martes

La semejante criatura de cristal


Una vez al mes, por cada nuevo, me es enviado un jarrón con florecilla firmado por La semejante criatura. Así es desde que empecé a trabajar para esta empresa, a la que uno no intuye necesariamente ánimo de lucro, por mucho que sí suponga un agradecido abastecimiento en el lucro que le viene de los ánimos (cuando no de las ánimas, es más, de un purgatorio que, sospecho, no conoce).

A mí tan sólo me han dado a conocer tres datos acerca de Valseca.

El primero es que se trata del lugar donde a partir del pasado octubre (fecha en que nace el blog y probablemente la empresa) nací. De sencillo como tituló Perec a una autobiografía que se pregunta de inicio porqué no puede detenerse en ese título. Ser acabada en él o, como mucho, incluir una fecha -lo que sería probablemente un exceso-).
El segundo es que poseo una especie de despacho dentro de mi propio despacho, que no es mío, sino de cualquier personaje citado que venga a reclamar lo que tenga a buena -o mala- gana, con mayor autoridad si el citado es habitante de esa orbe.
El tercero es algo más críptico y sugiere que la luna –hoy precisamente, que acá se contempla llena- es un queso que no termina comiéndose el movimiento de La Tierra, pues siempre culmina dejando un agujero al que habré de referirme obligatoriamente.

Cuando doy un paso más allá de esos deberes, sé que me arriesgo a no recibir el jarrón con flor de remitente no conocido y firmado La semejante criatura. Y uno empieza a ver a ese remitente en la complejidad que sabe de lo marchito que ve, no ya en las flores, sino, ay, en los propios jarrones. Los jarrones padecen aluminosis cuando hechos de alumino y esclerosis cuando de tejido humano. Son jarrones que, cuando de barro, uno lo sabe biliar. La flor metida ahí dentro (tan sólo he recibido cinco), sin embargo, se ve bien alimentada y crecida, cortada con mimo en su mejor edad. Es una flor muerta rodeada de la lepra de esas cosas enfermas que le sirven de recinto al que no puedo pasar sin el miedo a que su cáncer conceda ocasión al mío.

Pero la de hoy era tan buena, tan bondadosamente humana, que he decidido salvarla y, una vez cogido el tallo para ser llevado al hueco abierto en mi cabeza (desde antaño el lugar donde me entra el aire fresco de cada mañana) la pobre flor ha chascado, debido a la ansiedad que, a veces, reside en mi dedo gordo. Como seguramente las demás, padece osteogénesis y su tallo, al romper, me ha provocado un nimio, profundo tajo en la mano derecha, por donde seguramente ha entrado La semejante criatura, incluidos en su persona todas y cada una de sus enfermedades, a enderezarme un poco los tendones para que me deje de monsergas y le dé a la tecla. Y, de paso, averiguar cómo va mi colágeno y resto de vida proteínica.

El detalle obtenido por uno de los pétalos al caer sobre la tapicería simulando en ella la forma de un corazón es una mera casualidad que no tiene porqué venir al caso.


Fdo: Redactor primero.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hasta la victoria, siempre.
Nada como Florencia, amigo.
Y los pétalos, que sean de chocolate.
Salud,
M.

Alberto M dijo...

Hasta el premio que exista jefe, sin olvidar el de Mientras que existe, que existe siempre, el capullo.

PD: Estoy buscando un libro del tipo del whisky que no recuerdo el título.
-bis- también, por las mujeres que derrochan simpatía.

(He redactado -mejormente no más que necesariamente- este texto, oigan, menor, pero antes cogido de los pétalos del propio pelo, que fue hecho un anteayer de lengua de gato negra) y ahora, creo, legible.
Aunque no puedo estar nada seguro.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Dejo una pequeña sonrisa en guisa de saludo...
http://www.triocrisol.com/audio/CapullitoDeAleli.MP3

Bssssss

Anónimo dijo...

Legible, y bien legible, has permitido -por fin- que los lectores pequeños y medianos podamos entrar en tu prosa.


Si es que cuando te pones... Hala, hala a ver si conseguimos que no una vez al mes, sino todos los días esa "semejante criatura" te regale una nueva flor, un cactus o una sequoia "para que te dejes de monsergas y le atices a la tecla". Lo del colágeno y de la vida proteínica... poco te puedo contar: soy un perroflauta, y las proteínas que se juntan para formar tejidos no abundan en las sopas de letras que desayuno.

Abrazos

Fra Guillermo

Alberto M dijo...

Pues una sonrisa preciosa, anónimo/a. La he escuchado tres veces esta mañana. A mí esos bolerillos no sólo es que me gusten sino que me suelen poner alegre casi siempre. Besots.

Fra Guillermo, le debo una caña, pero le voy a dar también una colleja con moneda eh cuando nos veamos.
Un abrazo.