lunes

El jipi payo -Autor: Lolo Sabucas "El jipi payo"-


Todos los días iba con un libro de vaqueros; los que mi tío había dejado en casa. Iban de un hombre ante su destino, de un amor, de la cárcel y de tiros. En definitiva, iban de viajar en metro.

Cuando no llevaba el libro dejaba de ser Pat Garrett y me convertía en El jipi payo.
El Jipi Payo esperaba en la estación de Aluche a que viniera el de la línea cinco ¿Había línea más fea? Pues eso, como El Jipi Payo. Mientras esperaba buscaba a las tías buenas por el arcén y me elegía a una para ir en su vagón y mirarla hasta que pasara algo, me pegase o huyese del violador que era el Jipi Payo, seguramente agarrada a los calcetines de un ejecutor, mucho más violador y peligroso que el Jipi Payo.
Nunca pasó nada hasta ese día:

- ¿Tengo monos en la cara?
- Sí
- ¿Y son tan grandes como el zoo de Barcelona?
- No. Son pequeñitos ¿Te los quito?
- Tú a mí no me tocas, que te persigo desde el carromato.
(divagaba los pararrayos y, mientras, me enfundaba la penúltima del Marcial Lafuente Estefanía).

Entonces la toqué. Creí que era un piano. Y toqué la Paraelisa. Cuando terminé pasé la boina: Triste es pedir, pero más triste es no tener unas galletitas con la leche en un sitio que haga calol!! Fui, a partir de entonces, tocapelotas. Aparqué a el Jipi Payo, es más, lo maté. Todavía sangra de amor en la celda acusado no de violación, sino de algo mucho peor, intento frustrado. Una buena definición del hombre que fue Lolo Sabucas.
Le tengo que enviar el dinero que saco de pasar la boina para que pueda sobornar a los guardias con el afán de encontrar una celda en la que no le violen a él. Una, cierto, tarea improbable.


Y sí, también es verdad, su calzado era deportivo de hacía tres años y muy gastado. Porque por las noches, en el parque Arias Navarro, El Jipi Payo era el pibe Sabucas. Pero para esas horas, ya no había estación donde bajarse en la que no estuviese algún tocapelotas tocando la Paraelisa en alguien.


Todos ellos han ganado. La música no. El metro, bueno, ahora ha cambiado mucho. Es lo que tienen en común la boca de Santo Domingo y el alimento de todos los demás días.

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