viernes

Discurso del alcalde para las próximas elecciones de Valseca, mañana


Foto: La escuela de Valseca (tras los escombros y bajo los rayos -las clavo, tronco, para un día que salgo a hacerlas-) (lo negrita va con énfasis):

Instrucciones primeras ocurridas en jornada nº 16.012:
Tanto para primeros como para segundos o viceversa (de peor en mejorada y al revés también):
No hacer una segunda pregunta.
No hacer una segunda pregunta antes de una primera.
Mirar las pupilas del otro antes de la pregunta que se va a saltar.
Preguntar sin nada dentro, es decir: ¿?

Pero yo me pregunto cosas después de ver el telediario nocturno repetido tres veces consecutivas.

Me pregunto quién es Valseca. Hoy que se han acabado los cachetes me acuerdo del tierno don Alfonso. Me acuerdo en doble endecasílabo del tierno don Alfonso, aquel tierno don Alfonso que se quemaba a sí mismo de la manera en que rima (con el bonzo del que prima lo rimado de la estrofa). Pero hoy ya no hay nada que cantar. En una ocasión hicieron un coro y el tierno eligió a sus comandantes para hacer las voces de los niños de la canción de Perales en el Un, dos, tres. (Así anda Valseca) Y a nosotros, pobres, la EGB no nos entró por la cabeza sino por las orejas.
“Que canten los niños, que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar, que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad” Y, efectivamente, la verdad estuvo en los aquellos que se estrellaron con el sol de puro capricho y sigue estando en los que legan su voz al mundo para recibir una propia que, ay, es una voz que no canta.
Cantaron los que cumplieron el dictado del patoso, don Alfonso, y te diré: no tengo maldita gana de que me leas sino más que sepas que los ahorcados no teníamos mejor voz, pero sí mejor aliento.
Nos convertisteis en tocables, como al de las gafas de la peli de dePalma, pero no manchásteis traje alguno en vuestros iguales armarios. Qué salaos, nos vendíais pegamento tóxico -porque no había del otro- y luego unas collejas para que se nos pasase el moco.
Ese colegio era un dios y lo teníais a la guitarra, cantando canciones que no iba a bailar nadie.
Por eso brindamos por la posteridad, querido don Alfonso, y luego nos acordamos de aquello, no necesariamente por sabio más profundo, que recordaba un filósofo de ciencias: ¿Qué ha hecho la posteridad por nosotros? Tú, que te recuerdas, en los recreos, aprendiéndote en una pizarra el Con diez cañones por banda viento en popa a toda vela. Tú, ya sabes más que Espronceda del velero bergantín que no corta el mar, don Alfonso, pero tampoco, prenda, lo vuela. Sólo aspira a volar a la manera del mosquito cojonero un día de insomnio por el viento que uno hace para desplazar un poco más el barco -que yo creo que era una mula en realidad-.
Eh, que a mí me parece muy bien lo de los cachetes y hasta las hostias, pero también teníais que haber pegado un poco a los buenos. Que dios está en todas partes y no hay manos moviéndose al mismo tiempo que quepan en este mundo, ni mancos que las aborden tampoco.
Me acuerdo del velero bergantín con la misma nostalgia que me enseña que Estambul no está allá a su frente, aunque hayan puesto un kebab. Detrás de la casa de un vecino, efectivamente, con el que jamás me he cruzado y quién sabe si no se llamará don Alfonso -ética, lengua, matemáticas, educación física, clase de canto... un crack!-

Te tengo miedo, pobre lunar de mi sol. Tengo miedo de las leyes estrambóticas, de la tele y radio, de la harina con que se hace el pan nuestro de cada día, tengo miedo de Almodóvar y de Victoria Beckham. Y me consuela esa secuencia de Grupo Salvaje en la que Ernest Borgine le pregunta a William Holden: ¿Cuánto crees que valemos? A lo que Holden responde: Según el hambre que tengan. Pero sobre todo tengo miedo de los resentidos.

Cien naciones a tus pies por cada presa que hiciste.

Hoy ya los pobres deficientes mentales no podrán tener acceso a armas en Norteamérica. Pero los demás sí.
No sé si me entiendes, don Alfonso.

Pero, escucha, hoy, aunque me he perdido el partido, ha ganado el atleti. Y ahora me voy a acostar y mañana hasta las seis no me levanto. Diré, desde la cama, aquello que iba a lucir (o va) en la tumba de Labordeta, y que no he oído cantar hoy: “No legislé” (es verdad, qué asco de planes pero bue...). Y no ha legislado, don Alfonso. O a lo mejor sí. Me da igual. Estoy un poco moña y me voy a acostar, y antes te voy a hablar del triunfo, don Alfonso, del éxito. No sé nada y cada vez sé menos pero quiero vivir y voy a dormir por hobbie, por descanso o por ambas cosas, hoy. Dormiré sosegado, arrullado por el mar (que es lo mismo que dos copas hoy, de anís del mono o lagavulin, entre colegas -eso vale más que mil pizarras por menos capones temple-). Y ahora caigo que sí me acuerdo algo de ti, pero el tiempo ha pasado para todos. Y sí, comprendo que te debo muchas cosas.
Perdonen lo penoso pero es que yo veo la película de los Sleepers y me digo: así le teníamos que hacer al don Alfonso!! Tantos años con la rabia acumulada para luego na!! joe


(Aplausos de los sobrinos en la plaza)
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¿Saldrá Laszlo Ravirov de alcalde otra legislatura?
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Don Alfonso, sigue militando en las hordas opusinas, aunque cansado y decrépito, como drogado por el cronoliptal, su cerebro sigue embotado por el Emilio de Rousseau. La ley natural le sigue tentando en el frio lecho todas las noches, al acostarse despues de mirar a los muchachos en la tele.
Don Alfonso se llamaba Don Jose o Don Carlos o Don Demetrio... en los ochenta ya no se les llamaba padre ni pater, simplemente Don. Pero jamas llegaron a bachiller. Hasta en eso nos mentían.

Intuyo que ayer la noche le envolvió su fragil mente con la borrachera de las musas, amigo Alberto. Cuánta razón tiene nuestro querido topo al hablar del
http://eltopogigante.blogspot.com/2007/12/el-vino-de-los-borrachos_17.html
Alguien dijo in vino "meditas"?

Alberto M dijo...

Bueno, macho, yo ayer veía hasta nínfulas, y en taxis compartidos además. Una desfachatez y una falta de vergüenza también. Y sí, este post es consecuencia de un experimento. En el siguiente habrá menos uva en general.

Ahora que es cuando había que darles "cachetes" pero sin comillas, collejines si se prefiere (¿Por qué lo habrán rebajado a la categoría -¿legal?- de "cachete"? ¿Por qué no "de los capones con los anillos puestos a propósito y todo esto como mínimo"?

Ahora en serio:
Saldrá Laszlo Ravirov de alcalde otra vez???

Un abrazo tronco.

Alberto M dijo...

Nota: He comprendido en qué fallaba el experimento y procurado arreglarlo por una vía también experimental que, quizás (fíjate qué cosas) me ayude a deshacer el experimentalismo en lo tocante a la relación discurso-personaje-autobiografía-tres copas.

Conste.