contigo hasta que te fuiste sin decirnos nada, cabra desagradecida. Paranoico que, en tu rumbo, etc...


Buenas noches, C.

16 comentarios:

unapequeñanube dijo...

Que foto tan especial...
Me gustan las fotos que cuentan
historias de ternura como esta.
¡Que bonita pareja haceis ambos,
tu y tu abuelita!
Besos para los dos desde mis nubes
imaginarias...
meim

Alberto M dijo...

gracias meim. Es una foto muy importante para mí.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Sabia de su importancia, y quise decirtelo, aunque torpemente, no lo niego.
Un abrazo
meim

Alberto M dijo...

Muchas gracias Meim.
Otro abrazo fuerte para ti.

elenaberenice dijo...

Intensos momentos... :)

Alberto M dijo...

No, querida elena, aburridos. Intenso es tu blog. Muy recomendable.

humo dijo...

Tengo curiosidad por saber cuál ha sido el camino por el que has llegado a mi blog, tan diferente del tuyo...

(Por cierto: casi tengo la edad de tu abuela)

Alberto M dijo...

Querida Humo, sería insincero si te respondiese un cómo. No lo recuerdo y es probable que peque (de pecar :))de ingrato con el blog o la noticia que me llevó al tuyo.

Seguiré alerta en tu blog muy independiente de la edad que guardemos.
Me parece un enorme sitio donde ir.
(Tampoco atino a ver el lugar en cuanto es TAN diferente como sugieres).

Un abrazo.

Dulcinea del Abismo dijo...

El miedo a la vida, el miedo a la muerte... sí, también encierran el terror que le tenemos al cuerpo, por eso lo dejamos caer hacia el abismo, sea de forma contundente en un suicidio o de manera cobarde, como todos: poco a poco.

Tu narrativa me suena auténtica, te felicito.

Gracias por la visita, eres bienvenido allá cuando gustes.

Electrizantes Augurios.

Recaredo Veredas dijo...

Hola Alberto. Buen texto y buena utilización de los versos de Antonio Ortega. Si tiras de alguno de los hilos que planteas -pero no de todos a la vez- podrías conseguir un relato muy interesante. Saludos.

hombredebarro dijo...

No sé qué decir, pero no sabes cómo me ha interesado todo lo que cuentas: lo que entiendo y lo que no. Un saludo.

Pily dijo...

No entiendo muy bien esta entrada...así que he decidido que otro día con más tiempo indagare más por tu blog para poder opinar mejor...

Las flores del desierto me parecen preciosas y magnificas a su manera pero de ahí a ser una razón para vivir…aunque supongo que no se demasiado de filosofía, ya me explicaras…

Besos, volveré pronto…

Alberto M dijo...

Porque, Dulcinea, es una manera de zanjar todo y esa propiedad se antoja en momentos tan difusa como el propio miedo. Me alegra tu respuesta y la amabilísima bienvenida al tuyo. Permíteme, emulando los tuyos, llamar a augurios: de alta tensión, que diría el agente secreto.

Muchas gracias Reca. Me suele pasar eso que señalas de tirar de donde el demonio diga, pero muchas ganas tengo de buscarle la vuelta a ver si hay un relato por ahí y que sea decente.

Jopelines, Hombre de barro, siempre llegamos a lo mismo. A veces me pasa con tus entradas, que necesito una segunda lectura. Es que somos una complejidad acomplejada de su complejo creativo -o recreativo- :)

Eres bienvenida siempre que gustes Pily. Me gustó mucho tu entrada y lo de la flor era sólo que asocié el árbol del que hablabas a estas, como símbolo de esperanza. (Tampoco sé acerca de filosofía pero me encanta intentar explicarme).

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios.

Anónimo dijo...

Gracias por contarnos las cosas como las cuentas. No te puedes imaginar lo mucho que pienso en ti estos días, en lo que te veo como una pequeña bombilla de color , intermitente, regalándonos toda la positividad y la energía del que se ha sabido superar.
Recuerdo tu voz, a veces pastosa de "hijo de Jaime", las más, vivaracha y tus ojillos eufóricos... eres beneficioso bálsamo para nuestro espíritu escayolado

Gracias

Fray Guillermo

Alberto M dijo...

Estamos un poco pasaos, macho, liados con algo entre la especulación y la duda de las cosas y también, a veces, de los valores. Hasta que nos pasa algo donde no cabe un algo que meter entre medias para barajar un poco. No sé si me explico; frivolizar eligiendo, pasar el rato con un canal "necesariamente" favorito etc...
Menos mal que, entre tanto y tanto, a veces, nos podemos tomar un chatillo.
Y, nosotros, ya va tocando ¿No?


Estoy en el hotel hoy pero, después del meets rythmn selection, me pongo un solo a tu salud.

Que hablamos, monstruo.

Alicia Murillo dijo...

Me ha encantado este.