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Por una cabeza -Ciudadano convulsivo nº 15, en carta abierta (tablón de anuncios del ayuntamiento)-




En Valseca, a menudo, se recupera la costumbre de degollar a quien hace mal su oficio.
Los jóvenes consideramos casi lógico que este hecho dé comidilla de sí en los pueblos limítrofes ya que, comprendemos, las cabezas son muy importantes para la vida, así como por otro lado entendemos el mensaje del Sr. Alcalde cuando ante esto se pregunta: ¿y qué pasa con las tradiciones? Porque las tradiciones son, sin duda, los rasgos de identidad de nuestro humilde pueblo.


Comprendan quienes aún no conocen esta pequeña villa que, durante las fiestas patronales, los mozos acudimos a las eras, ávidos de competición, y participamos con orgullo en lanzamientos de cabeza, aparte la ilusión que en ello pone nuestra cantera, formada de futuros mozos y mozas, lozanos y lozanas. A nosotros el frontón nos parece un invento estupendo, pero lo levantaron muy después de la existencia de nuestros antepasados que, como es sabido en esta hacienda, son todos santos.


Esas cabezas, felices de paseo, en el carrito, pareciera que quieren pertenecer a las manos que lo sostienen ¿No son encantadoras? Nuestros pequeños se acercan y agitan en ellas sus sonajeros (a su vez fabricados con restos reciclados de los cráneos que dejaron de servir), con la esperanza de verlas animosas, cosa que sucede siempre.


Ponemos mucho cuidado en su presencia de cara al evento deportivo y cultural; y alejamos siempre de temperaturas no recomendables a los contornos de reciente desapego.


Los cuerpos de ellas son heredados por allegados de similar talla que los vacían, limpian, aroman y sirven de ellos como traje para eventos especiales, es decir, bodas, bautizos o el vermú.


Muchos nos sabemos orgullosos de aquel tiempo en que había de sobra y exportábamos al extranjero. Ahora sólo hay unas pocas, y es por culpa de los nuevos moralistas. Unos nuevos del pueblo que no han dado un palo al agua en toda su vida y quieren enseñarnos a los cosechadores cómo se anda. Insisten en que lo real es respirar y no comprenden que a otros lo real nos provoca mucha tos y malestar de pecho.
Sólo me tomo una caña con ellos cuando consigo que me llegue el suficiente oxígeno al cerebro. Les explico que no hay nada como aprender, de niño, a coger una cabeza debidamente para mejor lanzamiento. Les digo que conviene juntar los dedos adentro del mentón y apretar desde fuera con el pulgar, usando fuerza y la suficiente destreza para no quedarse pegado y salir volando con ella más allá de lo que la imaginación le pueda permitir a nadie. Si tuvieran un oficio sabrían a qué me refiero. Me miran con cara de circunstancia, si no altivos y mentales detrás de sus gafas importadas de Japón. Son el fracaso del darwinismo.

Jamás entenderán que el sueño de un mozo nacido acá es el de obtener el récord de lanzamiento; usando la cabeza propia.



Fdo: Ciudadano convulsivo nº 15

2 comentarios:

Rose Sélavy dijo...

Soy fiel lectora de las páginas del diario local en las que nos invitan a celebraciones absurdas. Festejamos el níspero, la pasa, la zanahoria morá, las sopas perotas o las migas... recuerdo también el día del patín con especial emoción. Pues bien, todo queda a la altura de una babucha al lado de Valseca. Resignación.

Sigo atenta.

Saludos!

Alberto M dijo...

Pues muchas gracias y un saludo para ti, Rose.

De todas maneras, te cuento, a mí lo de las migas me pone mucho.

Un abrazo.