domingo

Las mejores cosas de la vida... ¿Salen en las fotos?

Hay, supongo, existen unos años de mi vida que no recuerdo muy bien si he sido yo el que los ha vivido u otro. Me medicaba mucho -con neurolépticos (haloperidol sobre todo)-, iba al psiquiatra, pasaba semanas enteras, en ocasiones, sin salir de casa. Iba también, entonces, creo, a la facultad de bellas artes. Hacía que me preocupaba un ratito por la asignatura de color, por las técnicas del grabado, por mejorar la destreza con el carboncillo... Eso durante aproximadamente una media de media hora al día.
Luego me gastaba las propinas de mi tío Martín en cañas.

Me juntaba con Fran, un tipo peligroso, gallego, que arrancaba el opel corsa y nos íbamos por ahí a ser como el Vaquilla y el Torete. Nos lo jugábamos todo al filo de una navaja que nos habíamos inventado. Una cheira automática que abría y cerraba cuando quería, allá dentro, donde, por lo que parece, conservamos los recuerdos y lo que se parece a ellos, además de otras cosas igual de siniestras, si no más.
Luego se casó con Chiara. Un día saqué dinero, vendí un montón de dibujos y me fui a verles a Roma. Para eso era artista, si no ¿de qué? Compré una cámara de esas de usar y tirar, y saqué algunas fotos, entre ellas esta:



Les pedí que la tiraran a una familia de alemanes ¿? que pasaban por allí. Hablábamos todos una lengua común. La mejor de todas. La que se realiza sin lengua. Tiendes una cámara a alguien, juntas las manos como para rezar, sonríes y el otro se entera de lo que ocurre -entiéndase, no echó a correr con la cámara porque era de usar y tirar-. Un tipo muy majo. No acertaba con el botón y la tiró su hija. Los niños saben más de estas cosas, y no sólo más, mejor ¿A que salimos centrados? (me refiero al encuadre de la foto, no a nosotros) ¿A que sí? La niña fue la que sugirió que nos pusiéramos a la manera de los hermanos Dalton, y todo esto con señas. Mucho mejor que la palabra. Cuando la tiró, yo estaba diciendo ¡Vamos, hija, que es para hoy! pero con gestos ¿A que mola mucho más? Ese episodio de La Torre de Babel lo entiendo como una cosa maravillosa que nos tenía que pasar todos los días, no como un castigo al hombre por juntarse a hacer una torre para subir al cielo con el afán de gobernar no sé muy bien el qué. Es un regalo, en realidad. Una parábola que nos enseña de lo bueno que es hacer una torre de alta hasta el cielo, que llegue hasta la luna, que sea como esos equilibristas que forman un solo cuerpo en una jarra cada vez más grande y mejor. Eso es lo mejor de la vida. Después, una niña pequeñita como la que nos tiró la foto, sube entre los hombros de los demás, erige su trono arriba, le da un beso al sol y se pone todavía más colorado. ¿No mola? A mí sí. Y también que lo apague de un soplido pidiendo un deseo antes: hacer una foto a estos de la pared, por ejemplo.
Estábamos contentísimos. Y los que nos hicieron la foto también.

Fran y Chiara, entonces, vivían en el Trastévere. Ese día no trabajaban y nos fuimos a comer raviolis y tomar vino rosso -¿rosso?-.
En el resto de las fotos no salimos en un paredón, pero siempre faltaba alguno de los tres, y es mejor los tres que dos + La Fontana de Trevi o la Piazza dei fiore.
Los demás días estuve en el apartamento de Fran y Chía -había un mercado abajo-, me compraba limoncellos o como se escriba y me ponía la canción esa de "vivo entre rejas, antes era chapista", escribía historias en folios que luego perdía y leía a Umbral y a André Breton, estaba tan a gusto; no tenía móvil aún y mi madre llamaba algunas noches al fijo y le decía a Fran: ¿Cómo le ves? Oye, que no beba, que le viene muy mal, hijo, y que se tome la medicación (la realidad es que nos la tomábamos Fran y yo a pachas). Los monumentos ya los había visto por la tele y también una vez que estuve con el colegio y me enteré un poco, pero regular. Me dan igual, aunque me encanten y me encante Italia en general. Mucho más que mucho, una belleza más allá del compendio de bellezas que conozco. Si me dieran a elegir entre una ballena surcando océanos e Italia no sé qué haría. Lo juro por Italia.

Hoy tienen tres hijos muy traviesos. Me parece. -Si no lo son, deberían-.



Luego volví a Madrid. Fui a la facultad de nuevo. Entraba en clase de cine y comunicación (o algo así), me veía una peli por la pata, iba a tomar apuntes a clase de quinto y pasaba desapercibido. Asustaba a las modelos, al principio; eso me dijeron ellas mismas algún mes más tarde, cuando ya éramos amigos. Si alguien se metía conmigo o me quería demostrar algo que no me apetecía, le decía que yo era esquizofrénico, cosa que era más o menos verdad pero, sobre todo, mentira. Y me dejaba en paz o se iba a demostrárselo a otro.
Una vez, a una de las modelos, me la presentaron Víctor y Javi. Una chica muy salá que me gustaba; porque cuando yo dejaba los apuntes dibujísticos me iba a otra clase, de grabado, a ver a Víctor y Javi. Y, si podían, nos tomábamos cañas. Nos sentábamos en la cafetería esa y nos contábamos la vida según el tiempo que hacía. Por ejemplo: Que veíamos que las buenas -pero sobre todo malas, claro- se iban con los del freesbi (o como se escriba), nos decíamos, pues habrá que aprender a jugar a esto, este verano ensayo...

Aprendíamos también la vida, creo, en esos días, sin planificar mucho más allá de las cañas. Mao Tsé era un tipo que seguramente dijo muchas tonterías, pero una vez dijo algo maravilloso, revelador, algo así: Si un día te paras y atisbas el horizonte ¡cuidado si ves cuatro huevos!
Sabíamos eso, más o menos o de otra manera. Por eso vivíamos según el sol, no sabíamos si teníamos churras o meninas, etc... por eso procurábamos el rato. Víctor hacía unos linóleos estupendos y esculturas con hierros del scalectrix. Javi hacía montajes fotográficos y captaba los movimientos que debía para luego hacer historias que volvían a empezar en seis imágenes. Yo escribía novelas, cuentos o mi vida y ellos, en algunas ocasiones, iban, encima, y se lo leían. Mira qué majetes estamos aquí: (en otras salen ellos más guapos, pero este es mi blog y pongo la que quiero -para eso estamos los colegas-).



De derecha a izquierda, Javi, Víctor y yo, el día que celebré que cumplía veintipico. Aunque no lo utilizábamos, teníamos el incienso (en la mesa, a la izquierda) porque a veces olía mucho a porro. Estábamos en casa de mis padres, en los siniestros bajos y, si bajaba la guardia real, decíamos que nos habíamos equivocado al encender el incienso, que no sabíamos que había que quitar el plástico o si había que encenderlos todos a la vez, nos echábamos esa culpa y cargábamos con ella como Jabatos, y si no que se la echaran a la tía Pepita, que era la que lo compraba. Mi tía Pepa nos atendía y proveía de todo, desde cáñamo hasta opiáceos pasando por solanáceas o gramíneas. Mi tía Pepa es la mejor del mundo. Hoy, que estoy de fotos y recuerditos, os voy a enseñar otra estupenda:


Aquí estoy con ella y con un cangrejo o algo así, la primera vez que vi bichos de esa inteligente naturaleza, con lo blando dentro y lo duro fuera. Estábamos en la casa de Valseca y, por la ropa, era verano. Un gran día, fijo. En mi familia siempre hemos sido tíos muy duros, chungos, peligrosos y nos comíamos esos bichos con la cáscara, con la cola, con la cabeza y moviéndose, sin poner la mesa, encima de la pila no fuera a ser, eso sí, que escurriera.
Es broma, quiero decir: no recuerdo nada de ese día ¿Es eso justo? Yo creo que es lo mejor de la vida. Aparece una foto como esa y se te dispara la configuración que tienes, por esquemas, de lo que te ha ido pasando. Me figuro con el abuelo, con la abuela, con los tíos, mi prima y mis padres, con un talbot, me suena que blanco.

No sé, una vez le oí a un escritor decir que las historias de familia, escribirlas, leerlas, compartirlas era algo tremendamente aburrido, incluso, obsceno. En ese momento estuve de acuerdo, con gestos o algo así. Hoy he estado mirando fotos. He empezado sobre las doce de la noche. Y he pensado que no puede ser que lleve mucho tiempo sin ver a Fran, a Chía, a Víctor y a Javi, por ejemplo. Y que eso no nos lo podemos permitir. Yo no, al menos.



Mira, aquí estoy subido a la burra del tío Vicente, en La Calera:


Soy el que va atrás, agarrado a una especie de primo mío (entonces, allá, el que no era primo por decreto, lo era sin él; conocí primos cuartos la mar de majos, y primas cuartas que, al ser cuartas, con el tiempo, las podías echar los trastos y, a lo mejor, tirártelas). -¿Qué habrá sido de aquellos tusos del fondo?-


Fdo: &(:-B}

13 comentarios:

Anónimo dijo...

A mí me encanta escuchar historias como ésta. Hace tiempo que no veo fotos y a veces para situarme en un determinado esquema que me reconforte recuerdo alguna.Casi siempre son de cuando era pequeña.
Un beso.
Evis

hombredebarro dijo...

Pues sí que sí, ahí va parte de la novela de tu vida, con tanto de real como de irreal, y quién mejor que tú para contarla. Con su poquito de nostalgia, que es plabra preciosa al significar dolor (como neuralgia) porque no llega el momento de regresar a casa, o al menos uno no lo ve.

Guadiana dijo...

Cuando el relato familiar está bien escrito, sólo puede llegar a aburrir a quien no se identifica ni con la forma ni con el contenido. Hasta ahí bastante parecido a lo que sucede con el resto de libros que se editan.
Ahora bien, baste que el lector halle algún nexo real o ficticio con lo que el autor cuenta, o con el hecho mismo de que lo haga, para que le parezca cualquier cosa antes que aburrido.
Ese escritor seguramente tendría gustos muy particulares que no hay por qué compartir. De hecho, yo te agradezco cuando escribes para que gente como yo te entienda. Incluso aunque para ti ese hecho en sí, no se parezca a lo que esperabas.

Un beso.

fran dijo...

con esos ojitos tienes que salpicarme en mi mesa Fiorentina, venga... cinco traviesos/as

εïз Azarukita εïз dijo...

Vaya recuerdos, me ha gustado como describiste lo de la niña y la fotografía, hermoso.
Amo las fotografías, no ves? Recuerdos, anécdotas ilustradas, incluso aquellas que no recordamos.
Hermoso!
:)
saludos, que estés muy bien. Un abrazo.

Alberto M dijo...

EVis, un beso: Estoy casi seguro de que seguimos siendo pequeños, incluso para ser pequeños. Lo de la patria de la infancia etc, lo entiendo como algo así: yo, de pequeño, era más listo, me creía todo, incluso, por ejemplo, que era español o de España. El problema es al hacernos "selectivos", abarcamos más y menos al mismo tiempo pero, encima, nos volvemos jilipollas.

Es por esta anterior vereda que entiendo, Hombre de Barro, tu comentario. La palabra "casa" se convierte en un sinónimo de seguridad (y de paz) y estoy totalmente de acuerdo contigo en que no llega el momento de regresar, al ser inevitablemente, un lugar que responde a un tiempo igual; pero, sobre todo, claro, en que uno no lo vea. Muchas gracias por tu comentario, y por el optimismo que, desde tu experiencia, desprendes hacia la actitud creativa.

¿Verdad, Guadi? Estoy de acuerdo y también en que en los medios nos tragamos, en ocasiones -yo, al menos, a veces- historias así (de la vida) -independientemente de la utilización de la forma- que no funcionan nada. Estoy seguro que se debe a lo que dices. Yo no entiendo a Paquirrín porque no estoy todas las noches de marcha en los sitios a los que él va -o al torero o al futbolista-. Necesito un nexo real (o 2500 euros al día) para comprender esas cosas. No sé si me explico, aunque contigo siempre es un placer. Muchísimas gracias por tu generosidad. (No paro de escuchar a "la Cassidy" jaja -ahora está sonando la versión de Autumn leaves-). Un beso.

Fran, tronco, debo hacerlo. Te confieso que es de lo que más me gustaría hacer con el año que viene -tranqui, iría a lo mucho 4 días-. Un abrazo, jefe.

Azzarukko, muchísimas gracias. Tenía cosa, con este post, te confieso, sé que es demasiado largo, pero me pasó lo que tú dices, no pude parar al intentar reconstruir a partir de las imágenes. La foto, lo que contiene de recuerdo -o de posibilidad de este- es una buena cosa que amar. Una suerte de vitalismo.
Un abrazo para ti.

Alberto M dijo...

Prometo que no voy a tomar más MDMA (o como se escriba)hoy :)

Alfredo el hambriento dijo...

Creo que es MDMDA, y también creo que pone un poco cachondo... solo creo.
Bueno querido, light (ligerito en castellano) pero como los recuerdos buenos mismos bien recordados y mejor contados, de un ligerito tan agradable que me alegra no ser cangrejo como Clint Eastwood y ser de hueso por dentro y blando por fuera ( no como platero blando en sus adentros...), seamos primos compadre...

Alberto M dijo...

Por lo que parece, Medea tenía, y era de esperar, algo que ver ¿No, Alfredo?
¿Primos? Hecho. Primos light, mola cómo suena ¿No te parece?
Un abrazoto.

Anónimo dijo...

Todo habla; palabras escritas y fotos. Todo distila emoción buena,
de esas que hacen que uno corra a mirar sus propias fotos...y el recuerdo aun vivo.
Gracias, Sel,un beso.
meim

Anónimo dijo...

Todo habla; palabras escritas y fotos. Todo distila emoción buena,
de esas que hacen que uno corra a mirar sus propias fotos...y el recuerdo aun vivo.
Gracias, Sel,un beso.
meim

Alberto M dijo...

gracias a ti, meim, y un beso. Te agradezco que me digas eso del recuerdo y el bien, porque es la intención que prefiero.

Marisa dijo...

Muy buena la novela de tu vida. Yo tengo en mi poder más de tres años casi sin recuerdos, la ventaja es que los inventas y tan agusto. Los días sin planificar los sigo disfrutando.
Sigue escribiendo
Marisa