jueves

No decir nada. Un ejemplo. (prueba)


Es decir...
Antepenúltima entrevista con el Sr. Alcalde:


Su cabeza, decimonónica como la corbata verde de César Antonio Molina, venía a exponer que en esta sartén era cocida la desintegración de un lugar espacialmente posible y temporalmente sometido a avatares de travesía bipolar. Dije que no. Que todo esto no era importante, que dejase al chisme moverse hasta que cayera de pura dejadez del árbol; que callase, de puro ajeno, a motivo que tuviera consistencia en alguna de sus inventadas ramas. Y añadí: O menos puro.
Mira: En eso último estábamos de acuerdo.

Su cabeza, decimonónica como el saber al que era ido, adoptó postura gacha como si debajo de él hallase gestiones de garbanzo que dijeran en su verde algún sonido.

Elegí ceder corbata. Y, desde entonces, sumada la capucha y los anillos, he ido dejándome un bigote -de dejado nada puro (entiéndase, mejormente acumuladora del percal de los inciensos, la ceniza y a su aire y bola)- que obliga a los electores a confundirme con una especie de dedicado monje a conjeturas no coherentes y bellezas cada vez menos convulsas; probable ordenador de unas historias que aspiraban de su yugo y jamás nombrasen la probabilidad de un pueblo que, sin embargo, aspira a ser lugar e, incluso, asentamiento de vísperas viables.

Fdo: Rector inventado de lugar no existente

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Anda ya!
encima con mi Anita dando voces...
Luego te llamo

Alberto M dijo...

pues sí que estamos copaos

Anónimo dijo...

Fantástica foto