jueves

Habitante corriente Leopol en "Aprendiendo del péndulo que marca los segundos en la casa y siempre sonríe hasta que se le deja de empujar"


Los habitantes serie E3, ciudadanos de Valseca que trabajamos en una salita con mostrador y un reloj por día cuya única manija que existe es la del segundero, -como es su caso y el mío, por poner un ejemplo de lo más remoto para ambas entidades-, estamos continuamente expuestos a la mano ociosa del ojeador que entra en esta, nuestra sección, denominada en ocasiones informativa. En muchas de estas ocasiones en las que se ve implicada la posibilidad de una transacción, como es sabido por todo tipo de ciudadanos no exclusivamente de Valseca, sino perfectamente nacidos en los paisajes que pueden ser atisbados desde el camino de Zamarramala y, en versiones, ciertas cumbres cercanas a las Hoces del río Duratón -no hay necesidad de nombrar los valles desde donde se aprecia la torre de nuestra iglesia-, la información sólo puede hallarse en el movimiento de la mano que enseña el ojeador antes de elaborar un discurso aproximado de menos de una hora y cuarto e, incluso, antes de proceder a tocarnos.

Tras observar con la atención indicada por su mejor mano esta ponencia, el habitante de serie E3, ciudadano de Valseca, como es su propio caso desde la casa o el trabajo y el mío también desde mi casa o el trabajo, debe averiguar el cifrado de la intervención nombrada sin descuidar jamás la sonrisa y, posteriormente, -e importante- manteniendo esa debida expresión facial hasta correr el riesgo de quedarse así hasta la definitiva conversión en vanita -asumiendo el abandono del mejor puesto de trabajo al que puede optar un habitante de serie E3 como usted o como yo-, proceder a explicar lo válido de un producto elegido al azar con el fin de que el ojeador se convierta en la sonrisa mostrada en cualquiera de sus ocasionales titubeos y elabore su discurso en cualquier otro lugar tras el elogioso paso, del todo convencional, por la bandeja de estimación donativa o, si viable, sometiéndose a una extracción de medio litro B positivo en el mercado accionista de enfrente, enseñando antes -es absolutamente necesario- el correspondiente documento firmado (bajo pseudónimo y plica) por y tras consideración del mejor de los médicos posibles en nuestra sala de estar -la no ordenada simétricamente-.

Convertida la sonrisa propia en la presencia del sujeto caritativo, nuestro trabajo culmina tras señalar con rotulador negro de punta gorda y buen pulso una linea recta del IX al III en el reloj con fecha de hoy donde da vueltas la roja manija del segundero, con el fin de indicar el acabado de nuestra jornada laboral.
Después de esto podemos permitirnos retomar causas propias de ciudadano de serie E1, B5, A7 etc, así hasta reconocer la hora en la mañana siguiente y, por fin, retomar; cuidando, eso sí, que, tras haber dormido, nuestra cara se encuentre en el lugar conocido -de manera absolutamente empírica- como habitual y la bestia mamífera que viene al bajo de la cama y en el minuto que ella sabe para pedirnos, moviendo sus estrenadas manitas, la medida porción de desayuno que le corresponde, obre con la misma discreción de toda y cada una de nuestras mañanas perfectas.

Fdo: Leopol, doctor segundo de Valseca.

2 comentarios:

Sólo digo una cosa dijo...

¿Qué ha pasado? He tenido que ir a las afueras y comprobar que esto era Valsecavalseca. Me encontré al Telsio y me dijo que no pasaba nada, que es un adecentamiento, un barrío -que no barrio-.

Ha sido leer este post y empezar a ver secantes, tangentes, algoritmos y funciones en mi reloj de pulsera.

Saludos!!!

Alberto M dijo...

Gracias Rose, estupenda. Este Telsio es que es una portera. Le voy a echar del bló. Oye, en serio que a mí me mola más cómo queda así, que creo que se lee mejor. Lo de antes me gustaba porque parecía como del papel como ponían las cartas en los bares chulos de Segovia. Pero ahora todo es más ancho y del atlético de Madrid.

No te creas que no entro a tu blog eh, aunque no ponga nada, sigo y me tiene enganchado qué pasará dentro del buzón ese misterioso.

Un abrazote.