lunes

Habitantes por entregas tres: Justi, El místico -esto lo escribió antes de que le echáramos del pueblo por pesao-


Valseca no es un valle seco más que un vals castellanizado; del femenino de los ecos que se oyen avanzado ya el camino hacia Segovia y, alucinado, devuelve a los grillos su respuesta. Es una obra de Bunin con el título de ayer, y un pequeño caos en cuya grandeza reside su secreto. Empecé a hablar así cuando alcanzaba los seis años de edad y comenzaron a llamarme El místico.

Hoy, después de haber cumplido los quince, me esfuerzo en el lazo de la soga y, colgada la cuerda del ventilador del bar, espera cada día la cabeza de un bendito que precie de mi ocurrencia.


Me he presentado a concejal de urbanismo y sido edificado bajo la mitad del charco en donde bebo, sin parar, por ser demasiado joven para hacer ficha con el equipo de futbito.

Luego voy al mesón y reinicio el lazo de la soga. El encargado, antaño un judío segoviano que se hacía el búlgaro y hoy un judío búlgaro que se hace el segoviano, me deja que la ponga. Me anima al viaje cuando parto hacia la casa en donde soy bien recibido por los sapos; para luego, a los segundos, desenredar la cuerda a fuerza de activar el ventilador, guisa con la cuál, antes de dejarse caer, mata a dos moscas.



Mi nombre es Justi junior y antaño fui El místico del pueblo. Hoy he ganado que me llamen por mi nombre. Muchos esperan en el bar que mi cabeza dé sitio al hueco donde reside el legado que a mis allegados presto.


Al cabo, serán ellos quienes se ocupen de abrir el lazo de un regalo envuelto en meritorias condiciones.


Fdo: Justi j.

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