miércoles

Outsiders: Valseca, Evucha y el duque de Sándwich


Espero una llamada de Enrique por la tarde.

- Ya no escribes cosas del pueblo.
- Pues no macho. Al siguiente, a lo mejor.
- Te estás haciendo un outsider, tío.
- Sí ¿Verdad? Joder, qué putada. Si ya me lo decía mi abuela, macho, al final va a resultar que soy un outsider de esos.

Y el caso es que no.

Luego me he dicho: A ver si soy capaz de recordar un poema o algo parecido, una cita etc... que hable de cómo veo el pueblo y tal. Y nada.
Normalmente me da por la play, pero llevo una semana y media o así de un literato de cejas. Un tío chungo que va en chándal por la casa armado con libros que se zampa en la cocina y, luego, en lugar de encender un cigarrillo, se pone con otro. Primero el Bataille. Pim Pam Pum, hora y media, luego el Nerval, Plas, 45 minutos (hasta estoy adelgazando), coñe, y luego: Pynchon chin chan chun, nada de tonterías: Mason y Dixon!! Sé que me echo a perder en este plan e incluso descuido el blog (por no hablar del tamagochi). Mi madre entra en mi vida de vez en cuando (para eso es madre): ¿No te has cambiado para la lavadora? -Mama, joe, que estoy con el Mason y Dixon...
- Pues voy a empezar a no dejarte ir al trabajo que, tú harás tus cosas pero, con esas otras, te comen la olla, como decís vosotros, y así estás.

Me he encerrado en una cueva y leo a la luz de las velas que me traen ánimas de un purgatorio concentrado alrededor de lo que va viendo, a cuantas más velas (advierto: primera alusión) mejor nitidez de sombras. Mi madre sufre por mí, ya dije, y me sube patatas onduladas. Pero yo estoy a lo mío y no cejo hasta terminar el libro. Para la cocina utilizo otros libros: Manganelli entero. Chin chan cataplás!! Hay que ver cómo me pone el Manganelli en la cocina, que diría un amigo mío -un chalao-. Termino el Murphy de Beckett. Termino los diarios de Musil. Con dos capones!! Pero el cuerpo pide más. Y hay que darle la unción que necesita. Me tientan los garbanzos con aceite, las judías verdes con ajo, me tienta el juego de El Padrino porque quiero matar a las familias rivales y me tientan un par de pelis del oeste. Pero no. Me mantengo a pie de cañón en los cánones que me he fijado (Dime si, por listo/a, has leído "cañones" en lugar de "cánones" que yo sí, que me he pasado). A este ritmo, Chevengur apenas son cuarenta minutos y luego La paloma de plata en el autobús. El tiempo pasa y suena otro día el despertador con la música de Rocky –sé que tocan las Vidas paralelas-. Hablo con Evuchi, que es la única que me comprende, que sabe que es necesario lo que hago. Porque esto –la explico- es amoldar el cuerpo. Cariño –le confieso- además me estoy poniendo muy majete –le explico- el enfermo, como el perro sarnoso, cuanto más pálido más hermoso. Pronto aprenderé a tocar el piano y me invitarán a fiestas para que haga los nocturnos y te vienes tú y cantas. Ella se está leyendo lo del CAP. Su cumple es el sábado. Iremos a un concierto o algo así. Aunque a mí me gustan más los restaurantes tranquis y hacer la música nosotros con la boca después del segundo plato (platillos ella, contrabajo y piano y yo el saxofón y la guitarra acústica).


- He hablado ayer con Enrique. Na, que ya no pongo nada en el blog y a veces entra.
- Pues pon algo.
- Pero tiene que ser del pueblo y no se me ocurre nada.
- Pon lo primero que tengas en las manos. -No se refiere al teléfono, está hablando en serio y haciendo un uso muy medido de la razón. Continúa: Luego pones una foto en la que salgas tomando un botellín y ya está.
- A veces me salvas la vida.
- ¿Sí, no? O el blog.
- Eso.


Pues eso:

Veo Valseca, aproximadamente y con la rotundidad que sea necesaria, como los siguientes párrafos:

Diferentes testigos presenciales dicen haber visto por última vez al duque de Sándwich, el comandante de la flota inglesa de casi tres quintales de peso, cercado por las llamas y gesticulando en el puente de popa preso de la desesperación. Lo único cierto es que su cadáver hinchado fue arrojado a la playa, cerca de Harwich, un par de semanas más tarde. Las costuras de su uniforme se habían reventado y los ojales estaban desgarrados, pero las condecoraciones de los pantalones refulgían con una magnificencia que no había menguado aún. En aquel tiempo no podía haber más que unas cuantas ciudades con tantas almas como las que se extinguieron en aquel combate...”
(W. G. Sebald “Los anillos de Saturno” Ed. Debate, Trad. Carmen Gómez y Georg Pichler).


- Ahora –uno supone que le diría- sólo hay que cambiar Harwich por Valseca y al duque de Sándwich por ¿Telsio?

Y, conlleve tragedia o alegres mulas pisoteando cebada, ya hay post. (En Valseca es tan fácil como en otros lugares, cercanos y sin playa, inventar una playa -igualito que hacerla, aproximadamente-).

Por cierto, un libro estupendo de Sebald que me regaló Manuel hace año y algo de pico y que, tras una semana dura en el sentido literal del propio sentido literario, con algún kilito menos, nueva camisa esta vez negra con un cuello chulo regalo de Eduardo, etc... he recomenzado con tal de lograr, en décimas de tiempo, la antigua tarea de, renglón a renglón, comprender la posibilidad de algunos libros de diferentes tamaños en un mundo que gira alrededor de sí y del sol mientras estoy leyendo entre la cueva con velas y la cocina, cerquita, eso sí, por si llama el propio sol, del teléfono móvil este que no hay dios que le entienda.

Lo más importante: Felicidades adelantadas para quien se comprenda aludido/a.
(Cuántos son, 48?)

5 comentarios:

Alberto M dijo...

Si existieses te regalaría algo, aunque fueran petunias al anís del mono borracho con llave final.

E dijo...

Hay que ver que guapos estáis cuando estáis guapos....

Besitos

E

Alberto M dijo...

Cierto, eh? Mira qué ojillos de bruja; consciente, además, de que va a haber foto. Estas Evuchas...

Macho, de tanto estar leyendo, el tamagochi se me ha metido a los "elevadores de conciencia" y no para de intentar salirse por el cristal de la pantalla.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Querido Alberto,
por fin has decido pasear acompañado del "turista cultural". Ten ciudado, joven maestro, "lo sublime", ay, puede provocar dolor de estómago.
Te sigo debiendo 100 euros. No se me olvida.
Salud,
M

Alberto M dijo...

A mí tampoco se me ha olvidado, jefe.

Me ha hecho mucha alegría que, entre mapas definitivamente temerarios y fados no menos peligrosos, saques un ratejo para pasar por aquí. A ver si te veo un día, leñe, en una fiesta o así.
Un abrazo.