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Apuntes didácticos para pasear por Valseca -por ciudadano convulsivo un poco manco-





Una vez en esta zona, cierto es, se puede elegir entre dos sentidos a la hora de efectuar el paseo diario y, cierto es, se puede llevar bocadillo o fruta. Pero aún más cierto, una vez se elige Valseca como sentido –y en él ubicados los dos probables con sus albuferas correspondientes- uno sólo puede hallar en él Valseca o, como viable alternativa, el vacío -que no es importante, al pertenecer a los años 20 del siglo pasado-.

El vacío, a diferencia de Valseca, existe y mide 20000 km de longitud, como bien sabía el poeta que lo midió en su caída.

Valseca, a diferencia del vacío, sólo existe como diferencia del vacío (que es allá -como todo el mundo sabe- donde caen los que lo supieron).

Verdad, realidad e identidad son cosas que no atañen a Valseca. Es en ese sentido donde se puede ubicar Valseca. Siguiendo el itinerario uno puede encontrarse con la Fuente el Pájaro. No obstante, una inclusión voluntaria en lo que no se cree es similar al itinerario que incluiría una bajada desde el cementerio nuevo parando en La cruz de Hontanares y dirigiendo, desde allí –todos sabemos que es un lugar idóneo para hacerlo- una mirada a Las Viñas, proponiendo en ello otro tipo de cultura –o, viablemente, contracultura- del paseo.

Evitar: Biblioteca. Títulos: cualquiera. Cierto: Si recuerdas –siendo capaz- la contraseña del usuario registrado bajo tu carné de identidad, puedes acceder al correo electrónico de la persona que eres en cualquier otro lado que sí exista del planeta, inclusive si la cuenta es propia.

Útil: Partida de dominó. Ya no salen los dobles. Lo ha cambiado el dueño de las fichas.

Pasear es bueno eligiendo de lado el viento para compensarlo a la vuelta. A veces sopla muy fuerte, tanto, que no hay quien capaz de manejar las mesas ni la brisca.

Sacar el bocadillo es mejor no habiendo gente. Parece una cosa de avaro, de malicioso. Pero no. Es por no tentar a las pirañas. Los tullidos del pueblo sabemos de lo que hablamos. Tengo mis manos enterradas en las afueras de Valseca. Un día iré por ellas y, luego de desenterrarlas y meterlas en la bolsa, no osaré volver los pasos de nuevo hacia atrás ni hacia delante.

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