domingo

Hasta que llegó su mora, por...


Faizulito ha asomado a la redacción a pedir un poco de protagonismo. Ahora que el bar está cerrado no se le ocurre más que echarse en el sofá a ver televisión y lo que sale, dice, le entristece mucho. Dice que ya no sacan el programa de Rodríguez de la Fuente. Que él creía que lo seguían echando. Ni tampoco echan lo de Curro Jiménez. Me pregunta qué pasa y no se me ocurre ánimo alguno que le sirva de respuesta. Me dice que, si queremos yo y mi jefe, ese que, dice, digo que no sé quién es, puede hacer de algo para el blog. Se ofrece de bobo del pueblo, ya que hay otro, Leopoldo, que es el tonto. Me pregunta qué ideas maneja la redacción que, sospecha, lleva una tal “Purita de toa la vía” y en ocasiones yo, que ahora me llamo Claudio. Se ofrece también de ciudadano breve, de especialista condenado a que le caiga una bolsa con el cadáver de algún ciudadano breve dentro y fabrique en él un nuevo cadáver -o viejo, dice, qué más da-. Un cadáver –dice- que algún otro cadáver se ocupará de meter en otra bolsa, hecha de la piel reciclada de un cadáver y así hasta que ya no queden personajes vivos salvo, dice, de cara a una película que existe en “ese mundo fantasmático en el que uno -afirma- se supone alguien”. Me dice que la otra vida, la normal, la que, dice, tiene ahora, es echarse en el sofá, encender la tele y no reconocer a nadie. Me dice no ocurrírsele nada salvo buscar en la lavadora el dibujo desteñido que habitaba en el jersey que le protege del frío que hace en su casa –el que le trajo su hermana, la Lucía, de Andorra-, pero que al final no porque le vence la tele, porque el bar está cerrado y él sólo puede hacer quejarse de que una noche el río pasó, ay Carmela, y su protagonismo fue inundado hasta no reconocerse -a ver, se justifica, no puedo respirar- en ningún figurante que participe entre la televisión y el sofá donde se tumba. Me pregunta, con seriedad, qué ha sido del algarrobo, ay Carmela, que él promete resistir pero que jamás perteneció a pueblo alguno que pudiera nadar y al tiempo coger los peces. Me dice “La mayoría del tiempo soy un regalo guardado en una cajita de cualquier color con su correspondiente detalle en el lazo. A veces, cada dos minutos o cada tres años, a alguien le da por abrirla y, ante sus ojos, ve cómo sale un payaso y le da un susto”. Ay Carmela, me pregunta qué ha sido de Carmela. Le digo que procuraré sacarle en el blog, que tendrá trabajo en el mundo de la interpretación; dinero, incluso, para invertir en la ficción del dinero y hasta una voz en el sitio del protagonista. Le digo que voto por él en las elecciones. Él me dice que en mi mano deposita el vacío de su plegaria, porque he atinado en ella. Le llamo Pobre diablo y Cajita que hace el indio cuando ninguno la mira y él me dice que ha visto esa peli y que la hicieron en Almería. Y le digo que escriba el post de hoy mientras voy a comprar café a casa la Puri. Cuando regreso, me encuentro que ha escrito esto, puesto título y firmado con la T de ¿Telsio?... y desaparecido. Uno se le imagina tumbado ya en el sofá de su casa viendo La isla de los famosos. Importa poco que llueva a jarros y que sean las once de la mañana de un lunes normal, corriente y lunes. Ay Carmela.

Fdo: T.

3 comentarios:

elenaberenice dijo...

"...ha asomado a la redacción a pedir un poco de protagonismo..."

Ja. Precioso.

Anónimo dijo...

¿Quién es Faizulito?

Alberto M dijo...

Muchas gracias Elena.

Faizulito, querido anónimo que sospecho Evis, son Solbes y Pizarro disfrazados de una sola moneda, la que tiene guardada en la caja el chino al que mi editor (Valdry Village editores) le vende las latas de cocacola en You´d be so nice to come home to y con una sola cara, la del propio chino, amigo mío.