lunes

Fiestas patronales de Valseca - por ciudadano convulsivo nº 1 -


Del segundo volumen de la obra: “Valseca (o Paraíso vacacional en el bar de Marcial)” de autoría propia e impropia en la misma frase.
Añadir que, en esta ocasión, la fotografía no lo es -propia- aunque, además de a Javier (en la foto), debido a sus características atributivas (las de la foto), nos define -quintos o menos-, a una enorme mayoría de jovenzuelos de allí que -tapados o menos- nos dejamos ver en ciertas horas -adecuadas o menos-. Por favor, si aparece el autor/a, reclame y firme -la entrada, claro-.


APARTADO DEDICADO A FIESTAS PATRONALES:

Sirva mi pueblo como ejemplo de la decrepitud que rodea estas celebraciones a las que, dicho de paso, no he dejado de asistir ningún año (los más morbosos podrán paladear mis exquisitas experiencias personales en el volumen “El día en que parí una marranilla allá por La Fuente el Pájaro”, de emergente publicación). Empecemos el guisado con algunas definiciones que he ido anotando víctima de mi empirismo a propósito de tales fiestas para terminar con el escrito que firmé bajo el seudónimo “Robespierre”, el cual no dejó de convertirse en popular por un día en el castellano bar Fuentes (tan magnificado en mi obra viva), antes de desaparecer a manos de algún intrépido paladín marranero (ya aclarado mi concepto acerca de esta palabra de sonoridad tan cáustica) con soltura para la crítica literaria.

DEFINICIONES: Conste he escogido las relativas a todo lo que gira en torno a la fiesta patronal (extraídas de mi “Guía para etílicos y otras entes sin fundamento”)

- El grupo: Marionetos e instrumentistas con los ojos puestos en la MTV y los Grammies al tiempo que se disponen a ofrecer una nueva versión de “Paquito el chocolatero” a la plebe que les rodea, garrafa en mano, en medio de una plaza, alijarando con estos bardos una especie de momento histórico mientras la tipa del micro (la mini le hace juego, no por casualidad, con la verruguita postiza de la mejilla izquierda) se arranca por Chenoa. No deja de resultar curioso que la fiesta gire alrededor de los aquí retratados, cuando nadie, en realidad, les hace ni puto caso... Chocantemente, y esto son palabras mayores, ponen música de los Estopa o de Julio Iglesias a nuestros empujones para llegar hasta la peña más cercana en busca de droga, objeto por el cual casi podría asegurarse que se ganan con creces el cheque que les da la junta.

- Los “almas de fiesta”: Aquellos que terminada la función se van a casa porque ya no queda nadie, y tras haber vomitado el estómago se asoman al espejo pensando: Otro día más que no follo. E inocentes se van a acostar segurísimos de que el próximo fin de semana su suerte cambiará.

- Los “almas amorosas llenas de ternura”: (¿Ustedes se han fijado en mí?)

- La estrecha: Un milagro de la vanidad. Suele encontrarse fácilmente en el meollo del calvario festivo. Otras connotaciones de este espécimen tan esparcido, es que baila apasionadamente y con los ojos cerrados en los momentos en que no mira la hora, segura de que el mundo la observa (véase “mundo” quizá en la proyección de algún amor adolescente). Lo que es difícil de comprobar es si hacen el resto de las cosas así como bailan (al menos para un “alma amorosa” común).

- Los genios de las finanzas: Flotan en su abstracción coherente del mundo como único e indivisible. Ponen copas a toda leche abstraídos por asuntos como La bolsa. Analizan objetivamente los productos que más se venden para reflexionar sobre ventajas e inconvenientes a la hora de invertir en el carrefour. Ponen mala cara cuando oyen la palabra “garrafón”. En algunos casos, lamentablemente, terminan hablando solos en la oscuridad de una bodega.

- La gente buena: Dícese de la que cada vez queda menos. Esta rareza de elemento natural es difícil de observar durante el período festivo, puesto que suele estar ocupada haciéndole el amor a alguien en alguna oficina siniestra. O leyendo el Squire junto a una chimenea. Confiemos en que algún día sea ésta la especie que se encargue de gobernar el mundo.

- El crítico: Aspira a brillar únicamente como ilusionista de su propia desilusión. Víctima de su ceguera asumida como creencia; discute, cual Míchel los Madrid-Barca, las mejores jugadas de lo que ocurre a su alrededor (lo que la gran mayoría no sale del “mira ésa qué... melagarraba y...” y poco más; desde aquí les doy ánimos, el camino es duro pero es posible y se llega con constancia a ser variante en el desvarío). Por supuesto los hay de muchos colores. Haberlos también los hay locuaces, siempre imparciales, insoportables sobrios la mayoría... como mejor quedan es recostados en un remolque, ya con los asumidos “puntos muertos” de la santa garrafa. Adv: En algunos casos son peligrosos en su medianía alegre (variante común de duración irregular; pongamos poco antes de la quinta copa), cuando les da por convertirse en sucedáneos del malogrado Iñaki Cano para comentar las jugadas con los protagonistas, con el afán obvio de restarles protagonismo. Inician con su inserción a la sociedad su particular camino a la búsqueda de ese “patoso” que todos guardamos en nuestros intersticios.

- El patoso: Se lo estaba pasando bien hasta que se dio cuenta de que se dejó su alma por entre los sillones de alguna peña. Durante la búsqueda preside el lirismo primario (por lo que tiene de primate) de sus facultades mentales (caso que existan), alimentando su espiritualidad sin alma (equivalente mental: ego sin egocéntrico) con degradaciones en algunos casos involuntarias hacia el Otro y hacia un sí mismo que, según lo ya expuesto, no existe, o sí pero bajo mínimos en los que no conviene reparar, pongamos por caso la misma conciencia.

- Los putones verbeneros: Estas -o estos-, por lo menos, van a la fiesta a lo que van -a lo que vamos-.



Fdo: Ciudadano convulsivo 1

No hay comentarios: