viernes

Caciquismo valsecar -por ciudadano convulsivo nº 16-


Esta noche me he levantado extrañamente feliz. Pensaría que es pasajero si no fuera por lo inocente que es precisamente pensar eso, en un momento de felicidad; en una noche de felicidad que no acabará nunca, o que acabará sólo cuando todo el mundo sea así de feliz, hasta reventar, y tengamos que ir a tiendas para que nos vendan un poquejo de desgracia, si no todas aquellas que los pobres telediarios no consiguieron endosar en mi cabeza. Hoy en día, he de admitir, mi cabeza es un apartotel en Valseca. Tiene cinco piscinas y muchas muchachas, algunas de ellas hijas mías; y todas ellas cuentan con entera disposición de cócteles o pescado, fruta y cubalibres en el chiringo donde mis vasallos me parten las piñas. Cuando hace calor soplo. Sé que es así como se termina con el calentamiento de La Tierra. También tomando un licorcito. O dos. Y también durmiendo y soñando con mi hijita en el columpio. Me he convertido en mis empujoncitos y ya no sé si soy su espalda. Tuve una novia de 55 años, y me ha dejado. Yo he cumplido, gracias a la felicidad, 40. Porque la felicidad es una cosa que viene de la noche a la mañana en un apartotel de Valseca. Hoy, por ejemplo.

La putada era un detective que estaba haciendo preguntas todo el rato. Ahora he conseguido que los vasallos lo echen a patadas en el culo, por malo.
Quería saber quién era el asesino de mi ex novia. No sé cómo entró. Quizá, he pensado, fueran los médicos, que me lo metieron en el suero los días que estuve malo en el hospital. Ha entrado y empezado a hacer preguntas a una de las muchachas. Yo creía, debido a la gabardina, que sólo quería ligar con ella; y que era un pobre pervertido que no tenía nada que hacer pero que, a lo mejor, nos reíamos un poco con él, aunque a él no le hiciera gracia. Este hombre lo que quería era robar el imperio. Se empieza hablando con el que parte las piñas y se termina de director jefe del apartotel que a su vez tiene situado el jefe en su cabeza.

- Hay indicios que le señalan a usted.

Se refería a una de las palmeras que decoran los patios. Era un índice que señalaba indicios a las palmeras ¿Cómo podía tratarse de un pervertido? ¿Cómo? Un pervertido no hace esas cosas tan ridículas, pero menos hablando en alto. No me pregunten por qué lo sé.
Ordené entonces que le subieran al despacho y allí supe de su malévolo plan. Se estaba haciendo el borracho porque iba de incógnito ¿Cómo no me había dado cuenta? Le pregunté si era cierto lo de mi ex novia asesinada. Dijo que no, que era una coña, que de dónde había salido eso y que me fuera a tomar por culo. Entonces le dije que había caído bajo. Que para ser detective era un gilipollas. Y que esas cosas no se hacían en mi apartotel. Menudo soy yo, le advertí. Yo soy de esas personas que escalan el Everest con las manos por no tener que ir a las tiendas donde venden los aparejos de mierda, con cuerdas; que con eso me haría teleñeco, que yo llevo las uñas largas porque de vez en cuando me voy de escalada, que no es por guarro. Aquí que no tomase a nadie por lo que no era, y que si quería problemas los iba a tener de verdad. A mí, que me como las piñas sin pelarlas y no dejo la cresta, que eso es de maricones ¿o es que lo verde no se come? Él habló: Lo verde pincha, caballero.
Así son todos los maricones, lo verde pincha, lo verde pincha, ay, cómo me pincha lo verde. Se lo dije y se encaró conmigo. Oiga que usted no tiene ningún derecho a... a ¿qué? Y añadí: Gilipollas. Y me iba a aniquilar con su mirada inquieta pero antes, en un salto mortal, apreté el botón de debajo de la mesa y mis vasallos no tardaron y lo redujeron a cenizas. Yo digo que lo echaron a patadas en el culo, pero es para fardar. La verdad es que le hicieron cenizas y las repartimos por los ceniceros de las habitaciones. Los clientes dicen que son obras de arte, que hemos hecho una de las buenas y que a nadie se le había ocurrido antes. Ni a Picasso, dicen, con todo lo listo que era. Que habíamos llenado los ceniceros de ceniza y eliminado unas colillas que nunca hubo y que eso hay que patentarlo. Que eso era conceptual y no la Bourgeois. Que representaba la vida, la muerte y después las dos cosas a la vez, en el apartotel de una cabeza donde está prohibido fumar ¡con dos bemoles! Y etcétera.

Tienen, mis clientes, maneras muy extrañas, ñoñerías muy chungas. Pero les quiero. Mucho. Me dan todo el dinero al que aspiro en la vida, las noches en que no me levanto con miedo a mi felicidad. Sé que apagaré la luz de nuevo y que mañana, según dijo el hombre del tiempo, hará sol, aunque se cambiará de tarde por alguna borrasca que será pasajera.


Autor: Convulsivo 16, desertor de Valseca.

4 comentarios:

WWG dijo...

Hi, :) Nice blog
Look from Quebec Canada
http://www.wwg1.com

WWG :)

Alberto M dijo...

Thanks, I´ll look it, W.

Kiss for Canada.

Sólo digo una cosa dijo...

Lo digo yo: lo de las cenizas es arte. El que me vendió el piso me dejó a su cenizo padre en el armario junto a unos libros y unos manteles -no miento-. Dijo que ya vendría por él y como los días pasaban lo acabé metiendo en el trastero. Lástima no haber caído en rellenar los ceniceros... Valseca es la bomba.

Alberto M dijo...

Ese señor, Sólo digo, que te vendió el piso, no sabía de lo agradecido que es crear un reloj de arena con las cenizas de un cenizo padre, aunque fuera solamente para ver cómo pasan minutos alrededor del relleno preparado para esta santa noche; para tenerlo a punto. Diría un amigo mío: mejor reloj que el propio cigarro.

Valseca es que hay que detonarla :)