sábado

La zanahoria es buena para la vista


Las mujeres eran el motivo de acudir a misa, en Valseca. Tenían dos cerebros, uno en la parte posterior y otro de mano. Raro es que utilizaran ambos en un mismo segundo pero cierto también que, en los viajes, eran siempre cuidadosas con el equipaje y procuraban delicadeza al resto de vagones. Sin ellas, los animales, nos hubiéramos ahorrado nuestra afición a la naturaleza.

En mi familia éramos ocho hermanas y la mitad tuertas –es decir, con uno de los ojos capaz de mirar dentro- el hermano, ciego de los dos ojos, era yo, pero aprendí a ver -primero lo intenté con el ombligo- consiguiéndolo finalmente a través de ese error: haciendo fuerza abdominal y fabricando la visión en el aliento cuando el frío, hasta huir ello en un defecto del ansia y dejarme solo en este cuerpo.

Hoy está en un charco -con forma de hortaliza- y, quieta, sólo atisba el tejado anónimo de cualquier vecino, y así será hasta que salga el sol de nuevo y se evapore.

Autor, el Alcalde.


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