jueves

Si no existe Valseca, entonces, no existo yo. Autor: Faizulito.


Valseca existe, creo, en uno de los cajones del ropero de mi habitación. Me he puesto a abrirlos todos. Lo he hecho con ansia de eunuco enamorado. En el primero me he encontrado cosas como Cancún, Florida y Connetica. Pero no he consentido terminar así sino que continué hasta bien entrado el alba, aunque Valseca no apareció. Es entonces cuando no he sabido si soy yo el que no existe.


En un tiempo fui un chaval pequeñito, chavalín, como hecho del sobrante de los bollos y, tras terminar los estudios, sin aún haber crecido demasiado, ya pensé que podría casarme en Madrid con una chica sencilla como Espido. Hacer vida, también, y enterrar todos los lugares que guardo en los cajones del ropero que está en mi habitación.

Más tarde, al haberlo abierto ya todo, vi Valseca, de nuevo, mientras se me caían los mocatones y, desde el suelo, agonizante, me dijo que ordenara, entero, el ropero de mi cuarto y que no llorara, que eso era de maricas.


Lo hice.
Y, claro, he desaparecido para siempre. Y antes, no les he dicho a ninguno que volveré ni añadido que eso será cuando todos vosotros, necesarios indígenas, existáis de una maldita vez.

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